"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca", Jorge Luis Borges


20 de febrero de 2011

¿Hay literatura cubana después de la revolución?



Por Orlando Luis Pardo Lazo

¿HAY LITERATURA CUBANA después de la Revolución? La respuesta es superflua. Tan trivial que no es necesario poner por escrito el monosílabo que la contesta. Tan equívoca que ya da igual.
¿Hay Literatura después de la Revolución Cubana? A estas alturas del siglo XX (un siglo que nunca terminó del todo en la Isla), hay preguntas que un cubano no perdería su tiempo en preguntar. Se trata de un cuestionamiento académico relacionado no tanto con Literatura o Revolución, sino con cierta Arqueología Cultural hecha desde el Primer Mundo.

Traspasar las lindes cual ícaro, de Francisco Muñoz Soler





Traspasar las lindes cual Ícaro
o merodear en los contornos de la distancia
para mantener menguado el destello,
fluir etéreo en atmósfera órfica.

Esos espacios que nos sitúan rezagados
tumoran las estructuras de los aparejos
que creíamos a la vez rocosos y flexibles,
ser sensato en inercia ingrávida.

Desafiar la anunciada derrota del mito
elevando cerumen a abrasiva altitud
observando que no hay peor caída
que los nostálgicos huecos de las ánimas.

Al pie de la horda


Por Orlando Luis Pardo Lazo

YO CREÍA en el
saber de las letras.
Yo creía en el poder
de la libertad. Así que,
cuando un colega me llamó
desde México, para invitarme a
colaborar con una revista llamada
Letras Libres, por partida doble no
pude sino aceptar.

Andrea, de Juan Carlos Recio


    (Nada, de Carmen Laforet)


Huyendo del escondite donde te encontré
con tus ropas de mendiga y tu pubertad de cementerio;
muerta bajo el barro que pisas,
pudriéndose mis manos de negociante vago
en goce ridículo,
no sabes lo solo que estoy bajo esta tierra
ya sin música,
Andrea, por la virgen que estoy solo,
miserable y obstinado, tratando de entenderme;
no poseo nada, Andrea,
ni tu vestido con olor a tinte
ni tus largos paseos por las callejuelas del pueblo;
nada, Andrea;
solo esta quietud que me deja loco
y estos gusanos rondándome en la miseria.
Nada, no poseo nada, Andrea,
y cuánto daría yo por volver a escuchar tu música
ahora que no soy más que un pantano de libélulas

Las noches, de Carlos Pintado



LAS NOCHES

Noches de amantes breves como cirios ardiendo,
y cetros y fortunas y reyes y palacios.
Noches de espejos hondos, aguas de un río mágico.
Noches de altas torres perdiéndose en la noche,
y sonoras tinieblas retumbando en lo oscuro.
Noches de laberintos como hojas cayendo
sobre el pozo abismal donde mi sed enjoya
en música sus cantos, sus noches tan eternas.
Noches de verjas altas y jardines y estatuas.
Noches en donde todo parece que se escapa
a domeñar la forma terrible de mi sombra.
Noches en que me pierdo sin saberlo en la noche,
bajo gotas finísimas como cristal soñado,
por senderos de nieblas, por bosques de unicornios.
Noches en que las cosas que amamos se despiden
agitando en el aire una espantosa mano.
Noches para soñarnos la mano que retira
la nieve de la espada, la espada de la piedra,
y el mágico rocío sobre el agua del lago,
agua lustral fluyendo, agua de plata y luna.
Noches de hondos espejos en sombras desvelados,
y rostros que se asoman hacia un fondo de sombras.
Noches que son el sueño del cuerno y del marfil.
Noches de puertas altas, de interiores sagrados,
y paisajes mostrando el nácar de algún rostro.
Noches para olvidar quién por mi sombra avanza,
bajo qué estrellas quedo sosteniendo mi cuerpo
insomne y solitario, como una luz temblando.
Noches de islas lejanas, de bajeles sombríos
y puertos ideales para agitar pañuelos.
Noches para sentarnos a hablar junto a la noche.
Noches de torvos pájaros y tigres en penumbras,
y dedos sobre el vidrio, y cítaras tocando.
Noches en que no somos sino la noche misma,
reconociendo el paso ruinoso de sus muertos

13 de febrero de 2011

El escalofrío y la carcajada, de Ena Lucía Portela



Por Ena Lucía Portela

SI DE NARRADORES se trata, siento especial predilección por los que cuentan historias duras, crueles, sórdidas e incluso truculentas, pero en tono de guasa, de tragicomedia punzante o humorada negra, sin perder nunca de vista el lado ridículo de las cosas.
Autores así los encontramos en todas las lenguas y literaturas, de Petronio a Bulgákov, de Quevedo a Gadda, de Heinrich Mann a Bret Easton Ellis. Burlescos y macabros, tienden a suscitar lo mismo el escalofrío que la carcajada —o la mueca de asco en los lectores de estómago delicado—, jamás la indiferencia. Y a esa cuadrilla sin duda pertenece Reinaldo Arenas, un ejemplo excepcional de vitalidad, imaginación y rebeldía en el panorama literario cubano posterior a 1959.

El palacio nos mira, de Juan Carlos Recio







Las columnas se mueven fuera del sueño
y las atrapa el inocente
que en la fronda observa a ratos su vida.
Hay veredas para que flotemos
como si las cúpulas supieran elevarnos,
y animales para gozar hasta ver el fuego.
Mira Sancho,
el aparente abandono y la inmutable riqueza;
hemos sido el polvo, ahora de huesos,
esas columnas donde hay ojos que nos apresan,
el palacio, los trajes, la reina:
sus dos pies descalzos.
En las mañanas me enseñaron a lavarme
los malos presentimientos,
en el agua de rocío cayendo a través de los puentes;
en las tardes olía el aroma de la hierba…
nada se puede secar si uno es feliz,
aunque parezca sembrado a pocos kilómetros de la belleza.
El foso es oscuro
y la corona del Rey como un faro
varias veces al año, alumbra su destino;
el foso viene siendo la mala costumbre
de mirar en la muerte sin que jamás sepamos,
el sentido de nacer para la verdadera inocencia.
Todo es tan liviano en las delicias del palacio;
la solemnidad y cercanía de los espíritus…
Dinastía de razas,
almas para que nos sentemos en su fronda.
Sancho, abro aquí mi duelo contra toda obra que intente
no dejarme soltar las palabras de los hijos,
los frutos,
y la raíz de estos ventanales que miran al vacío.
La paz del corazón es solo la paz de un hombre.
El rey ordena, 
y la corte asume no olvidar ni siquiera
los candelabros que cuelgan como muslos
en el andén donde a ratos yo miro,
como duermen,
mi hija y mi esposa en la casa de cristal
que siempre quise para verlas.
En los palacios hay ojos más importantes que el Rey, 
déjalos que vengan a mirarnos
y siente como flotas para quedarte atrapado;
una columna donde puedas decir:
yo era el palacio y el Rey en esta vida,
la corona la dejé a mi hija,
así, ella podrá cruzar los fosos del misterio.


Aventuras peligrosas, de Juan Carlos Recio




Del libro inédito: PALABRAS DE UN CONDENADO.



AVENTURAS PELIGROSAS

                                                               


Diez corceles híbridos vigilan las noches
y nuestro hallazgo en esta ruina.
Los monteros aseguran sus reses
aunque crucen desnudos sobre el lomo
de sus mujeres también desnudas
como bestias.
No somos el lomo ni siquiera las patas
de otro vendaval u otra aventura peligrosa.
El peligro no es porque nos puedan matar,
sino dejarnos por muertos
como esas mujeres de los mataderos clandestinos.
Cruzo por tus venas y te doy las mías
y del río o la isla nace un tesoro;
hay secretos que ni diez mandamientos descifran.
Uno ama tanto que lo sucio desvanece,
los sicarios no lo creen porque son fantasmas de corceles.
La existencia en el miedo puede parecernos lejana,
la existencia sin miedo es la conclusión de un sentimiento
y confundirnos en la frivolidad de éstas vidas miserables
tiene ese olor, de saberlo,
alguien nos quiere más que a un extraño;
¿cómo sería, si no, nuestro corazón cerca de un abismo?
Diez corceles o todas las privaciones
una ciudad en el campo     unos gritos del condenado,
cualquier compasión o misericordia;
nada es un águila en mano
para lustrar las patas de los caballos
y enseñarles a los hijos como vuelan cien águilas
donde un solo cadáver yace entre la hierba
y por ello nos pueden obligar al cruce de este cielo
a que vivamos mejor debajo del ciprés que de un ateje;
nos pueden hacer las maletas de la consigna,
uno o dos discursos pregonando:
nada se podrá contra el que vive
entre las patas de los caballos
y el aliento del montero.
Déjalos, Sonia, en ser otro se nos va todo
aunque no sea en Borges el verso
y aunque en la adolescencia nos marcaron el punto
del temor a guardarnos la página oscura
por temor también a envejecer hasta el silencio.
El tono gris es esta duda, eterna en el lamento
o la inseguridad de creernos cómplices
y hasta seguros,
demasiados años bajo el yugo de la estrella
que ilumina y mata.
Nada nos asegura el límite de esta partida,
aunque las ilusiones pasen a ser
esas aventuras peligrosas de la desmemoria.
Uno nunca elige sino que es elegido
y como el espantapájaros ante el cielo,
termina por asustarse de no asustar a nadie.
Con frecuencia cambiamos de sitio
y eso, es cambiar las costumbres.
La realidad no existe porque es un engaño,
y si los sueños, sueños son
no se cambia así de agua bendecida,
más bien, uno se queda en el flash
de aquellas aventuras peligrosas.















9 de febrero de 2011

Lamentaciones de un pelo de culo de mujer (poema)



Este poema sarcástico fue atribuido al escritor francés Julio Verne 
I


Es duro cuando sobre la Tierra

En felicidad se ha vivido

Morir triste y solitario

Sobre las ruinas de un viejo culo.

Hace un tiempo en un bosque virgen
Fui plantado sobre la ladera

Que un puro hilillo de orina salpica

Y algunas veces un hilillo de sangre.
II


Entonces, en este soto salvaje,

Los pelos brotaban por los surcos

Y bajo su virginal sombra

Pasaban algunas felices ladillas.
¡Destino fatal! un dedo núbil

Una tarde por allá extravió su rumbo,

Y con su móvil falange comenzó a

Frotar, raspar y laborar…
III


Después del dedo, el pene le sucede,
Y, en sus apetitos ardientes,

Convocando a la lengua en su ayuda,

nos desgarra con sus ávidos dientes.

Vi irse nuestros despojos

Sobre el flujo de las pasiones,

Que toma su fuente en los testículos
Y va a perderse en la vulva.
IV


¡Ay! la espina está debajo de la rosa,

Y así debajo del placer,

Pronto al borde del osteoma

Los chancros vinieron a desarrollarse.
Y los inhumanos condilomas

Se dibujan por todos los caminos:

En el departamento de la ingle

brincan los jóvenes potros.
V
Pero si el pasado fue propicio,
¿Por qué soñar con el futuro?
¿Y que importa la blenorragia
Cuando queda el recuerdo?

¿No he visto todos los prepucios

Tener en nuestro terreno libre acceso?
¡Aun cuando fuesen rusos,

Sobre todo cuando eran franceses!
VI


Cubrí con mi amistosa sombra
La jineta del escolar,

El miembro de la Academia,

Y el arma del carabinero;

Vi al fosfórico anciano
En un esfuerzo muy breve,

Cargar con su descarnado dardo,
Sin llegar a descargar…
VII


Vi… pero el terrón desierto

Sin más flujos ni reflujos,

Y la matriz muy abierta,

Espera vanamente el pene erecto.

Perdí, hace un año,

A mis compañeros, ya muy viejos,

Y mis bellos pelos del perineo

Han desaparecido en diferentes lugares.
VIII


En los labios de las jóvenes doncellas,

Crezcan en paz, pelos ingénuos,
Adiós, mis primos de las axilas,
Adiós, mis hermanos del ano,

Esperaba, en la última hora,

Ahogarme en el agua de los bidés,
Pero habito en un culo

Que ¡ay! no se ha lavado jamás.
IX


Había hablado ya durante mucho tiempo,
Cuando un viento vivo y precipitado,

Ruidoso, pero no inodoro,
Lo lanzó a la eternidad.

Así, todo regresa a la tumba,
Todo lo que vivió, todo lo que fue,

Así todo cambia, así todo cae,
Ilusiones… y pelos de culo.

6 de febrero de 2011

Néctar de vida, de Francisco Muñoz Soler



NÉCTAR  DE  VIDA



En columnas de debito
se instalan días de acusada
esencia, plena de aromas
de presencias de finito

ya a espaldas quedó el ángulo
que orienta los paladares
hacia la concentrada sangre
escanciada en descontado fondo

álgida experiencia de nosotros
lúcidos catadores sin alternativas,
impregnemos de madurez asombrosa

en asumida mirada experta
invoquémonos en plenitud gozadora
degustando hermosos los sorbos.
    


En Santiago de Chile  22 de Septiembre de dos mil diez