"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca", Jorge Luis Borges


13 de febrero de 2011

Aventuras peligrosas, de Juan Carlos Recio




Del libro inédito: PALABRAS DE UN CONDENADO.



AVENTURAS PELIGROSAS

                                                               


Diez corceles híbridos vigilan las noches
y nuestro hallazgo en esta ruina.
Los monteros aseguran sus reses
aunque crucen desnudos sobre el lomo
de sus mujeres también desnudas
como bestias.
No somos el lomo ni siquiera las patas
de otro vendaval u otra aventura peligrosa.
El peligro no es porque nos puedan matar,
sino dejarnos por muertos
como esas mujeres de los mataderos clandestinos.
Cruzo por tus venas y te doy las mías
y del río o la isla nace un tesoro;
hay secretos que ni diez mandamientos descifran.
Uno ama tanto que lo sucio desvanece,
los sicarios no lo creen porque son fantasmas de corceles.
La existencia en el miedo puede parecernos lejana,
la existencia sin miedo es la conclusión de un sentimiento
y confundirnos en la frivolidad de éstas vidas miserables
tiene ese olor, de saberlo,
alguien nos quiere más que a un extraño;
¿cómo sería, si no, nuestro corazón cerca de un abismo?
Diez corceles o todas las privaciones
una ciudad en el campo     unos gritos del condenado,
cualquier compasión o misericordia;
nada es un águila en mano
para lustrar las patas de los caballos
y enseñarles a los hijos como vuelan cien águilas
donde un solo cadáver yace entre la hierba
y por ello nos pueden obligar al cruce de este cielo
a que vivamos mejor debajo del ciprés que de un ateje;
nos pueden hacer las maletas de la consigna,
uno o dos discursos pregonando:
nada se podrá contra el que vive
entre las patas de los caballos
y el aliento del montero.
Déjalos, Sonia, en ser otro se nos va todo
aunque no sea en Borges el verso
y aunque en la adolescencia nos marcaron el punto
del temor a guardarnos la página oscura
por temor también a envejecer hasta el silencio.
El tono gris es esta duda, eterna en el lamento
o la inseguridad de creernos cómplices
y hasta seguros,
demasiados años bajo el yugo de la estrella
que ilumina y mata.
Nada nos asegura el límite de esta partida,
aunque las ilusiones pasen a ser
esas aventuras peligrosas de la desmemoria.
Uno nunca elige sino que es elegido
y como el espantapájaros ante el cielo,
termina por asustarse de no asustar a nadie.
Con frecuencia cambiamos de sitio
y eso, es cambiar las costumbres.
La realidad no existe porque es un engaño,
y si los sueños, sueños son
no se cambia así de agua bendecida,
más bien, uno se queda en el flash
de aquellas aventuras peligrosas.















1 comentario:

  1. Qué bueno el post, Recio. Es un poema de un gran contenido que toca varios temas. Gracias.

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"Criticar no es morder; es señalar con noble intento el lunar que desvanece la obra de la vida", José Martí.