"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca", Jorge Luis Borges


10 de febrero de 2018

La vigente universalidad de Doña Perfecta

"Retrato de Benito Pérez Galdós", carboncillo sobre papel del artista Ramón Casas, Museo Nacional de Arte de Cataluña (1903)



Por Leonardo Venta 

              En 1876, a los 33 años de edad, Benito Pérez Galdós escribe Doña Perfecta. La retrógrada aldea de Orbajosa, de sólo 7 mil habitantes, "pueblo enano y por eso soberbio", es donde se desarrolla la trama de esta novela en que la protagonista, una viuda hondamente religiosa, acuerda con su hermano, residente en Madrid, casar a su hija Rosario con su sobrino Pepe, al que invita a su casa.
            "¡Cómo abundan los nombres poéticos en estos sitios feos!", apunta Pepe Rey para referirse a Valleameno, Villarica, Valdeflores, parajes de  Orbajosa, lugar donde nunca ocurre nada y la devastación, la pobreza y el desamparo pululan.
            Doña Perfecta, pilar ideológico de la obra, representa a una España oscurantista; en tanto, el ingeniero Pepe Rey es prototipo del progreso, el espíritu ilustrado y tolerante. De esta manera, la pieza narrativa denuncia la maldad que subyace en la intransigencia religiosa, así como aborda la pugna entre progreso y tradición.
            No hay una significativa complejidad en los personajes. Estamos ante una novela de tesis, en que la intención del autor excede la acción de la obra; por ende, la minuciosidad psicológica pudiera antojársenos exigua, aunque discrepo sobre dicha insuficiencia. Los caracteres son mayormente rígidos, con excepción de Pepe Rey, María Remedios, sobrina del canónigo, y Rosario, la hija de doña Perfecta. Por su parte, el personaje epónimo no supera su propia neurosis, intolerancia religiosa, autoritarismo moral e hipocresía.
            Pérez Galdós se apoya en el Positivismo comtiano, que advierte en la actividad científica práctica la única vía para establecer y consolidar el poder del hombre sobre la naturaleza, estableciendo un contraste entre la España progresista y la conservadora, la urbana y la rural. Tanto en Doña Perfecta como en Marianela, nuestro maestro de la novelística manifiesta su identificación con el Positivismo a través de los personajes de Pepe Rey, ingeniero, y Teodoro Golfín, galeno.
            De estilo fluido, opuesto a los afeites románticos, esta gema realista emplea la ironía, no sólo mediante hermosos calificativos para designar desapacibles lugares, como el "Cerrillo de los Lirios" –donde sólo hay piedras y hierba descolorida–, el aspecto antitético de los nombres que distinguen a doña Perfecta, don Inocencio y Licurgo, los cuales lejos de indicar perfección, inocencia e inteligencia sugieren imperfección, malicia y torpeza, así como también mediante un duelo de fuerzas discordantes y misteriosas en el devenir de los protagonistas.
            Los contrastes entre la oscuridad y la luz, el amor y la muerte, el bien y el mal, develan al lector sagaz el odio que puede esconderse tras una máscara de perfección y piedad. Aunque la obra es anticlerical no es antirreligiosa, ya que no cuestiona los dogmas de la Iglesia sino su omnímodo perjuicio en los sectores políticos y sociales de la sociedad española de esa época. “El clero tiene todavía grandísimo poder”, afirmó el escritor canario en 1885.
            Doña Perfecta en lugar de amar odia, la imagen pública que proyecta desaviene con su verdadera forma de ser; su hija Rosario, una dulce y débil criatura, pasa de un extremo a otro: de la luminosidad a las tinieblas. La apacible relación con su autoritaria progenitora se entenebrece paulatinamente. El obstáculo –la madre– para acercarse a la persona amada –Pepe Rey– se yergue en objeto de su odio. Incluso, los cándidos orbajosenses ocultan una naturaleza codiciosa, violenta y aborrecedora. El enjuto don Cayetano, erudito y bibliófilo de la región, se refiere a sus coterráneos de la siguiente manera: "En todas las épocas de nuestra historia, los orbajosenses se han distinguido por su hidalguía, por su nobleza, por su valor, por su entendimiento (...) Pues sí, teólogos eminentes, bravos guerreros, conquistadores, santos, obispos, poetas, políticos, toda suerte de hombres esclarecidos florecieron en esta humilde tierra del ajo". Si bien, sobre la experiencia de Pepe Rey, en el Casino, con los "varones insignes", el hablante narrativo expresa: "Lo que principalmente distinguía a los orbajosenses del Casino era un sentimiento de viva hostilidad hacia todo lo que de fuera viniese. Y siempre que algún forastero de viso se presentaba en las augustas salas, creíanle venido a poner en duda la superioridad de la patria del ajo". La disposición del poder en Orbajosa teme que el capitalino sobrino de doña Perfecta pueda desplazar a sus líderes locales, si éste llegara a posesionarse de un lugar promisorio entre ellos.
            La ancestral operación de propinar golpes bajos con una fingida sonrisa, un gesto de aprobación, un estrechón de manos, una cálida frase –tan presente en Doña Perfecta– sigue ejercitándose en nuestros días, como si fuera parte de un estímulo incondicionado de nuestras más intestinas propiedades trascendentales.
          Hay quienes proyectan hostilidad hacia aquellos o aquellas –para no contrariar a las feministas– que no comparten sus arbitrios. Un observador genial, como es  Benito Pérez Galdós, realista en su esencia, refleja la pugna social entre valores e intereses discordantes y sus consecuencias; he ahí –apoyado por todo un complejo simbolismo– donde radica la vigente universalidad de esta obra. 

30 de enero de 2018

En el cuadragésimo primer aniversario de la muerte de Anaïs Nin

Anaïs Nin escribió narraciones eróticas para la publicación estadounidense Delta of Venus

Por Leonardo Venta

“Me niego a vivir en el mundo ordinario como una mujer ordinaria. A establecer relaciones ordinarias. Necesito el éxtasis. Soy una neurótica, en el sentido de que vivo en mi mundo. No me adaptaré a el mundo. Me adapto a mí misma” .
Anaïs Nin


            Si bien nació un 21 de febrero de 1903 en Neuilly-sur-Seine, ciudad que limita con el París que se abluciona en el Sena, y falleció de cáncer en Los Ángeles, cobijo de las celebridades, el 14 de enero de 1977, Anaïs Nin es tan cubana como francesa y universal.
            Vivió los primeros años de su infancia en la isla con forma de caimán. Sus padres fueron la cantante cubana Rosa Culmell, de origen francés y danés, y el compositor y pianista cubano Joaquín Nin y Castellano, de ascendencia catalana, aunque éste las abandonó cuando Anaïs iniciaba su pubertad.
            El bisabuelo paterno de Anaïs, Joaquín Nin y Güell, integraba la familia que ejerció el mecenazgo sobre el artista y arquitecto Antoni Gaudí. Su abuelo materno, Thorvald Cullmell, era danés, asentado en Cuba, casado con la francesa Anaïs Vaurigard, con quien tuvo ocho hijas. Rosa Cullmell era la mayor. Ella tenía 30 años cuando se casó, en 1902, con Joaquín Nin.
            Pionera de la liberación de la mujer, es la primera fémina de renombre en el mundo occidental que escribe relatos eróticos. Publica en Estados Unidos las compilaciones de narraciones de este género en Delta de Venus y Pajaritos, en los años setenta, aunque las escribió mucho antes, en la década de 1940, para un coleccionista anónimo por muy poco dinero, movida aparentemente por mera necesidad de peculio. “[…] como tengo un carácter muy parecido al de George Sand, que escribía toda la noche para poder cuidar a sus hijos, tuve que encontrar un trabajo. Me transformé entonces en lo que podría llamar la "Madama" de una poco común casa de prostitución literaria”, confesaba con desenfado.
            Así citamos, con más ánimo de mostrar el refinamiento de su lúbrico estilo que el de ruborizar al lector, un fragmento de uno de los relatos que aparecen en Delta de Venus: "Se acordó de Martínez, de su manera de abrirle el sexo como si fuera un capullo, de cómo los aleteos de su rápida lengua cubrían la distancia que mediaba entre el vello púbico y las nalgas, terminando en el hoyuelo al final de la espalda”.
            Es célebre, asimismo, por haber mantenido relaciones incestuosas con su padre, tras reencontrarse con él en París, después de 20 años de separación; se rumora que ese ejercicio transgresor respondió al consejo del doctor Otto Rank, su psiquiatra y amante, para seducir a su padre y luego rechazarlo como castigo por haberla abandonado siendo niña. Al mismo tiempo, ha sido tarea de sus biógrafos investigar el triángulo amoroso que estableció con el también escritor Henry Miller (cuyo Trópico de Cáncer prologó en 1934) y su esposa June Mansfield, antigua quastuosa: “menage a trois” del que se desabotona su iniciación en el voyeurismo y el lesbianismo.
             Sin subestimar sus novelas, Bajo la campana de cristalHijos del albatrosUna espía en la casa del amor, entre otras, lo que la hizo famosa, aparte de su deslumbrante audacia y sensual belleza, es su Diario, volúmenes del 1 al 7, cuyos manuscritos originales comenzó a escribir a los 11 años y alcanzan la cifra de 35 mil páginas. En la Universidad de California (UCLA) se encuentran los originales de su Diario, confidente catártico y compañero fiel de toda su existencia. Lo escribió ininterrumpidamente entre 1914 y 1977.  "En el diario soy natural; en la novela, artificial", confesaba Anaïs.
            El 20 de mayo de 1915, anotaba en su recién estrenado consuetudinario relato íntimo: "Soy Ángeles Anaïs Juana Antolina Rosa Edelmira Nin y Cullmell. Tengo 12 años y estoy bastante alta para mi edad; todo el mundo lo dice. Soy delgada, tengo los pies grandes y las manos también, con los dedos largos, que suelo crispar por nerviosismo. Tengo la cara muy pálida, unos grandes ojos castaños, perdidos, y temo que revelen mis insensatos pensamientos".
            Quien desee descubrirla a través del celuloide, puede catarla a través del filme "Henry y June", de Philip Kaufman (1990). Además, La casa del incesto, una morada en prosa poética con mil habitaciones bajo un colorido mar sahumado de placer venéreo, fue adaptada al teatro por Georgina Tábora. En 2001, la habanera Daína Chaviano le brinda nuevo aliento en su excelente novela Gata encerrada. En 2009, Wendy Guerra, otra natural de la capital cubana, se embebe del pasado antillano de la escritora para revisar algunos capítulos de su vida en su libro Anaís Nin: Posar desnuda en la Habana.
             Al final de tantos desesperados intentos por desperezarla, Anaïs, ceñida de La Habana –nodriza-madre, “tierra de la belleza”, “castillo encantando”–, ya se ha imbuido entre nosotros, clandestinamente erótica, conjetura de Venus, hálito de libertad entre la belleza, el arte y el ansia de conocimiento de sí misma.

29 de enero de 2018

Entrevista a Pedro Merino por Ana Granger


ENTREVISTA A PEDRO MERINO para El aventurero de papel:
¿Podrías hablarnos un poco sobre ti (de dónde eres, a qué te dedicas, premios recibidos…)?
Ese es mi nombre real, sin tapujos ni seudónimo ni alter ego. Soy estadounidense de origen cubano, con residencia en Colombia. Sufrí un accidente de trabajo en Tampa, EE.UU. en 2007.
 Poco he podido hacer desde entonces debido a mis limitaciones físicas, a pesar de haber estudiado Nursing Assistant o Asistente de Enfermería, y pasar un curso intensivo de inglés en dos colegios, uno de Tampa, y el otro de Miami.
Solamente he obtenido un premio literario, el Premio de Novela Breve Juan March 2003 en España con Quinta de la Caridad (Operación ¨Fula¨) cuando vivía en Cuba. Y ese fue mi primer libro publicado. Empecé al revés.  Los subsiguientes han sido auto publicaciones. Aunque en Colombia, Pijao Editores, de Pablo Pardo, tiene en proyecto la segunda edición de mi novela Quinta de la Caridad y mis Cuentos para niños. Hay otras editoriales colombianas interesadas en parte de mi obra. Aún sigo escuchándolas.
Por favor, háblanos brevemente de cada una de las obras que llevas publicadas por el momento.
OBRAS DE FICCIÓN
Operación ¨Fula¨, Premio de Novela Breve Juan March 2003, España, en ediciones Bitzoc 2004.
Voces de la sombra (compilación de una serie de 4 novelas policiacas: Quinta de la Caridad, El cuño, El caso Jimaguas, El país de la ciguaraya) en 2011 en Amazon.
Vaivenes del desencuentro (compilación de 3 novelas negras: Amistad es una calle de La Habana, Los guapos no toman sopa, y Las ilusiones separadas) en 2011 en Amazon.
Giros del deseo (compilación de 3 volúmenes de cuentos: Pan con tomates verdes, El pescador y la cámara, y La laguna roja: versión en español e inglés) en 2011 en Amazon.
Ancho de colores: poesía, en 2011 en Amazon.
Dientecito de leche: literatura infantil juvenil, en 2012 en Amazon.
Cuentos para niños (contiene 6 partes). En 2016 en Amazon. Versión en español e inglés.
OBRAS DE NO FICCIÓN
Escribiendo un cuento: ensayo. En 2014 en Amazon.
Escribiendo un ensayo: ensayo. En 2014 en Amazon.
Glosario de cubanismos: ensayo. En 2014 en Amazon.
NOTA: tengo 3 novelas inéditas, y busco agente literario para su edición.
¿En qué género se enmarcan y a qué público van dirigidas?
Escribo literatura para niños, jóvenes y adultos. Mi género favorito es el cuento, aunque he incursionado en poesía, novela, ensayo, guion literario, periodismo. 


¿Tienes previsto nuevos proyectos?
Por ahora me interesan más las novelas históricas. Quiero escribir una segunda novela histórica para un lector culto, exigente, basta ya de las malas palabras y las historietas policiacas, el éxito fácil, ya sabes.
¿Qué te hizo escribir estas novelas? ¿De dónde vino la inspiración?
La cruda realidad cubana me fastidió cuando vivía en Cuba. De ahí el realismo sucio, el robo, la corrupción, la prostitución, la emigración ilegal, etc. El medio circundante es muy constructor y destructor para un escritor u obrero de la pluma. No sé qué más me falta o si lo dije todo, pero sí fui sincero, desde mi verdad absoluta o relativa, o mentira para unos pocos.
Libros y/o autores predilectos. ¿Alguno que te haya marcado especialmente?
Las ilusiones perdidas, de Honorato de Balzac, fue mi reto. De la literatura no se vive, pero la literatura sí puede vivir de las creaciones literarias. Y claro está, los grandes escritores, los canonizados por los hipercríticos, esos no lo dijeron todo, así que siempre hay una novela por escribir.
También El viejo y el mar, de Ernest Hemingway, y los cuentos de Guy de Maupassant. El perfume: historia de un asesino, de Patrick Sunkind. Los ensayos de José Ingenieros. La Biblia, por supuesto. Las Rimas y Leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer. Hay muchos libros más que se me escapan de la memoria y autores importantes y menos importantes, pero creo que esos libros sobresalen en mi formación o gusanillo literario.
¿Y de niño?

La edad de oro, de José Martí. Un libro dedicado a los niños, escrito en verso y prosa, una gran obra maestra del único y verdadero escritor cubano (de padres españoles) que escribió de todo y para todos, que cultivó con éxito en todos los géneros literarios, y que jamás debió hacer carrera política, desde mi punto de vista. Por ello se truncó su obra literaria.
Lugar preferido para leer y/o escribir tus libros.
¨No hay mejor palacio que la casa de familia¨, dijo José Martí, así que en mi casa me gusta escribir  y leer mis libros. Pero la biblioteca a veces es la sustituta, claro, también es muy cómoda y práctica.
¿Siempre quisiste ser escritor? ¿Es para ti un hobby o te gustaría que se convirtiera en tu profesión?
Uno sueña sueños: realidades y fantasías. A veces acierta y otras veces, la mayoría, desacierta. La literatura es mi desayuno, mi almuerzo y mi comida cuando sueño, pero cuando me despierto el hambre es peor. Así que ¨entre col y col, lechuga¨, pues la sobrevivencia está en el verdadero trabajo. Por mi accidente no he podido acopiar dinero. El escritor es un vago, una carga pública, alguien mantenido por la sociedad o por alguien, en el mejor sentido de la frase, con todo respeto. Es un ser que tiene tiempo que perder y no se lamenta si sí… o si no. Ahora bien, cuando se escribe en serio el trabajo rudo como la construcción o la agricultura  conspira contra lo literario, es un dinosaurio cuya presa es la literatura. En otra pregunta hay parte de esta respuesta. Creo que fui transparente.

¿Qué rutina o manías tienes a la hora de escribir? ¿Eres muy sistemático o, por el contrario, muy caótico?
Escribo por la mañana porque es la hora más fresca y productiva, sin preocupaciones por las horas que han de venir. Siempre temprano, para mí, es el mejor momento. Y solo una o tres horas, no más. Por la tarde sigo pensando, creando ideas, dándole forma, pero sin regresar a la cuartilla.
Primero escribo en una hoja aparte el contenido y la forma: la historia y el discurso. Si voy a escribir en primera o en tercera persona, si es en pasado o en presente. Detesto escribir en segunda persona, muy difícil y aburrida.
¿Cuánto te lleva  de media escribir un libro?
Sobre la realidad cubana, tres o cuatro meses, una novela policíaca o un tema inmerso en el realismo sucio como mis cuentos, cosas así. Aunque los he releído tiempo después de escribirlos, pero solo he hecho algunas correcciones durante tres o cuatro meses más.
Para las historias infantiles y juveniles, los temas sobre realismo mágico, o una novela histórica, les he dedicado entre 15 y 20 meses, más menos.
¿A la hora de publicar te encontraste con muchos obstáculos? ¿Cómo fue?
Billones y trillones de obstáculos, desde recursos hasta censuras, desconfianzas. En Cuba me fue muy difícil publicar, ¿publicar?, creo que solo publiqué un mini cuento de 25 palabras en la revista Somos Jóvenes que no sé si todavía hay papel para editarla en La Habana. Las demás ¨colaboraciones¨ jamás las vi. Cuando salí del país me enteré que por desertor me habían eliminado de una larga cola de ¨colaboradores¨ en una malograda revista literaria en La Habana. Y en verdad quiero dejar bien claro que nunca he militado en un partido político.

¿Le darías algún consejo a aquellos que sueñan en convertirse en escritores?
Amazon (ebook) y CreateSpace (libro impreso según demanda) son las mejores opciones para un escritor novel: auto publicación. Esas editoriales online son gratis y controlan más del 70 %  del negocio editorial en la red de redes: internet. También los certámenes literarios en ayuntamientos y fundaciones de España. En Latinoamérica hay mucha corrupción, pero las opciones gubernamentales tienden a ayudar más que las privadas cuando se trata de fomentar la creación literaria.
No le pagues a ningún editor desconocido o conocido que siempre elogia tu obra y te promete un artículo en la gran prensa, o una entrevista en la radio o en la televisión.  Si lo haces, verás que te mintió.
Escribe con gente como tú, e intercambia en talleres literarios. Sin embargo, registra tu obra, tu propiedad intelectual.
¿Tienes alguna web o blog desde donde tus potenciales lectores puedan informarse más sobre tus obras? ¿En qué redes sociales podemos encontrarte? (Si quieres pon los enlaces)
Mi blog personal Quinta de la Caridad es mi legado: www.quintadelacaridad.blogspot.com
Las redes sociales no son sinceras aunque haya gente honesta. Si un millón de ¨amigos¨ hace clic en ME GUSTA, no quiere decir que vas a vender un millón de libros, ni tampoco amerita tu calidad literaria. Facebook y las demás redes sociales son negocios que piensan con el cerebro, no con el corazón.

¿Dónde podemos adquirir todas tus obras? (Si quieres pon los enlaces)
En Amazon está mi andadura literaria, allí me podrán encontrar.
Por último, ¿qué le dirías a nuestros lectores para que se animen a leerte?
Que no van a  perder su tiempo si me leen, o al menos voy a conquistarte en algún género, en alguna historia, en la ficción o la no ficción. Arriésgate por mí.
Gracias a Ana Granger, la autora de EL AVENTURERO DE PAPEL, por esta entrevista, ojalá  puedan alcanzarme algunos lectores. Nota: todavía no ha sido publicada la entrevista en ese blog por dicha autora debido a una larga espera de otros autores. 










5 de noviembre de 2017

Paradiso, según el lente de Julio Cortázar

De izq. a der.: Julio Cortázar y José Lezama Lima, La Habana 1967


Leonardo Venta

            Paradiso fue la única novela publicada en vida por José Lezama Lima. El personaje José Cemí –si no es el protagonista, algo que el propio Lezama niega– sostiene la trama hacia su iniciación como poeta, en un viaje en que lo real y lo imaginario atraviesan eruditos corredores narrativos dentro del campo de la imagen.
            El calificativo hermético es quizá el más transitado por los críticos de esta novela, avenido a una complejidad marcada por un recorrido entre las sombras hasta alcanzar la luminosidad. A Lezama le desagradaba que lo tildaran de oscuro. En el texto Ensayos barrocos. Imagen y figuras en América Latina, el etrusco habanero afirma: "No empezar con la tontería de lo que se comprende y lo que no se asimila, con la vieja monserga arrinconada de lo oscuro y lo claro, con el imperativo tema de lo fácil y lo difícil. Pues es más fácil que el campesino saludable comprenda lo oscuro creador, que el bachillerismo internacional, creador de toda esa tópica infernal, comprenda lo que es germinativo en el momento justo".
             La publicación, en 1966, de Paradiso desató polémicas entre sus defensores y detractores. La recepción negativa vino de parte de ciertos elementos de la intelectualidad cubana, con estampada tendencia homofóbica, los cuales la imputaron de pornográfica e incompatible con la moral revolucionaria. De esa forma provocaron su desaparición de las librerías. En una misiva a su hermana Eloísa, Lezama comenta: “La forma en que ha sido combatida mi novela y, por otra parte, los elogios que ha despertado, me hacen pensar que todavía vivo”.
            Entre los partidarios de la novela, en el ámbito internacional, descuellan Julio Cortázar, Octavio Paz y Mario Vargas Llosa; mientras en el temprano espacio cubano, el mismo año de su publicación, cabe mencionar a Salvador Bueno. “Te envío un artículo de Salvador Bueno sobre Paradiso –le comenta a su hermana Eloísa–. Es oportuno porque cierto público mojigato se sintió alarmado por ciertos temas que se tratan en el capítulo VIII. Las cosas que sucedían en las escuelas, el despertar del sexo. Las relaciones amistosas llenas de extrañeza y de misterio”.
            El apoyo de Cortázar a esta obra de Lezama es sumamente valioso, por ser el primero en exponerla favorablemente a la luz internacional, por el prestigio mundial que ya tenía el autor de Rayuela cuando equipara la grandeza literaria del escritor habanero con la de Jorge Luis Borges y Octavio Paz en el ensayo “Para llegar a Lezama Lima”. Cortázar asegura que Paradiso “en sus instantes más altos, es una ceremonia, algo que preexiste a toda lectura con fines y modos literarios”. Asimismo, insiste en la existencia de cierta singularidad inocente en el autor cubano, mientras establece diferencias cardinales entre el estilo lezamesco y el carpenteriano.
            “(…) en el caso especialísimo de Lezama [el barroquismo] se tiñe de un aura para la que sólo encuentro esa palabra aproximadora: ingenuidad. Una ingenuidad americana, insular en sentido directo y lato, una inocencia americana (...) Lezama en su isla amanece con una alegría de preadamita sin corbata de pájaro, y no se siente culpable de ninguna tradición directa. Las asume todas, desde los hígados etruscos, hasta Leopold Bloom”, asevera Cortázar en el antedicho texto.
            Al comparar a Lezama con Carpentier, Cortázar apunta: “Qué admirable cosa es que Cuba nos haya dado al mismo tiempo a dos grandes escritores que defienden lo barroco como cifra y signo vital de Latinoamérica, y que tanta sea su riqueza que Alejo Carpentier y José Lezama Lima puedan ser los dos polos de esa visión y manifestación de lo barroco, Carpentier el impecable novelista de técnica y lucidez europeas, autor de productos literarios a salvo de toda inocencia, hacedor de libros para leer, de productos refinadamente instrumentados para la aprehensión de ese especialista occidental que es el consumidor de novelas; y Lezama Lima, intercesor de oscuras operaciones de ese espíritu que antecede al intelecto, de esas zonas que gozan sin comprender, del tacto que oye, del labio que ve, de la piel que sabe de las flautas a la hora pánica y del terror en las encrucijadas con luna llena”.
            El viajero inmóvil, ante la aparición del oportuno ensayo a favor de su novela, no puede ocultar su jubilosa gratitud al autor en una misiva dirigida a su hermana Eloísa: “(…) ha sido un gran amigo mío y de mi obra. Ha mostrado por ésta una curiosidad, una comprensión verdaderamente excepcionales. El ensayo es, sin duda alguna, notable y revela una gran intuición de lo que yo he hecho. Llega con una gran oportunidad, pues Cortázar es hoy en día, uno de los mejores escritores americanos. Es muy leído por un público inteligente. Figúrate, aquí el Paradiso cayó como un batacazo, pues yo creo que no había la menor adecuación para recibir una obra de esa envergadura, modestia aparte. Y de pronto, el gran ensayo de Cortázar ha sido como un rayo que ha aclarado la visión de algunos y puesto furiosos a los más recalcitrantes envidiosos”.
            Sobre los personajes de la gran novela de Lezama Lima, anota Cortázar: "(...) están vistos en esencia mucho más que en presencia, son arquetipos antes que tipos. La primera consecuencia (que desencadena no pocas reacciones irónicas) es que mientras la novela cuenta la historia de algunas familias cubanas a fines del siglo pasado y principios del actual, con los más prolijos detalles de época, geografía mobiliario, gastronomía e indumentaria, los personajes en sí mismos parecen moverse en un continuo absoluto, ajenos a toda historicidad, entendiéndose entre ellos por encima del lector y de las circunstancias inmediatas del relato, con un lenguaje que es siempre el mismo lenguaje y que toda referencia a la verosimilitud psicológica y cultural vuelve inmediatamente inconcebible”.
            Luego, Cortázar sintetiza admirablemente con una pregunta, que se responde a sí misma, el rol supremo de la imagen en la poética lezamesca, que muy bien justifica el lenguaje afín de los personajes en Paradiso, en plena oposición a los roles tradicionales de la novelística, en que cada cual debe expresarse según su condición, el contexto en que se desenvuelve y el carácter de los interlocutores: "¿Por qué no ha de aceptar que los personajes de Paradiso hablen siempre desde la imagen, puesto que Lezama los proyecta a partir de un sistema poético que ha explicado en múltiples textos y que tiene su clave en la potencia de la imagen como secreción suprema del espíritu humano en busca de la realidad del mundo invisible?".
            Afirmamos, valiéndonos del texto cortasiano, que “leer a Lezama, es una de las tareas más arduas y con frecuencia más irritantes que puedan darse”, al mismo tiempo que agregamos, volviendo a citar al autor de Bestuario, que Paradiso “no es un libro para leer como se leen los libros, es un objeto con anverso y reverso, peso y densidad, olor y gusto, un centro de vibración que no se deja alcanzar en su coto más entrañable si no se va a él con algo que participe del tacto, que busque el ingreso por ósmosis y magia simpática”.

Arquetipos femeninos en Primero Sueño

"Ganimedes con el águila de Zeus" (1817), obra del escultor neoclásico Bertel Thorvaldsen, Museo Thorvaldsen, Copenhague
Por Leonardo Venta

            Son numerosos los ejemplos en la obra de Sor Juana Inés de la Cruz que reflejan su preocupación por el tema de la mujer y su derecho al conocimiento en una sociedad patriarcal. El uso de las figuras mitológicas femeninas en su obra magna Primero Sueño (1692), una soberbia y singular silva de 975 versos, condiciona en parte su necesidad de afirmarse como mujer e intelectual en la entidad político-administrativa del Virreinato de Nueva España.
            El amanecer en los últimos versos del poema –en cuya atmósfera el alma se desprende del cuerpo para realizar un viaje asombroso hacia la cúspide del conocimiento– es anunciado por Venus y Aurora en un combate donde el día se establece y hace huir a las sombras de la noche: “Pero de Venus, antes, el hermoso / apacible lucero / rompió el albor primero, / y del viejo Tithón la bella esposa / –amazona de luces mil vestida, / contra la noche armada / hermosa si atrevida / valiente aunque llorosa–, / su frente mostró hermosa / de matutinas luces coronadas (...)”. 
                                          
" Nascita di Venere (El nacimiento de Venus)", obra de Sandro Botticelli, 1445-1510, Galería Uffizi, Florencia, Italia
            Venus, mujer de Vulcano, dios de la forja de los metales, es originalmente en la mitología romana diosa de los jardines y de los campos, pero después es identificada con Afrodita, la deidad griega del amor y la belleza. Por su parte, Aurora, equivalente a la griega Eos, es la diosa del alba y la bella esposa del veterano Titón, la cual aparece armada como una amazona vestida de mil luces en confrontación contra  la noche.
            Es sugestivo cómo la ya fallecida hispanista estadounidense de origen cubano Georgina Sabat de Rivers, en su análisis feminista del poema, propone que son figuras femeninas, como Venus y Aurora, las que exceden a las masculinas al final del poema, fundamentando su argumento en el hecho de que el hablante lírico al referirse al sol no lo identifica con nombre mitológico alguno, como bien pudiera haberlo llamado Febo o Apolo: “Llegó en efecto el sol cerrando el giro”.  Sin embargo, las figuras femeninas, como hemos observado, sí son aludidas mediante sus nombres y carácter mitológico de deidades.
                               
"Apolo y Aurora", de Gérard de Lairesse (1671)
               En la prosificación del poema que aparece en el Vol. 1 de las Obras Completas editadas por Alfonso Méndez Plancarte y Alberto G. Salceda (1951-56), en lo que hoy sigue siendo la versión más completa y autorizada de la que se dispone, leemos: "Antes, empero, la hermosa y apacible estrella de Venus –el Lucero matutino–  rompió en su primer albor; y la Aurora, la bella esposa de Thitón –tal como una Amazona vestida de mil luces, armada en guerra contra la Noche, y a un mismo tiempo hermosa y atrevida, y valiente aunque llorosa (por su rocío) –, mostró su gallarda frente, coronada de fulgores matutinos; tierno preludio, pero ya animoso, del llamante Planeta (el Sol), que venía reclutando sus tropas de bisoñas, (o nuevas) vislumbres, y reservando a la retaguardia otras luces más veteranas y fuertes, para lanzarse ya al asalto contra la Noche, que –Tirana usurpadora del imperio del Día– ostentaba por corona el negro laurel de miles de sombras, y con nocturno cetro pavoroso regía las tinieblas, que aun a ella propia le infundían terror".

Estatua de Júpiter en la que aparece con algunos de sus atributos:
el cetro, el orbe con la Victoria y el águila a sus pies
            Júpiter, a quien Sor Juana llama el “temido Tonante”, posee innumerables atributos: dios del trueno y del rayo, del tiempo atmosférico y de la luz matinal. Es una deidad eminentemente belicosa. Sin embargo, la imagen perifrástica del águila: “De Júpiter el ave generosa”, es más significativa dentro del poema por su rango alegórico que el dios en sí. 
            El águila sugiere el lado bienhechor y magnánimo del dios guerrero, pero su gran implicación tropológica es la de resaltar ciertas ideas que el yo poético está interesado en sugerir, tales como la naturaleza firme y afanosa del ave, la cual no se rinde al descanso, que considera un vicio: “De Júpiter el ave generosa / –como al fin Reina–,  por no darse entera / al descanso, que vicio considera”.  El águila simboliza, igualmente, la idea de elevación y osadía. El hablante lírico sugiere por mediación de esta ave majestuosa el movimiento ascendente del alma hacia el conocimiento.
            Minerva es otra figura que indica poder en el poema. Es la diosa intelectual por antonomasia, y según Luis Harss en su texto Sor Juana's Dream, esa característica la convierte en la figura preferida por la poetisa. La diosa griega Atenea, de quien Minerva es su equivalente para los romanos, es representada con atributos masculinos. Atenea salió ya adulta de la frente del dios Zeus, revestida de armas guerreras y blandiendo la lanza, mientras la cruel y belicosa Minerva era la patrona de los guerreros, la defensora del hogar y del Estado. 
                                                 
Construida en el 1929 por el escultor italiano Angelo Zanelli, con 14.6 metros desde los pies hasta la punta de la lanza, siendo la tercera estatua mayor del mundo que se encuentra bajo techo, la estatua de la deidad griega Palas, o Atenea, se exhibe debajo de la cúpula del Capitolio de La Habana
            Ya en el Neptuno Alegórico el yo poético le rinde tributo a esta deidad femenina, superponiéndola al dios griego de los mares, quien cae rendido ante su sabiduría. Este tratamiento infiere la idea de que el poder, tradicionalmente simbolizado por Neptuno, pudiera muy bien relacionarse con la sapiencia femenina. En Primero Sueño contrastan, sin siempre oponerse, el sentido de oscuridad (que es el hábitat de las aves nocturnas) con el de la luz, aludido por Minerva, fuente del saber más elevado y puro. Harss, en sus anotaciones sobre el Sueño, señala que la contraposición existente entre Minerva, que habita en la luz, y su sierva Nictimene, que opera en el mundo de las sombras, hace más punzante y rico el contraste entre las figuras poéticas.
             
Estatua romana de la diosa Luna (Selena), reina del cielo de la noche
              Por su parte, Diana, la primera figura mitológica mencionada en el poema, es presentada mediante la perífrasis, “la Diosa / que tres veces hermosa / con tres hermosos rostros ser ostenta”, refiriéndose a sus tres rostros o fases, que a su vez coinciden con los de la luna. Harss puntualiza con respecto a dicha apariencia ternaria: “En la mitología clásica la luna es referida por su triple identidad: Luna (Selena), reina del cielo de la noche;  Diana (Artemis), diosa de la tierra; y Proserpina, la esposa cautiva de Plutón, diosa del mundo subterráneo”. En su fase de Luna se orienta como la dimensión cósmica más alta de la noche, a donde la Sombra, que es significada como un auténtico ser, no puede llegar: “(...) al superior convexo aun no llegaba / del orbe de la diosa”, leemos en nuestro poema.
                                       
"Alfeo y Aretusa" (1568–70), obra del escultor florentino Battista di Domenico Lorenzi
     
                Aunque el personaje de Faetón es considerado tradicionalmente como el más apropiado distintivo del alma en el Sueño, Aretusa, mediante su viaje intrépido en busca de la luz, ofrece una imagen más esperanzadora de las batallas en que se enfrasca el alma para alcanzar sus más ambiciosas metas. A diferencia de Faetón e Ícaro, Aretusa emerge victoriosa de su aventura. Todo ser humano, según la metafísica aristotélica, siente una atracción innata hacia el saber. Aretusa sugiere esta motivación natural mediante su pujante instinto de resistencia. Es, al mismo tiempo, un personaje que significa ayuda: revela a Ceres el paradero de su hija, aun encontrándose en la oscuridad avasalladora del Hades. 
            Al igual que Aretusa, Sor Juana tuvo que lidiar con la lobreguez de una sociedad hostil que rechazaba su condición de mestiza y mujer, así como su inclinación hacia el saber. Pero, incluso Sor Juana, entre las sombras de su claustro jerónimo; y Aretusa, en su agitada empresa subterránea, comparten la capacidad de adquirir e impartir información: conocimiento. Son mensajeras victoriosas del saber adquirido en medio de la oscuridad.

En el 107 aniversario del natalicio de Miguel Hernández

Además de la reconocida poesía hernandiana, esta nueva publicación contiene,
entre otros componentes, su menos conocida dramaturgia 
Por Leonardo Venta


            Difícil es encontrar un escritor que, a pesar de los 75 años transcurridos desde su desaparición física, se mantenga vigente en el gusto de los amantes de la virtud y la sensibilidad en la buena literatura. Una prueba fehaciente de ello es el considerable número de actividades que, en reconocimiento al 107 aniversario del natalicio de Miguel Hernández (30 de octubre de 1910), se celebran en toda la geografía española y en diversos rincones del mundo.  
            Como muestra de estos homenajes, el pasado 31 de octubre, en la sede del Instituto Cervantes en Madrid, se presentó el libro editado por el investigador y catedrático Jesucristo Riquelme, que lleva como título La obra completa de Miguel Hernández, un volumen de 1899 páginas, algunas de ellas ilustradas, con 30 textos inéditos y 3 mil modificaciones a la obra completa anterior, de Espasa Calpe, compilada en 1992 por Carmen Alemany, Agustín Sánchez Vidal y José Carlos Rovira.
            Esta nueva publicación, bajo el sello de la editorial Edaf, incluye un estudio preliminar de la vida y obra del poeta de Orihuela, así como una revisión crítica, con notas y comentarios de los géneros que recoge, desde su poemario hasta dos cuentos infantiles inéditos, biografías de toreros (de sus años como redactor de El Cossío), teatro, prosa y crónicas periodísticas.
            El autor de El rayo que no cesa, para la crítica su obra más lograda, falleció, con tan sólo 31 años de edad, hace más de siete décadas, en una prisión de Alicante, entre hemorragias y dolores ocasionados por una infección de tifus complicada con tuberculosis pulmonar aguda.
            En una época en que sobresalía el filosofismo de la Generación del 27 y la renovación culta de Garcilaso de la Vega y Luis de Góngora, el juglar pastor atavió la lírica castellana con el sencillo y admirable atuendo de un campesino que además de apacentar ovejas sabía articular admirablemente los más íntimos clamores del alma.
            Su obra, abierta, original y conmovedora, está escrita en versos pulcros y musicales. Su gran valor ante el sufrimiento marca una pauta en la expresión más genuina de la postguerra. Su primer libro, Perito en lunas, refleja el trabajo autodidacta del aldeano enamorado de los versos de Góngora. En 1936, cuando se aleja de los moldes expresivos gongorinos para asentarse en una cosmovisión libre de la estética burguesa, sentimos al poeta que ya ha encontrado su tono inconfundible.
            El comienzo de la Guerra Civil española adentra a Miguel Hernández en un piélago de calamidades, en el que se contempla a sí mismo “sentado sobre los muertos, ruiseñor de las desdichas, eco de la mala suerte”.
            Dentro de lo que el poeta llamó “poesía de guerra”, están incluidos sus poemarios Viento del pueblo (1937) y El hombre asecha (1939), libros que ya muestran al escritor comprometido. En 1937, ya involucrado en la Guerra Civil como voluntario en el 5.º Regimiento del movimiento de izquierda antifascista, Hernández logra escapar fugazmente a Orihuela para casarse con la andaluza Josefina Manresa con la que mantenía relaciones desde 1934.
            De esta unión nacieron dos hijos, Manuel Ramón, en marzo de 1937, que muere a los pocos meses de nacer y a quien están dedicados los siguientes versos: “Hijo del alba eres, hijo del mediodía. / Y ha de quedar de ti luces en todo impuestas, / mientras tu madre y yo vamos a la agonía, / dormidos y despiertos con el amor a cuestas”. A su segundo hijo, Manuel Miguel, nacido en enero de 1939, le escribe “Nana de las cebollas”, la tristeza más enternecedora jamás modulada en una canción de cuna.  
            En “Nana de las cebollas” hallamos un retorno a los procedimientos de la poesía popular de tipo tradicional, en forma de seguidilla. La historia detrás de este poema es simplemente emotiva. Con la victoria del bando nacional, Hernández es condenado a muerte, pena que fue reducida posteriormente a 30 años de prisión. Preso, recibe una carta de su esposa en la que le comunica que por muchos días no hay otra cosa que comer que cebolla. El poeta le responde en misiva fechada el 12 de septiembre de 1939: “Estos días me los he pasado cavilando sobre tu situación, cada día más difícil. El olor de la cebolla que comes me llega hasta aquí y mi niño se sentirá indignado de mamar y sacar zumo de cebolla en vez de leche”.
           Con la licencia de mis estimados lectores, reproduzco algunos versos de esta sublime composición: “En la cuna del hambre / mi niño estaba. / Con sangre de cebolla / se amamantaba (…) Una mujer morena / resuelta en lunas / se derrama hilo a hilo / sobre la cuna. / Ríete niño / que te traigo la luna / cuando es preciso. // Tu risa me hace libre, / me pone alas. / Soledades me quita, / cárcel me arranca. / Boca que vuela, / corazón que en tus labios / relampaguea”. Es tu risa la espada / más victoriosa, / vencedor de las flores / y las alondras. / Rival del sol. / Porvenir de mis huesos / y de mi amor (...)”.

20 de septiembre de 2017

El Quijote apócrifo

En 1614, nueve años después de la aparición de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes, vio la luz con pie de imprenta de Tarragona un libro titulado Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, firmado por un tal licenciado Alonso Fernández de Avellaneda. 
          
Por Leonardo Venta

             Alonso Fernández de Avellaneda es el seudónimo empleado por el autor de la continuación apócrifa de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra, publicada 9 años después, 1614, de la aparición del Quijote original (1605), y cuya segunda parte estaba muy avanzada para esa fecha.
            En el prólogo del latrocinio literario, el autor, desconocido hasta nuestros días, se deleita en burlarse de Cervantes. Lo califica de inmodesto e intenta obstaculizar la continuación de la primera novela moderna de la literatura universal.
            Así leemos en el hostil prefacio del tal Avellaneda: “Conténtese [Cervantes] con su Galatea y comedias en prosa, que eso son las más de sus Novelas: no nos canse”. Si bien, el Manco de Lepanto publicó la continuación de su Quijote un año después del apócrifo, en una etapa de penuria para él, realidad que descubrimos en la pródiga en elogios ‘Aprobación’ del libro realizada por el licenciado Márquez Torres: “Halléme obligado a decir que era [Cervantes] viejo, soldado, hidalgo y pobre”.
            Isaías Lerner en su estudio “Quijote, Segunda parte: parodia e invención”, sugiere la necesidad en Cervantes de legitimar la novela a través del auto examen, lo cual comprobamos en los juicios emitidos sobre la misma por el personaje del bachiller Sansón Carrasco en el capítulo III del Segundo libro: “–Eso no –respondió Sansón–, porque es tan clara, que no hay cosa que dificultar en ella: los niños la manosean, los mozos la leen, los hombres la entienden y los viejos la celebran (…) la tal historia es del más gustoso y menos perjudicial entretenimiento que hasta agora se haya visto, porque en toda ella no se descubre ni por semejas una palabra deshonesta ni un pensamiento menos que católico”.
            En el “Prólogo al lector” de la Segunda parte del Quijote, Cervantes afirma: ¡Válame Dios, y con cuánta gana debes de estar esperando ahora, lector ilustre o quier plebeyo, este prólogo, creyendo hallar en él venganzas, riñas y vituperios del autor del segundo Don Quijote digo, de aquel que dicen que se engendró en Tordesillas y nació en Tarragona!”.
            Cervantes trata de ganarse el apoyo del lector a raíz del conflicto ocasionado por el robo literario. “Pues en verdad que no te he dar este contento; que puesto que los agravios despiertan la cólera en los más humildes pechos, en el mío ha de padecer excepción esta regla. Quisieras tú que lo diera del asno [tratara de asno], del mentecato y del atrevido; pero no me pasa por el pensamiento: castíguele su pecado, con su pan se lo coma y allá se lo haya”, leemos en el susodicho prólogo.
            En el capítulo 59 del Segundo libro, Cervantes arremete contra el falso Quijote valiéndose de la censura de los propios personajes de la novela: “– ¿Para qué quiere vuestra merced, señor don Juan, que leamos estos disparates, si el que hubiere leído la primera parte de don Quijote de la Mancha no es posible que pueda tener gusto en leer esta segunda? Al referirse al libro, el Caballero de la Triste Figura afirma "que yerra y se desvía de la verdad en lo más principal de la historia”.
            El tema del odiado Avellaneda vuelve a resurgir en el capítulo 70. Cervantes lo sitúa en el umbral del Infierno –en el preámbulo, quizá por considerar su calidad literaria indigna de ocupar un lugar fijo en el mismo Averno–, alejando al autor de los juicios emitidos, mediante el empleo de un narrador ambiguo: “Dijo un diablo a otro: ‘Mirad qué libro es ése’. Y el diablo le respondió: ‘Ésta es la Segunda parte de la historia de don Quijote de la Mancha, no compuesta por Cide Hamete, su primer autor, sino por un aragonés, que él dice ser natural de Tordesillas’”. Sonreímos, inmediatamente, ante el ingenio cervantino, al leer: “Quitádmele de ahí, –respondió el otro diablo– y metedle en los abismos del infierno, no le vean más mis ojos”.
            Otra alusión aparece en la última cláusula del testamento de Alonso Quijano: “Iten, suplico a los dichos señores mis albaceas que si la buena suerte les trujere a conocer al autor que dicen que compuso una historia que anda por ahí con el título de Segunda parte de las hazañas de don Quijote de la Mancha, de mi parte le pidan, cuan encarecidamente ser pueda, perdone la ocasión que sin yo pensarlo le di de haber escrito tantos y tan grandes disparates como en ella escribe, porque parto desta vida con escrúpulo de haberle dado motivo para escribirlos”.
             En tanto, el último largo párrafo de la novela igualmente acomete contra el usurpador literario, al mismo tiempo que pone en tela de juicio las historias de los libros de caballerías: “(…) a quien advertirás [a Avellaneda], si acaso llegas a conocerle, que deje reposar en la sepultura los cansados ya podridos huesos de don Quijote, y no le quiera llevar, contra todos los fueros de la muerte, a Castilla la Vieja, haciéndole salir de la fuesa, donde real y verdaderamente yace tendido de largo a largo, imposibilitado de hacer tercera jornada y salida nueva: que para hacer burla de tantas como hicieron tantos andantes caballeros, bastan las dos que él hizo tan a gusto y beneplácito de las gentes a cuyas noticias llegaron, así en éstos como en los extraños reinos".

11 de agosto de 2017

Una mirada sobre el dolor

"Dolor" (1882), Vincent van Gogh. Esta obra maestra del dibujo es parte de una serie de trabajos 
en la que el pintor utilizó a la prostituta Sien Hoornik como modelo

Por Leonardo Venta


"...disimular el dolor es prueba de los grandes caracteres".
             José Lezama Lima

            Por lo general, todo diccionario ofrece varias acepciones para un mismo vocablo. La Academia Española le asigna a la palabra dolor la significación de sensación molesta y aflictiva de una parte del cuerpo por causa interior o exterior, o sentimiento de pena y congoja. En este artículo nos referiremos a la segunda acepción.
            Lo que algunos llaman pesimismo, sugiere la existencia asida al dolor, temática que examina el budismo. La meditación de Gautama Buda se inicia precisamente con la contemplación del dolor. Según Buda, el mundo está regido por el sufrimiento y la única solución reside en la anulación del deseo para acceder a un estado trascendente en que impera la nada.
            Para Arthur Schopenhauer –quien consideraba al budismo como la religión más adecuada, porque valora la presencia del sufrimiento en el mundo– toda empresa en la vida es ilusoria, precisamente porque la tragedia de vivir radica en la naturaleza de la voluntad. Las infatigables metas trazadas por el hombre – alcanzadas o no– según el filósofo germano, siempre le dejan insatisfecho y le inducen a emprender otras. Por otra parte, la constante lucha entre los ideales espirituales del ser humano y la voluntad animal que lo impulsa a satisfacer sus instintos le roba la paz.
            Nuestro cuerpo es la voluntad misma en su forma objetiva o como manifestación en el mundo como idea. La paz y las bendiciones que se le asumen a aquellos llamados santos proceden de las victorias en esa lucha constante contra los imperiosos impulsos de la voluntad. ¿Vivir no es oponerse a la naturaleza, a la muerte? Si bien, ¿no es la muerte un elemento natural, ineludible, de nuestra existencia? Dentro de esa constante batalla entre la vida y la muerte, la paz y el conflicto, se origina el dolor.
            Nos afanamos en ser felices, saludables, socialmente aceptados. Y ese mismo afán,  nos ocasiona dolor, nos violenta el descanso y el equilibrio. El vivir es dolor en correspondencia con el hecho de que nuestras aspiraciones sólo logran consumarse parcialmente, y una vez alcanzadas nuestras metas dejan de tener el mismo efecto gratificante, para bifurcarse en nuevos torturadores empeños.
            La naturaleza compleja del dolor –inducido por el concepto de voluntad, acción dirigida hacia un fin específico–, encuentra una especie de paliativo en la renuncia a los deseos que nos revierten, invalidándolos, mediante un estado de ataraxia (imperturbabilidad).
            Según la primera Noble Verdad que predica el budismo, la existencia humana es intrínsecamente dolorosa. Pensar –tratar de entender– es sufrir. Por otra parte, la renuncia a los deseos es una especie de liberación de la angustia encadenada a la voluntad de vivir. La ilusión siempre viene acompañada de la desilusión; el optimismo, del pesimismo. Al disfrutar destellos de la dicha, conocedores de nuestra vulnerabilidad, nos preguntamos: ¿cuánto durará esta plácida experiencia?
            El conocimiento causa dolor, ya que la felicidad proviene de la inconsciencia (el no conocimiento). De lo cual deducimos, desde una perspectiva semiótica, que el conocimiento significa muerte. Mediante la crítica a la ciencia y al optimismo, algunos pensadores cuestionan la armonía y racionalidad del mundo, al negar que éste pueda ser mejorado mediante el conocimiento, ya que el saber puede trae consigo el dolor. Para aquellos que opinan que el sufrir y el pensar marchan juntos, la mejor opción para el ser humano es la abstención y la contemplación indiferente de todo.
            La abstención concuerda con las ideas budistas de la contemplación; mientras la acción nos refiere a Friedrich Nietzsche, quien desplaza un poco el pesimismo con su convocatoria a la acción, aunque, según críticos como Max Nordau, el pensamiento nietzscheano es en buena medida continuación y consecuencia dinámica del razonamiento pesimista de Arthur Schopenhauer; eso sí, matizado por una cristalización evolutiva con matices menos pesimistas.
            Nos afanamos en hallar una explicación, una razón de ser, a nuestra propia existencia dentro del ámbito de una sociedad que se nos presenta a veces hostil y decadente. Nuestros conflictos oscilan entre el mundo externo y el interno, originando un choque entre nuestras percepciones, afanes y creencias, y las ajenas, suscitando escepticismo ante una irrealidad que se nos maquilla como real, ante un destino y rol impreciso –inconstantes– en el universo.
            Aunque nos elevamos por momentos a esferas superiores de realización y gozo, sucumbimos luego en nuestro anhelo de atesorar la paz, esfera casi divina del pensamiento que comprende la vida desde una perspectiva superior, despojada de todo afeite y afán ilusorio.     
            Nos debatimos entre el bien y el mal, la mentira y la verdad, el amor y la animadversión, la virtud y el vicio, el cuidado y la desidia, la paz y la beligerancia, el bienestar y el dolor. Sufrimos la fragilidad de la existencia, conscientes de nuestras limitaciones, y confrontamos la opción de esa antonimia ‘nada liberadora’. La irracionalidad de la existencia viene reflejada por la imposibilidad de aprehender la realidad, incluso la incapacidad de explicarla, en contraposición con una solución absoluta y una validez universal.
            Para Schopenhauer el dolor es insuperable; para Nietzche, puente al gozo. Nos preguntamos, entonces: ¿existe  alguna verdad?, y si existiera, ¿es posible visualizarla, entenderla, explicarla? ¿Existe un destino ya prefijado, ineludible?, y si estuviera ya diseñado por voluntades inasequibles, ¿por qué preocuparnos, si todo está determinado, si no podemos variar el fatal veredicto?
           El porqué el dolor serpentea los límites de la razón, sin poder nosotros hallar respuestas categóricas,  refleja  la complejidad subjetiva en que nos desenvolvemos. La insuficiencia y vulnerabilidad humana contrasta con la inmensidad del universo que nos deslumbra y amilana. Somos impotentes ante la razón. No podemos eliminar el dolor de la faz de la tierra, el inmanente e  inconsciente temor a ser castigados por nuestras presuntas  transgresiones. Somos esclavos del dolor, el miedo, los instintos ciegos, la incertidumbre, los accidentes y circunstancias que marcan nuestro tránsito por la tierra, conocedores, para mayor desventura, de nuestra fugacidad biológica.

6 de agosto de 2017

Epitafio para un Sueño. (Novela)



22 años después de salirse de Cuba en una lancha, Pepe el Salao escucha en las noticias televisivas un hecho que esperó por años: «Con profundo dolor comparezco para informarle a nuestro pueblo, a los amigos de nuestra América y del mundo que hoy, 25 de noviembre del 2016, a las 10.29 horas de la noche falleció el Comandante en Jefe de la Revolución cubana Fidel Castro Ruz». La nueva lo transporta, inevitablemente, a su pasado en Cuba, especialmente a aquellos acontecimientos que lo obligaron a tomar la decisión de decir adiós definitivo a su patria para buscar tierras de libertad. Corría el año 1994 y marchaba un día normal, como otro cualquiera, en la vida de Pepe el Salao, quien era un hombre común que creía que su mala suerte era consecuencia de un padecimiento crónico o una especie de castigo divino que le habían dado al nacer. Realmente, Pepe no podía explicarse por qué todo lo malo siempre le ocurría a él: su padre se suicida lanzándose al vacío desde el quinto piso del hospital general de la ciudad, su esposa lo abandona por un chulo y decide ser jinetera buscando mejor vida, y el día que Pepe decide romper un celibato de casi dos años -donde solo estuvo acompañado por el alcohol y su forzada soledad- acostándose con una turista mexicana que conoce casualmente, la policía política de la isla comienza a acosarlo y es hasta despedido de su trabajo. Todos estos hechos, sumados a las carencias materiales de un duro Periodo Especial y la polémica situación político-social de la isla, arrinconan a Pepe en la desesperación obligándolo a elegir entre el orgullo y sus principios dentro de Cuba, o la libertad fuera de la isla. Epitafio para un sueño es una novela histórica inquietante que a través de la vida de Pepe el Salao narra una época y circunstancias que marcaron fuertemente la historia cubana. Con lenguaje coloquial y fuerte carácter testimonial, entre la realidad y la ficción se mueven los personajes de esta novela mientras van mostrando la situación real de un país que por momentos asemeja una gran prisión para sus habitantes, y fundamentalmente, para Pepe y sus amigos. Una trama repleta de amor, traición, odio, corrupción, misterio y, sobre todo, la lucha constante para sobrevivir dentro de un país que se desmorona. Epitafio para un sueño es, también, una cruda denuncia social y política de un régimen que desde enero de 1959 hace y deshace a su antojo en Cuba, un país donde nadie importa más que esa fauna de dirigentes comunistas que oprimen al pueblo y que trabajan para un régimen que, aunque ha pasado su fecha de caducidad, aún se mantiene en el poder. 

Carlos Alberto Dueñas Aguado regresa con esta, su segunda novela, con una pluma fuerte y crítica, aguda y sin tapujos, que muestra la destreza de un novel autor que puede transitar desde la novela erótica hasta la novela histórica con el talento del buen escritor.