"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca", Jorge Luis Borges


5 de noviembre de 2017

Paradiso, según el lente de Julio Cortázar

De izq. a der.: Julio Cortázar y José Lezama Lima, La Habana 1967


Leonardo Venta

            Paradiso fue la única novela publicada en vida por José Lezama Lima. El personaje José Cemí –si no es el protagonista, algo que el propio Lezama niega– sostiene la trama hacia su iniciación como poeta, en un viaje en que lo real y lo imaginario atraviesan eruditos corredores narrativos dentro del campo de la imagen.
            El calificativo hermético es quizá el más transitado por los críticos de esta novela, avenido a una complejidad marcada por un recorrido entre las sombras hasta alcanzar la luminosidad. A Lezama le desagradaba que lo tildaran de oscuro. En el texto Ensayos barrocos. Imagen y figuras en América Latina, el etrusco habanero afirma: "No empezar con la tontería de lo que se comprende y lo que no se asimila, con la vieja monserga arrinconada de lo oscuro y lo claro, con el imperativo tema de lo fácil y lo difícil. Pues es más fácil que el campesino saludable comprenda lo oscuro creador, que el bachillerismo internacional, creador de toda esa tópica infernal, comprenda lo que es germinativo en el momento justo".
             La publicación, en 1966, de Paradiso desató polémicas entre sus defensores y detractores. La recepción negativa vino de parte de ciertos elementos de la intelectualidad cubana, con estampada tendencia homofóbica, los cuales la imputaron de pornográfica e incompatible con la moral revolucionaria. De esa forma provocaron su desaparición de las librerías. En una misiva a su hermana Eloísa, Lezama comenta: “La forma en que ha sido combatida mi novela y, por otra parte, los elogios que ha despertado, me hacen pensar que todavía vivo”.
            Entre los partidarios de la novela, en el ámbito internacional, descuellan Julio Cortázar, Octavio Paz y Mario Vargas Llosa; mientras en el temprano espacio cubano, el mismo año de su publicación, cabe mencionar a Salvador Bueno. “Te envío un artículo de Salvador Bueno sobre Paradiso –le comenta a su hermana Eloísa–. Es oportuno porque cierto público mojigato se sintió alarmado por ciertos temas que se tratan en el capítulo VIII. Las cosas que sucedían en las escuelas, el despertar del sexo. Las relaciones amistosas llenas de extrañeza y de misterio”.
            El apoyo de Cortázar a esta obra de Lezama es sumamente valioso, por ser el primero en exponerla favorablemente a la luz internacional, por el prestigio mundial que ya tenía el autor de Rayuela cuando equipara la grandeza literaria del escritor habanero con la de Jorge Luis Borges y Octavio Paz en el ensayo “Para llegar a Lezama Lima”. Cortázar asegura que Paradiso “en sus instantes más altos, es una ceremonia, algo que preexiste a toda lectura con fines y modos literarios”. Asimismo, insiste en la existencia de cierta singularidad inocente en el autor cubano, mientras establece diferencias cardinales entre el estilo lezamesco y el carpenteriano.
            “(…) en el caso especialísimo de Lezama [el barroquismo] se tiñe de un aura para la que sólo encuentro esa palabra aproximadora: ingenuidad. Una ingenuidad americana, insular en sentido directo y lato, una inocencia americana (...) Lezama en su isla amanece con una alegría de preadamita sin corbata de pájaro, y no se siente culpable de ninguna tradición directa. Las asume todas, desde los hígados etruscos, hasta Leopold Bloom”, asevera Cortázar en el antedicho texto.
            Al comparar a Lezama con Carpentier, Cortázar apunta: “Qué admirable cosa es que Cuba nos haya dado al mismo tiempo a dos grandes escritores que defienden lo barroco como cifra y signo vital de Latinoamérica, y que tanta sea su riqueza que Alejo Carpentier y José Lezama Lima puedan ser los dos polos de esa visión y manifestación de lo barroco, Carpentier el impecable novelista de técnica y lucidez europeas, autor de productos literarios a salvo de toda inocencia, hacedor de libros para leer, de productos refinadamente instrumentados para la aprehensión de ese especialista occidental que es el consumidor de novelas; y Lezama Lima, intercesor de oscuras operaciones de ese espíritu que antecede al intelecto, de esas zonas que gozan sin comprender, del tacto que oye, del labio que ve, de la piel que sabe de las flautas a la hora pánica y del terror en las encrucijadas con luna llena”.
            El viajero inmóvil, ante la aparición del oportuno ensayo a favor de su novela, no puede ocultar su jubilosa gratitud al autor en una misiva dirigida a su hermana Eloísa: “(…) ha sido un gran amigo mío y de mi obra. Ha mostrado por ésta una curiosidad, una comprensión verdaderamente excepcionales. El ensayo es, sin duda alguna, notable y revela una gran intuición de lo que yo he hecho. Llega con una gran oportunidad, pues Cortázar es hoy en día, uno de los mejores escritores americanos. Es muy leído por un público inteligente. Figúrate, aquí el Paradiso cayó como un batacazo, pues yo creo que no había la menor adecuación para recibir una obra de esa envergadura, modestia aparte. Y de pronto, el gran ensayo de Cortázar ha sido como un rayo que ha aclarado la visión de algunos y puesto furiosos a los más recalcitrantes envidiosos”.
            Sobre los personajes de la gran novela de Lezama Lima, anota Cortázar: "(...) están vistos en esencia mucho más que en presencia, son arquetipos antes que tipos. La primera consecuencia (que desencadena no pocas reacciones irónicas) es que mientras la novela cuenta la historia de algunas familias cubanas a fines del siglo pasado y principios del actual, con los más prolijos detalles de época, geografía mobiliario, gastronomía e indumentaria, los personajes en sí mismos parecen moverse en un continuo absoluto, ajenos a toda historicidad, entendiéndose entre ellos por encima del lector y de las circunstancias inmediatas del relato, con un lenguaje que es siempre el mismo lenguaje y que toda referencia a la verosimilitud psicológica y cultural vuelve inmediatamente inconcebible”.
            Luego, Cortázar sintetiza admirablemente con una pregunta, que se responde a sí misma, el rol supremo de la imagen en la poética lezamesca, que muy bien justifica el lenguaje afín de los personajes en Paradiso, en plena oposición a los roles tradicionales de la novelística, en que cada cual debe expresarse según su condición, el contexto en que se desenvuelve y el carácter de los interlocutores: "¿Por qué no ha de aceptar que los personajes de Paradiso hablen siempre desde la imagen, puesto que Lezama los proyecta a partir de un sistema poético que ha explicado en múltiples textos y que tiene su clave en la potencia de la imagen como secreción suprema del espíritu humano en busca de la realidad del mundo invisible?".
            Afirmamos, valiéndonos del texto cortasiano, que “leer a Lezama, es una de las tareas más arduas y con frecuencia más irritantes que puedan darse”, al mismo tiempo que agregamos, volviendo a citar al autor de Bestuario, que Paradiso “no es un libro para leer como se leen los libros, es un objeto con anverso y reverso, peso y densidad, olor y gusto, un centro de vibración que no se deja alcanzar en su coto más entrañable si no se va a él con algo que participe del tacto, que busque el ingreso por ósmosis y magia simpática”.

Arquetipos femeninos en Primero Sueño

"Ganimedes con el águila de Zeus" (1817), obra del escultor neoclásico Bertel Thorvaldsen, Museo Thorvaldsen, Copenhague
Por Leonardo Venta

            Son numerosos los ejemplos en la obra de Sor Juana Inés de la Cruz que reflejan su preocupación por el tema de la mujer y su derecho al conocimiento en una sociedad patriarcal. El uso de las figuras mitológicas femeninas en su obra magna Primero Sueño (1692), una soberbia y singular silva de 975 versos, condiciona en parte su necesidad de afirmarse como mujer e intelectual en la entidad político-administrativa del Virreinato de Nueva España.
            El amanecer en los últimos versos del poema –en cuya atmósfera el alma se desprende del cuerpo para realizar un viaje asombroso hacia la cúspide del conocimiento– es anunciado por Venus y Aurora en un combate donde el día se establece y hace huir a las sombras de la noche: “Pero de Venus, antes, el hermoso / apacible lucero / rompió el albor primero, / y del viejo Tithón la bella esposa / –amazona de luces mil vestida, / contra la noche armada / hermosa si atrevida / valiente aunque llorosa–, / su frente mostró hermosa / de matutinas luces coronadas (...)”. 
                                          
" Nascita di Venere (El nacimiento de Venus)", obra de Sandro Botticelli, 1445-1510, Galería Uffizi, Florencia, Italia
            Venus, mujer de Vulcano, dios de la forja de los metales, es originalmente en la mitología romana diosa de los jardines y de los campos, pero después es identificada con Afrodita, la deidad griega del amor y la belleza. Por su parte, Aurora, equivalente a la griega Eos, es la diosa del alba y la bella esposa del veterano Titón, la cual aparece armada como una amazona vestida de mil luces en confrontación contra  la noche.
            Es sugestivo cómo la ya fallecida hispanista estadounidense de origen cubano Georgina Sabat de Rivers, en su análisis feminista del poema, propone que son figuras femeninas, como Venus y Aurora, las que exceden a las masculinas al final del poema, fundamentando su argumento en el hecho de que el hablante lírico al referirse al sol no lo identifica con nombre mitológico alguno, como bien pudiera haberlo llamado Febo o Apolo: “Llegó en efecto el sol cerrando el giro”.  Sin embargo, las figuras femeninas, como hemos observado, sí son aludidas mediante sus nombres y carácter mitológico de deidades.
                               
"Apolo y Aurora", de Gérard de Lairesse (1671)
               En la prosificación del poema que aparece en el Vol. 1 de las Obras Completas editadas por Alfonso Méndez Plancarte y Alberto G. Salceda (1951-56), en lo que hoy sigue siendo la versión más completa y autorizada de la que se dispone, leemos: "Antes, empero, la hermosa y apacible estrella de Venus –el Lucero matutino–  rompió en su primer albor; y la Aurora, la bella esposa de Thitón –tal como una Amazona vestida de mil luces, armada en guerra contra la Noche, y a un mismo tiempo hermosa y atrevida, y valiente aunque llorosa (por su rocío) –, mostró su gallarda frente, coronada de fulgores matutinos; tierno preludio, pero ya animoso, del llamante Planeta (el Sol), que venía reclutando sus tropas de bisoñas, (o nuevas) vislumbres, y reservando a la retaguardia otras luces más veteranas y fuertes, para lanzarse ya al asalto contra la Noche, que –Tirana usurpadora del imperio del Día– ostentaba por corona el negro laurel de miles de sombras, y con nocturno cetro pavoroso regía las tinieblas, que aun a ella propia le infundían terror".

Estatua de Júpiter en la que aparece con algunos de sus atributos:
el cetro, el orbe con la Victoria y el águila a sus pies
            Júpiter, a quien Sor Juana llama el “temido Tonante”, posee innumerables atributos: dios del trueno y del rayo, del tiempo atmosférico y de la luz matinal. Es una deidad eminentemente belicosa. Sin embargo, la imagen perifrástica del águila: “De Júpiter el ave generosa”, es más significativa dentro del poema por su rango alegórico que el dios en sí. 
            El águila sugiere el lado bienhechor y magnánimo del dios guerrero, pero su gran implicación tropológica es la de resaltar ciertas ideas que el yo poético está interesado en sugerir, tales como la naturaleza firme y afanosa del ave, la cual no se rinde al descanso, que considera un vicio: “De Júpiter el ave generosa / –como al fin Reina–,  por no darse entera / al descanso, que vicio considera”.  El águila simboliza, igualmente, la idea de elevación y osadía. El hablante lírico sugiere por mediación de esta ave majestuosa el movimiento ascendente del alma hacia el conocimiento.
            Minerva es otra figura que indica poder en el poema. Es la diosa intelectual por antonomasia, y según Luis Harss en su texto Sor Juana's Dream, esa característica la convierte en la figura preferida por la poetisa. La diosa griega Atenea, de quien Minerva es su equivalente para los romanos, es representada con atributos masculinos. Atenea salió ya adulta de la frente del dios Zeus, revestida de armas guerreras y blandiendo la lanza, mientras la cruel y belicosa Minerva era la patrona de los guerreros, la defensora del hogar y del Estado. 
                                                 
Construida en el 1929 por el escultor italiano Angelo Zanelli, con 14.6 metros desde los pies hasta la punta de la lanza, siendo la tercera estatua mayor del mundo que se encuentra bajo techo, la estatua de la deidad griega Palas, o Atenea, se exhibe debajo de la cúpula del Capitolio de La Habana
            Ya en el Neptuno Alegórico el yo poético le rinde tributo a esta deidad femenina, superponiéndola al dios griego de los mares, quien cae rendido ante su sabiduría. Este tratamiento infiere la idea de que el poder, tradicionalmente simbolizado por Neptuno, pudiera muy bien relacionarse con la sapiencia femenina. En Primero Sueño contrastan, sin siempre oponerse, el sentido de oscuridad (que es el hábitat de las aves nocturnas) con el de la luz, aludido por Minerva, fuente del saber más elevado y puro. Harss, en sus anotaciones sobre el Sueño, señala que la contraposición existente entre Minerva, que habita en la luz, y su sierva Nictimene, que opera en el mundo de las sombras, hace más punzante y rico el contraste entre las figuras poéticas.
             
Estatua romana de la diosa Luna (Selena), reina del cielo de la noche
              Por su parte, Diana, la primera figura mitológica mencionada en el poema, es presentada mediante la perífrasis, “la Diosa / que tres veces hermosa / con tres hermosos rostros ser ostenta”, refiriéndose a sus tres rostros o fases, que a su vez coinciden con los de la luna. Harss puntualiza con respecto a dicha apariencia ternaria: “En la mitología clásica la luna es referida por su triple identidad: Luna (Selena), reina del cielo de la noche;  Diana (Artemis), diosa de la tierra; y Proserpina, la esposa cautiva de Plutón, diosa del mundo subterráneo”. En su fase de Luna se orienta como la dimensión cósmica más alta de la noche, a donde la Sombra, que es significada como un auténtico ser, no puede llegar: “(...) al superior convexo aun no llegaba / del orbe de la diosa”, leemos en nuestro poema.
                                       
"Alfeo y Aretusa" (1568–70), obra del escultor florentino Battista di Domenico Lorenzi
     
                Aunque el personaje de Faetón es considerado tradicionalmente como el más apropiado distintivo del alma en el Sueño, Aretusa, mediante su viaje intrépido en busca de la luz, ofrece una imagen más esperanzadora de las batallas en que se enfrasca el alma para alcanzar sus más ambiciosas metas. A diferencia de Faetón e Ícaro, Aretusa emerge victoriosa de su aventura. Todo ser humano, según la metafísica aristotélica, siente una atracción innata hacia el saber. Aretusa sugiere esta motivación natural mediante su pujante instinto de resistencia. Es, al mismo tiempo, un personaje que significa ayuda: revela a Ceres el paradero de su hija, aun encontrándose en la oscuridad avasalladora del Hades. 
            Al igual que Aretusa, Sor Juana tuvo que lidiar con la lobreguez de una sociedad hostil que rechazaba su condición de mestiza y mujer, así como su inclinación hacia el saber. Pero, incluso Sor Juana, entre las sombras de su claustro jerónimo; y Aretusa, en su agitada empresa subterránea, comparten la capacidad de adquirir e impartir información: conocimiento. Son mensajeras victoriosas del saber adquirido en medio de la oscuridad.

En el 107 aniversario del natalicio de Miguel Hernández

Además de la reconocida poesía hernandiana, esta nueva publicación contiene,
entre otros componentes, su menos conocida dramaturgia 
Por Leonardo Venta


            Difícil es encontrar un escritor que, a pesar de los 75 años transcurridos desde su desaparición física, se mantenga vigente en el gusto de los amantes de la virtud y la sensibilidad en la buena literatura. Una prueba fehaciente de ello es el considerable número de actividades que, en reconocimiento al 107 aniversario del natalicio de Miguel Hernández (30 de octubre de 1910), se celebran en toda la geografía española y en diversos rincones del mundo.  
            Como muestra de estos homenajes, el pasado 31 de octubre, en la sede del Instituto Cervantes en Madrid, se presentó el libro editado por el investigador y catedrático Jesucristo Riquelme, que lleva como título La obra completa de Miguel Hernández, un volumen de 1899 páginas, algunas de ellas ilustradas, con 30 textos inéditos y 3 mil modificaciones a la obra completa anterior, de Espasa Calpe, compilada en 1992 por Carmen Alemany, Agustín Sánchez Vidal y José Carlos Rovira.
            Esta nueva publicación, bajo el sello de la editorial Edaf, incluye un estudio preliminar de la vida y obra del poeta de Orihuela, así como una revisión crítica, con notas y comentarios de los géneros que recoge, desde su poemario hasta dos cuentos infantiles inéditos, biografías de toreros (de sus años como redactor de El Cossío), teatro, prosa y crónicas periodísticas.
            El autor de El rayo que no cesa, para la crítica su obra más lograda, falleció, con tan sólo 31 años de edad, hace más de siete décadas, en una prisión de Alicante, entre hemorragias y dolores ocasionados por una infección de tifus complicada con tuberculosis pulmonar aguda.
            En una época en que sobresalía el filosofismo de la Generación del 27 y la renovación culta de Garcilaso de la Vega y Luis de Góngora, el juglar pastor atavió la lírica castellana con el sencillo y admirable atuendo de un campesino que además de apacentar ovejas sabía articular admirablemente los más íntimos clamores del alma.
            Su obra, abierta, original y conmovedora, está escrita en versos pulcros y musicales. Su gran valor ante el sufrimiento marca una pauta en la expresión más genuina de la postguerra. Su primer libro, Perito en lunas, refleja el trabajo autodidacta del aldeano enamorado de los versos de Góngora. En 1936, cuando se aleja de los moldes expresivos gongorinos para asentarse en una cosmovisión libre de la estética burguesa, sentimos al poeta que ya ha encontrado su tono inconfundible.
            El comienzo de la Guerra Civil española adentra a Miguel Hernández en un piélago de calamidades, en el que se contempla a sí mismo “sentado sobre los muertos, ruiseñor de las desdichas, eco de la mala suerte”.
            Dentro de lo que el poeta llamó “poesía de guerra”, están incluidos sus poemarios Viento del pueblo (1937) y El hombre asecha (1939), libros que ya muestran al escritor comprometido. En 1937, ya involucrado en la Guerra Civil como voluntario en el 5.º Regimiento del movimiento de izquierda antifascista, Hernández logra escapar fugazmente a Orihuela para casarse con la andaluza Josefina Manresa con la que mantenía relaciones desde 1934.
            De esta unión nacieron dos hijos, Manuel Ramón, en marzo de 1937, que muere a los pocos meses de nacer y a quien están dedicados los siguientes versos: “Hijo del alba eres, hijo del mediodía. / Y ha de quedar de ti luces en todo impuestas, / mientras tu madre y yo vamos a la agonía, / dormidos y despiertos con el amor a cuestas”. A su segundo hijo, Manuel Miguel, nacido en enero de 1939, le escribe “Nana de las cebollas”, la tristeza más enternecedora jamás modulada en una canción de cuna.  
            En “Nana de las cebollas” hallamos un retorno a los procedimientos de la poesía popular de tipo tradicional, en forma de seguidilla. La historia detrás de este poema es simplemente emotiva. Con la victoria del bando nacional, Hernández es condenado a muerte, pena que fue reducida posteriormente a 30 años de prisión. Preso, recibe una carta de su esposa en la que le comunica que por muchos días no hay otra cosa que comer que cebolla. El poeta le responde en misiva fechada el 12 de septiembre de 1939: “Estos días me los he pasado cavilando sobre tu situación, cada día más difícil. El olor de la cebolla que comes me llega hasta aquí y mi niño se sentirá indignado de mamar y sacar zumo de cebolla en vez de leche”.
           Con la licencia de mis estimados lectores, reproduzco algunos versos de esta sublime composición: “En la cuna del hambre / mi niño estaba. / Con sangre de cebolla / se amamantaba (…) Una mujer morena / resuelta en lunas / se derrama hilo a hilo / sobre la cuna. / Ríete niño / que te traigo la luna / cuando es preciso. // Tu risa me hace libre, / me pone alas. / Soledades me quita, / cárcel me arranca. / Boca que vuela, / corazón que en tus labios / relampaguea”. Es tu risa la espada / más victoriosa, / vencedor de las flores / y las alondras. / Rival del sol. / Porvenir de mis huesos / y de mi amor (...)”.

20 de septiembre de 2017

El Quijote apócrifo

En 1614, nueve años después de la aparición de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes, vio la luz con pie de imprenta de Tarragona un libro titulado Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, firmado por un tal licenciado Alonso Fernández de Avellaneda. 
          
Por Leonardo Venta

             Alonso Fernández de Avellaneda es el seudónimo empleado por el autor de la continuación apócrifa de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra, publicada 9 años después, 1614, de la aparición del Quijote original (1605), y cuya segunda parte estaba muy avanzada para esa fecha.
            En el prólogo del latrocinio literario, el autor, desconocido hasta nuestros días, se deleita en burlarse de Cervantes. Lo califica de inmodesto e intenta obstaculizar la continuación de la primera novela moderna de la literatura universal.
            Así leemos en el hostil prefacio del tal Avellaneda: “Conténtese [Cervantes] con su Galatea y comedias en prosa, que eso son las más de sus Novelas: no nos canse”. Si bien, el Manco de Lepanto publicó la continuación de su Quijote un año después del apócrifo, en una etapa de penuria para él, realidad que descubrimos en la pródiga en elogios ‘Aprobación’ del libro realizada por el licenciado Márquez Torres: “Halléme obligado a decir que era [Cervantes] viejo, soldado, hidalgo y pobre”.
            Isaías Lerner en su estudio “Quijote, Segunda parte: parodia e invención”, sugiere la necesidad en Cervantes de legitimar la novela a través del auto examen, lo cual comprobamos en los juicios emitidos sobre la misma por el personaje del bachiller Sansón Carrasco en el capítulo III del Segundo libro: “–Eso no –respondió Sansón–, porque es tan clara, que no hay cosa que dificultar en ella: los niños la manosean, los mozos la leen, los hombres la entienden y los viejos la celebran (…) la tal historia es del más gustoso y menos perjudicial entretenimiento que hasta agora se haya visto, porque en toda ella no se descubre ni por semejas una palabra deshonesta ni un pensamiento menos que católico”.
            En el “Prólogo al lector” de la Segunda parte del Quijote, Cervantes afirma: ¡Válame Dios, y con cuánta gana debes de estar esperando ahora, lector ilustre o quier plebeyo, este prólogo, creyendo hallar en él venganzas, riñas y vituperios del autor del segundo Don Quijote digo, de aquel que dicen que se engendró en Tordesillas y nació en Tarragona!”.
            Cervantes trata de ganarse el apoyo del lector a raíz del conflicto ocasionado por el robo literario. “Pues en verdad que no te he dar este contento; que puesto que los agravios despiertan la cólera en los más humildes pechos, en el mío ha de padecer excepción esta regla. Quisieras tú que lo diera del asno [tratara de asno], del mentecato y del atrevido; pero no me pasa por el pensamiento: castíguele su pecado, con su pan se lo coma y allá se lo haya”, leemos en el susodicho prólogo.
            En el capítulo 59 del Segundo libro, Cervantes arremete contra el falso Quijote valiéndose de la censura de los propios personajes de la novela: “– ¿Para qué quiere vuestra merced, señor don Juan, que leamos estos disparates, si el que hubiere leído la primera parte de don Quijote de la Mancha no es posible que pueda tener gusto en leer esta segunda? Al referirse al libro, el Caballero de la Triste Figura afirma "que yerra y se desvía de la verdad en lo más principal de la historia”.
            El tema del odiado Avellaneda vuelve a resurgir en el capítulo 70. Cervantes lo sitúa en el umbral del Infierno –en el preámbulo, quizá por considerar su calidad literaria indigna de ocupar un lugar fijo en el mismo Averno–, alejando al autor de los juicios emitidos, mediante el empleo de un narrador ambiguo: “Dijo un diablo a otro: ‘Mirad qué libro es ése’. Y el diablo le respondió: ‘Ésta es la Segunda parte de la historia de don Quijote de la Mancha, no compuesta por Cide Hamete, su primer autor, sino por un aragonés, que él dice ser natural de Tordesillas’”. Sonreímos, inmediatamente, ante el ingenio cervantino, al leer: “Quitádmele de ahí, –respondió el otro diablo– y metedle en los abismos del infierno, no le vean más mis ojos”.
            Otra alusión aparece en la última cláusula del testamento de Alonso Quijano: “Iten, suplico a los dichos señores mis albaceas que si la buena suerte les trujere a conocer al autor que dicen que compuso una historia que anda por ahí con el título de Segunda parte de las hazañas de don Quijote de la Mancha, de mi parte le pidan, cuan encarecidamente ser pueda, perdone la ocasión que sin yo pensarlo le di de haber escrito tantos y tan grandes disparates como en ella escribe, porque parto desta vida con escrúpulo de haberle dado motivo para escribirlos”.
             En tanto, el último largo párrafo de la novela igualmente acomete contra el usurpador literario, al mismo tiempo que pone en tela de juicio las historias de los libros de caballerías: “(…) a quien advertirás [a Avellaneda], si acaso llegas a conocerle, que deje reposar en la sepultura los cansados ya podridos huesos de don Quijote, y no le quiera llevar, contra todos los fueros de la muerte, a Castilla la Vieja, haciéndole salir de la fuesa, donde real y verdaderamente yace tendido de largo a largo, imposibilitado de hacer tercera jornada y salida nueva: que para hacer burla de tantas como hicieron tantos andantes caballeros, bastan las dos que él hizo tan a gusto y beneplácito de las gentes a cuyas noticias llegaron, así en éstos como en los extraños reinos".

11 de agosto de 2017

Una mirada sobre el dolor

"Dolor" (1882), Vincent van Gogh. Esta obra maestra del dibujo es parte de una serie de trabajos 
en la que el pintor utilizó a la prostituta Sien Hoornik como modelo

Por Leonardo Venta


"...disimular el dolor es prueba de los grandes caracteres".
             José Lezama Lima

            Por lo general, todo diccionario ofrece varias acepciones para un mismo vocablo. La Academia Española le asigna a la palabra dolor la significación de sensación molesta y aflictiva de una parte del cuerpo por causa interior o exterior, o sentimiento de pena y congoja. En este artículo nos referiremos a la segunda acepción.
            Lo que algunos llaman pesimismo, sugiere la existencia asida al dolor, temática que examina el budismo. La meditación de Gautama Buda se inicia precisamente con la contemplación del dolor. Según Buda, el mundo está regido por el sufrimiento y la única solución reside en la anulación del deseo para acceder a un estado trascendente en que impera la nada.
            Para Arthur Schopenhauer –quien consideraba al budismo como la religión más adecuada, porque valora la presencia del sufrimiento en el mundo– toda empresa en la vida es ilusoria, precisamente porque la tragedia de vivir radica en la naturaleza de la voluntad. Las infatigables metas trazadas por el hombre – alcanzadas o no– según el filósofo germano, siempre le dejan insatisfecho y le inducen a emprender otras. Por otra parte, la constante lucha entre los ideales espirituales del ser humano y la voluntad animal que lo impulsa a satisfacer sus instintos le roba la paz.
            Nuestro cuerpo es la voluntad misma en su forma objetiva o como manifestación en el mundo como idea. La paz y las bendiciones que se le asumen a aquellos llamados santos proceden de las victorias en esa lucha constante contra los imperiosos impulsos de la voluntad. ¿Vivir no es oponerse a la naturaleza, a la muerte? Si bien, ¿no es la muerte un elemento natural, ineludible, de nuestra existencia? Dentro de esa constante batalla entre la vida y la muerte, la paz y el conflicto, se origina el dolor.
            Nos afanamos en ser felices, saludables, socialmente aceptados. Y ese mismo afán,  nos ocasiona dolor, nos violenta el descanso y el equilibrio. El vivir es dolor en correspondencia con el hecho de que nuestras aspiraciones sólo logran consumarse parcialmente, y una vez alcanzadas nuestras metas dejan de tener el mismo efecto gratificante, para bifurcarse en nuevos torturadores empeños.
            La naturaleza compleja del dolor –inducido por el concepto de voluntad, acción dirigida hacia un fin específico–, encuentra una especie de paliativo en la renuncia a los deseos que nos revierten, invalidándolos, mediante un estado de ataraxia (imperturbabilidad).
            Según la primera Noble Verdad que predica el budismo, la existencia humana es intrínsecamente dolorosa. Pensar –tratar de entender– es sufrir. Por otra parte, la renuncia a los deseos es una especie de liberación de la angustia encadenada a la voluntad de vivir. La ilusión siempre viene acompañada de la desilusión; el optimismo, del pesimismo. Al disfrutar destellos de la dicha, conocedores de nuestra vulnerabilidad, nos preguntamos: ¿cuánto durará esta plácida experiencia?
            El conocimiento causa dolor, ya que la felicidad proviene de la inconsciencia (el no conocimiento). De lo cual deducimos, desde una perspectiva semiótica, que el conocimiento significa muerte. Mediante la crítica a la ciencia y al optimismo, algunos pensadores cuestionan la armonía y racionalidad del mundo, al negar que éste pueda ser mejorado mediante el conocimiento, ya que el saber puede trae consigo el dolor. Para aquellos que opinan que el sufrir y el pensar marchan juntos, la mejor opción para el ser humano es la abstención y la contemplación indiferente de todo.
            La abstención concuerda con las ideas budistas de la contemplación; mientras la acción nos refiere a Friedrich Nietzsche, quien desplaza un poco el pesimismo con su convocatoria a la acción, aunque, según críticos como Max Nordau, el pensamiento nietzscheano es en buena medida continuación y consecuencia dinámica del razonamiento pesimista de Arthur Schopenhauer; eso sí, matizado por una cristalización evolutiva con matices menos pesimistas.
            Nos afanamos en hallar una explicación, una razón de ser, a nuestra propia existencia dentro del ámbito de una sociedad que se nos presenta a veces hostil y decadente. Nuestros conflictos oscilan entre el mundo externo y el interno, originando un choque entre nuestras percepciones, afanes y creencias, y las ajenas, suscitando escepticismo ante una irrealidad que se nos maquilla como real, ante un destino y rol impreciso –inconstantes– en el universo.
            Aunque nos elevamos por momentos a esferas superiores de realización y gozo, sucumbimos luego en nuestro anhelo de atesorar la paz, esfera casi divina del pensamiento que comprende la vida desde una perspectiva superior, despojada de todo afeite y afán ilusorio.     
            Nos debatimos entre el bien y el mal, la mentira y la verdad, el amor y la animadversión, la virtud y el vicio, el cuidado y la desidia, la paz y la beligerancia, el bienestar y el dolor. Sufrimos la fragilidad de la existencia, conscientes de nuestras limitaciones, y confrontamos la opción de esa antonimia ‘nada liberadora’. La irracionalidad de la existencia viene reflejada por la imposibilidad de aprehender la realidad, incluso la incapacidad de explicarla, en contraposición con una solución absoluta y una validez universal.
            Para Schopenhauer el dolor es insuperable; para Nietzche, puente al gozo. Nos preguntamos, entonces: ¿existe  alguna verdad?, y si existiera, ¿es posible visualizarla, entenderla, explicarla? ¿Existe un destino ya prefijado, ineludible?, y si estuviera ya diseñado por voluntades inasequibles, ¿por qué preocuparnos, si todo está determinado, si no podemos variar el fatal veredicto?
           El porqué el dolor serpentea los límites de la razón, sin poder nosotros hallar respuestas categóricas,  refleja  la complejidad subjetiva en que nos desenvolvemos. La insuficiencia y vulnerabilidad humana contrasta con la inmensidad del universo que nos deslumbra y amilana. Somos impotentes ante la razón. No podemos eliminar el dolor de la faz de la tierra, el inmanente e  inconsciente temor a ser castigados por nuestras presuntas  transgresiones. Somos esclavos del dolor, el miedo, los instintos ciegos, la incertidumbre, los accidentes y circunstancias que marcan nuestro tránsito por la tierra, conocedores, para mayor desventura, de nuestra fugacidad biológica.

6 de agosto de 2017

Epitafio para un Sueño. (Novela)



22 años después de salirse de Cuba en una lancha, Pepe el Salao escucha en las noticias televisivas un hecho que esperó por años: «Con profundo dolor comparezco para informarle a nuestro pueblo, a los amigos de nuestra América y del mundo que hoy, 25 de noviembre del 2016, a las 10.29 horas de la noche falleció el Comandante en Jefe de la Revolución cubana Fidel Castro Ruz». La nueva lo transporta, inevitablemente, a su pasado en Cuba, especialmente a aquellos acontecimientos que lo obligaron a tomar la decisión de decir adiós definitivo a su patria para buscar tierras de libertad. Corría el año 1994 y marchaba un día normal, como otro cualquiera, en la vida de Pepe el Salao, quien era un hombre común que creía que su mala suerte era consecuencia de un padecimiento crónico o una especie de castigo divino que le habían dado al nacer. Realmente, Pepe no podía explicarse por qué todo lo malo siempre le ocurría a él: su padre se suicida lanzándose al vacío desde el quinto piso del hospital general de la ciudad, su esposa lo abandona por un chulo y decide ser jinetera buscando mejor vida, y el día que Pepe decide romper un celibato de casi dos años -donde solo estuvo acompañado por el alcohol y su forzada soledad- acostándose con una turista mexicana que conoce casualmente, la policía política de la isla comienza a acosarlo y es hasta despedido de su trabajo. Todos estos hechos, sumados a las carencias materiales de un duro Periodo Especial y la polémica situación político-social de la isla, arrinconan a Pepe en la desesperación obligándolo a elegir entre el orgullo y sus principios dentro de Cuba, o la libertad fuera de la isla. Epitafio para un sueño es una novela histórica inquietante que a través de la vida de Pepe el Salao narra una época y circunstancias que marcaron fuertemente la historia cubana. Con lenguaje coloquial y fuerte carácter testimonial, entre la realidad y la ficción se mueven los personajes de esta novela mientras van mostrando la situación real de un país que por momentos asemeja una gran prisión para sus habitantes, y fundamentalmente, para Pepe y sus amigos. Una trama repleta de amor, traición, odio, corrupción, misterio y, sobre todo, la lucha constante para sobrevivir dentro de un país que se desmorona. Epitafio para un sueño es, también, una cruda denuncia social y política de un régimen que desde enero de 1959 hace y deshace a su antojo en Cuba, un país donde nadie importa más que esa fauna de dirigentes comunistas que oprimen al pueblo y que trabajan para un régimen que, aunque ha pasado su fecha de caducidad, aún se mantiene en el poder. 

Carlos Alberto Dueñas Aguado regresa con esta, su segunda novela, con una pluma fuerte y crítica, aguda y sin tapujos, que muestra la destreza de un novel autor que puede transitar desde la novela erótica hasta la novela histórica con el talento del buen escritor.

4 de julio de 2017

Hambre cósmica


Por Leonardo Venta
(A mi madre)

Quiero ser libre para pronunciar tu signo
sobre el teclado de mis ausencias.
Quiero danzar contigo sobre el firmamento –que adivina mi instinto–
aderezado de flores.
Quiero abrigarte con estos veranos repetidos de bancos, estrellas,
humo, navajas, lunas, firmamentos…
Quiero besar este vacío con el amor despierto,
hacerte poema, luz, estela, aspergio,
puericia, almohada, sagrada cómplice.

Tengo hambre cósmica

Pronunciaré tu nombre en la nocturnal sentencia de cada despedida,
en cualquier idioma, con cualquier acento.
Notas graves, negras, ennegrecidas quiero…
notas que rasguen nuestros duendes
y desperecen nuestros muertos.

Quiero los risueños rábanos sobre mi ensalada de
tímido niño ante tu calidez solícita 
Quiero tu alegría de entrega, de pizzas, de sacrificios;
quiero tu última mirada, la imaginada…
la no compartida.

Cuán pobre escribo, tan pobre como mi alma…
Soñemos, soñemos, soñemos…
Carros juegan sobre mi cabeza, en carrera de luces y sirenas.

Desvelo de teclado… visítame de madrugada… ¡visítame!
Cuando nadie lo entienda, ni yo mismo, notas graves, graves, junto a otras cristalinas,
recorren mis párpados y tejados sin bienhechoras hadas. Visítame azul…. visítame y retrocedo… espurio... no entiendo… no te encuentro… ni azul ni gris… no te encuentro… no te encuentro…

(6 de septiembre de 2013, 1.59 a.m.)

28 de mayo de 2017

Tras las huellas de Apolo

De izq. a der.: Lidia Díaz, Jorge Esquivel y Clara Carranco ilustran la carátula de un programa del Ballet Nacional de Cuba, que data de 1973 
Por Leonardo Venta

              Apolo, dios de la lira y el arco, es junto a Júpiter la deidad que posee más atributos en todo el panteón griego. Se le presume oriundo del Asia, pero hay quienes le consideran una divinidad nórdica que los griegos transfirieron en su emigración hacia el sur. Es hijo de Zeus y de Leto, y hermano gemelo de Ártemis. Tiene varios oráculos, entre los que se destaca el de Delfos, por lo que también se le denomina dios de la profecía. 
            Se le atribuye guiar el carro del Sol, por lo que es llamado dios del Astro Rey; e incluso, se le toma por el mismo astro celeste. No obstante, es más bien el dios de la luminosidad solar, lo que, en la racional civilización helénica, no significa lo mismo a ser el dios del Sol, cargo que ostenta Helios.        
            Apolo es, igualmente, un excelente músico y un gran atleta; dios de la poesía, se representa usualmente acompañado por una lira y las musas, a quienes instruía en las artes. Se le confiere el promover la práctica de la medicina entre los humanos. Es, al mismo tiempo, dios de la verdad, así como de la agricultura y la ganadería, funciones que desempeñó después de un largo destierro y regreso al Olimpo.
            A pesar de su hermosa apariencia y seductora voz, Apolo sufrió mucho en la búsqueda del amor. Coronis, Deífobo, Casandra y muchas otras le despreciaron. El amor que más habría de impactarle sería el de Coronis, del cual tuvo como fruto a Asclepio, quien se destacó en la medicina al punto de hacer resucitar a los muertos. Zeus le aniquiló con un rayo por esa temeridad, y Apolo vengó su muerte liquidando a flechazos a los cíclopes que forjaron el rayo con el que Zeus le había quitado la vida.  Airado, Zeus expulsó a Apolo de la morada de los dioses y le condenó a servir a un mortal durante un año. Así fue pastor de Admeto, rey de Feras. 
            Además, el Cronión Ideo le castigó por conspirar contra él junto a Hera, Poseidón y Atenea. Poseidón y Apolo fueron condenados a servir a Loromedonte, rey de Troya, auxiliándole a edificar las murallas de dicha ciudad. Por lo demás, Apolo fue condenado a andar errante por el mundo, padecer infortunios humanos y trabajar para subsistir. Si bien, pudo regresar al Olimpo. 
            Existen ciertos mitos que describen a Apolo como despiadado y cruel. Transfiguró a la ninfa Dafne en árbol, de quien se enamoró por culpa de una flecha de Eros. En la Guerra de Troya, disparó saetas infectadas con la peste sobre el campamento griego en respuesta al agravio del rey Agamenón a Crises, uno de sus sacerdotes, cuya hija Criseida había sido secuestrada. 
            Al mismo tiempo, ayudó a Paris a matar a Aquiles guiando la flecha de su arco hasta el talón de éste. También raptó y violó a la joven princesa ateniense Creúsa, a quien abandonó junto con el hijo nacido de su unión. Mató a Pitón, la temible y legendaria serpiente que guardaba un santuario en las montañas del Parnaso, y con su piel envolvió el trípode en el que se sentaba la sacerdotisa de Delfos.
             Apolo ha inspirado obras plásticas, literarias, musicales, danzarias, entre otras manifestaciones artísticas. El parisino Museo del Louvre exhibe una escultura de esta luminosa deidad, copia romana del original griego de Praxíteles o Eufranor, parte de la Colección Real Francesa, de 2.16 metros de altura, que compendia en sí todo su esplendor mitológico y estético.
"Apollon Musagète", coreografía de Adolph Bolm, música de Ígor Stravinski, se estrenó el 27 de abril de 1928 en un festival de música de cámara presentado en la Biblioteca del Congreso de Washington, D.C. La sala, con capacidad para sólo 511 personas, estaba abarrotada. El propio coreógrafo encarnó el personaje de Apolo. Ruth Page, Berenice Holmes y Elise Reiman fueron las tres musas. La coreografía de Bolm ha quedado prácticamente olvidada.
            Poco después de un mes, el 12 de junio, George Balanchine, con sólo 24 años, estableció su versión en el Teatro Sarah Bernhardt de París, con los Ballets Rusos de Diaghilev, diseños de André Bauchant y la actuación del célebre bailarín y coreógrafo francés de origen ruso Serge Lifar en el papel protagónico. El mismísimo Stravinski dirigió la orquesta. Al bailar con Calíope (Lubov Tchernicheva), Polimnia (Felia Doubrovska) y Terpsícore (Alice Nikitina), la deidad de los muchos atributos les imparte el soplo divino de sus respectivas artes, así como las conduce, con Terpsícore a la cabeza, a la cima del idílico monte Parnaso.
           En 1945, Alicia Alonso bailó por primera vez la puesta en escena de Balanchine, interpretando a Terpsícore, junto a Nora Kaye y Barbara Fallis, como Polimnia y Calíope, respectivamente. André Eglevsky representó el personaje de Apolo. A partir de 1946, la Alonso lo bailó con Ígor Youskevich.   
             

2 de mayo de 2017

EN TU FÉRTIL INCIDENCIA

EN TU FÉRTIL INCIDENCIA
(Cuartetos en versos endecasílabos)

Fluye tu albura en mí y tu vivo esmero
hondo incita este amor sin aflicciones,
de una vida al fragor de situaciones
cruciales y hoy a lo más puro me adhiero;

y en tu sublimación y trascendencia
me das tu terso y prístino resplandor,
es tu universo y acción de fino candor
que florece en tu fértil incidencia,

que incide tu beldad en los corazones
de quienes con pasión tanto te admiran,
por tu ofrenda y efusión que afables giran
en torno a tu verdad y sus razones,

en creciente y caudal que unge su mundo
de luminosidad y honda armonía,
se esparce su deidad y sintonía
en afluente raudal a lo profundo,

para darte también a su elemento
que te lleva sutil en briosa ardura,
y en ese oasis febril la vida augura
su digno parabién y su momento;

resplandece la más bella intención
en tu mar de fruición y fe cimeras,
por tu sensible Ser en sus esferas
que axioma en mi fervor sin dilación,

¡te doy mi tierna y más honda ovación…!;
es tu vida en su fluir que me transforma
y ara en mi porvenir en aura que ahorma,
resarciendo mi hoy y amor con emoción…

Carlos Juan Méndez,
Barcelona, 02 de mayo de 2017 | 01:11

—C.J.M.

“En tu fértil incidencia”, pertenece al Poemario en proceso: “Al albor del amor”.

Pintura al óleo sobre lienzo de 130 x 97 cm: “Pliegues naranja” (2006), del artista plástico barcelonés, José Linares Molina.


Pepe Linares (nacido en Barcelona en 1961), es un pintor figurativo, dedicado mayormente, a dibujar el cuerpo humano: su erótica, su vida y formas de vida. En ocasiones, se recrea en lo abstracto y prefiere que los amantes del arte sepan descubrir en su trabajo, esa tendencia. Vive en importante necesidad creativa, la que le empuja desde su adolescencia a trabajar con el óleo sobre lienzo. Su influencia pictórica nace de la escuela de Rafael y Leonardo da Vinci, pasando por Caravagio, Velázquez, Rembrant y Dalí, entre otros artistas plásticos universales.

Kindle Direct Publishing (KDP) se refuerza




Kindle Direct Publishing (KDP) se refuerza
Con la nueva alternativa de KDP, gratuita, ya no dejará margen a la duda. Además de la opción de “ebook”, también cuenta con “tapa blanda”, o libro impreso. Esta última opción es gracias a una compañía gemela de Amazon: CreateSpace. Esa segunda compañía que funciona para libros en inglés, ya agregó, esa misma herramienta, en www.kdp.com , esta vez en español. Todo aparece sencillo, al alcance de las manos del obrero de la pluma que ya va a dejar de pedirle ayuda a muchas pequeñas editoriales o a pequeños editores inescrupulosos que mienten sin cesar para que les paguen una pírrica edición en formato impreso o de papel.
Desde allí se pueden crear cubiertas con una fotografía, o uno mismo crearla en programas afines como Photoshop, etc., y subirlas a KDP. Esa opción de tapa blanda tiene modificaciones internas. Cuenta con imágenes para libros. La cubierta de tu libro puede variar, y el propio autor las puede ejecutar sin temor a cometer errores. También puede dar marcha atrás y comenzar de cero a la hora de seleccionar una exigente cubierta que constituye el 50 % de la venta de un libro. Realmente la imagen, en la literatura, a veces vale más que el contenido. Funciona como ir bien vestido a una entrevista de trabajo.
Así que ya es hora de echar a andar, soñar en español ya es posible en Amazon o en KDP. ¡Despertad, obrero de la pluma! ¡¡Sí se puede!!

1 de mayo de 2017

EN SU NUEVO ORDEN QUE ESCALA

EN SU NUEVO ORDEN QUE ESCALA
(Soneto en versos octosílabos)

Lleva el aura de su vida…;
en cada fragmento de ella,
eleva el haz que destella
en hada esencia encendida,

que atraiga a su eco asumida
Fe en oda sublime y bella,
Rapsoda el Ser en paz y huella
que arraiga en su gracia ungida;

su encanto une fuente y llama,
se afianza hondo al alma, y exhala
su canto que ufano clama,

en renuevo que obra y cala
en templanza y calma que ama,
en su nuevo orden que escala…

© Carlos Juan Méndez,
Barcelona, 22 de abril de 2017 | 06:26

—C.J.M.

Creación poética, perteneciente al poemario en curso: “En la senda del porvenir”.


Fotografía onírico-surrealista: “We Are Limitless” (Somos infinitos), perteneciente a la serie, “Surreal-ity”, de la fotógrafa y artista plástica hawaiana, Kilie Woon. En la imagen, la misma artista, interpretando y recreando el cuadro escénico.

EN TU AMOR SINFÍN

EN TU AMOR SINFÍN
(Cuartetos en versos endecasílabos)

Grata y bella ocasión de reconducir
mi vida en tu causal y honda ternura,
tras aciaga inmersión en la fragura
de una fase crucial; busco predecir,

mi historia a reescribir en tu universo
fecundo de fruición; y con tu gesto
tierno, puedes asir tu alma en honesto
sentimiento y emoción de erguir lo terso,

por una evolución que hoy recupera
su laudable expresión, hacia un sosiego
que clama su lugar, dejando el ego
sumiso en tu arraigar de vida entera,

que creo en tu amor sinfín y sostenible,
y alba serenidad por lo que busco
en esta senda afín, sin querer brusco
cambio a tu libertad plena e indecible,

buscando en tu bondad que dimensione
mis sueños a abrazar, hacia un sentido
que vamos a alcanzar, en este hoy fluido
que emana tu verdad y se impresione,

en afluente y caudal: fluye y dirime
y vuelca mi ilusión por la esperanza
que enardece raudal en tu confianza…,
en fronda de expresión que me redime…

© Carlos Juan Méndez,
Barcelona, 28 de noviembre de 2016 | 19:20

—C.J.M. 

“En tu amor sinfín”, es la primera entrega, perteneciente a una tetralogía poética dedicada a la redención del ser a través del amor; también, integra, el poemario en preparación: "La senda del porvenir". Espero, sea de vuestro agrado.

Fotograma del film francés: “Pickpocket” (1959), del cineasta, Robert Bresson. En el cuadro escénico, los actores: Martin LaSalle y Marika Green.

Sinopsis: film inspirado libremente en la obra, “Crimen y castigo” de Fiodor Dostoievski, que cuenta la historia de Michel, un carterista que no roba por necesidad como tampoco lo hace por vicio; no es cleptómano, roba para darse a sí mismo un valor, porque el robo es el medio de expresar sus sentimientos.

Sobre “Pickpocket”:

“Qué camino más extraño me ha llevado hasta ti”. Con esta frase que le expresa Michel a Jeanne con las rejas entre ambos, concluye el film “Pickpocket”. A pesar de las rejas que separan a Michel de su amada, por fin siente que su alma es libre, cuando su cuerpo está encarcelado. Y es que en la religión cristiana (seguida por Bresson, más exactamente el *jansenismo), se ve al cuerpo como la cárcel del alma. La película nos cuenta el camino que realiza el alma de Michel para llegar a ser pura y liberarse.


*El Jansenismo, es una corriente de espiritualidad cristiana que tuvo su origen en las ideas de Cornelio Jansen (1585-1638) y que se caracterizaba por una exigencia de vida virtuosa y ascética y poner la salvación en la gracia divina.

30 de abril de 2017

DE AURA INTERIOR


DE AURA INTERIOR
(Soneto en versos endecasílabos)

En su verdad de trascender, espera
su vida ungir de aura interior que espeja
en su sonreír de ahora en albor; refleja,
su voluntad de enardecer nueva era,

deseando dar, el puro amor que esmera
su corazón en todo ser, graceja
suma y razón en su crecer; festeja,
dando lugar a lo mejor que urdiera;

como seguir la superior tersura
y cualidad de embellecer, que atina
a perseguir la fe ulterior que augura,

a la sazón de enaltecer la fina
luz a sembrar de hondo fervor, fulgura
su ligazón a enriquecer divina…

© Carlos Juan Méndez,
Barcelona, 22 de febrero de 2017 | 22:25

—C.J.M.

Este soneto, integra el poemario en preparación: "La senda del porvenir".


© Imagen fotográfica, cedida con entrañable gentileza, por la Sra. Elsa María Tello Marroquín para este soneto.

25 de marzo de 2017

Apuntes sobre el desarrollo socio-histórico del barroco

La célebre ventana del convento de Tomar, cerca de Lisboa, sintetiza muchas de las características que distinguen al barroco

Por Leonardo Venta

Las contradicciones, contraposiciones y singularidades del barroco en el arte, la arquitectura, la música y la literatura, cuya estética viene escoltada generalmente por ideas y presentaciones formales complejas, inquietan naturalmente un hondo ejercicio del intelecto. Notorio, sobre todo por su recargamiento, el barroco encierra en sí la paradoja de un abismal miedo a la falta o carencia. Emana una energía intensa en su proyección hacia un efecto y se libera al conseguirlo.
            Marcado por un afán histórico de desplazar al renacimiento, el barroco, con todo el desdén terminológico de los componentes que le aglutinan y enrarecen, arropa la cultura y el arte europeo de finales del siglo XVI y XVII –así como se espejea y dilata en su perfil americano– para tenderse en las matutinas playas del XVIII.
            Para Mariano Picón Salas, en “El Barroco de Indias.” De la conquista a la independencia; tres siglos de historia cultural hispanoamericana, el barroco “significa oscuridad y primor difícil, frente a la diafanidad y sencillez del opuesto estilo clásico”.  Según Severo Sarduy, en su texto Barroco, podríamos añadirle a su historia, “su represión moral, ley que, manifiesta o no, lo señala como desviación o anomalía de una forma precedente, equilibrada y pura, representada por lo clásico”.
            Los orígenes de la palabra barroco son imprecisos. Podría proceder del portugués 'barocco' o del castellano 'barrueco', que designa a un tipo de perlas de forma irregular.
A su vez, ‘baroco’, con una sola 'r', se refiere al nombre que recibe una figura del silogismo, razonamiento utilizado en lógica, el cual contrasta dos proposiciones o premisas para extraer una conclusión.  
            Caracterizado por su sentido de movimiento, energía y tensión, el barroco, a partir de una percepción de crisis del mundo, manifiesta en la honda desigualdad social, los conflictos bélicos y la miseria, evoluciona hacia la decepción y el desengaño. La sensibilidad del arte barroco, henchido de santos incongruentemente ceñidos a la naturaleza, es para el escritor, periodista y filósofo catalán Eugenio D’Ors “una especie de creencia en la naturalidad de lo sobrenatural, en la identificación entre la naturaleza y el espíritu”.
            La Iglesia católica, uno de los mecenas más significativos del llamado Siglo de Oro, y la Contrarreforma, que se origina para combatir la difusión del protestantismo, contribuyeron a la formación de un arte férvido y deslumbrante, que exalta los sentimientos entrañables con un claro sentido de propagación de la fe católica, en contraste con la austeridad adoptada por el protestantismo.
            D’Ors le atribuye al barroco –en su ambición de renovar la interpretación tradicional del término, como categoría estrictamente histórica y limitada a las artes plásticas, transfiriéndolo a una magnitud filosófica, espiritual, en oposición a lo clásico– el gusto por lo retorcido y fracturado, la dinamización de los contrastes, el movimiento que desafía a la armonía y la estabilidad, la pasión y la creatividad, así como el gusto por lo pintoresco y teatral.
            La descripción que D’Ors ofrece de la muy circulada fotografía de la célebre ventana del convento de Tomar, cerca de Lisboa, sintetiza muchas de las características que distinguen al barroco: "(...) una tendencia hacia lo pintoresco, reemplazando la exigencia constructiva, propia del clasicismo; el sentimiento de la profundidad, adquisición por la arquitectura de un a modo de tercera dimensión. Aquel síntoma, en fin, decisivo: el dinamismo con que se sustituía el gusto por la apariencia de esta estabilidad. Y las ‘formas que vuelan’. Y el empleo crudo de elementos morfológicos naturales. Y, por encima de todo, aquella propensión a lo teatral, lujoso, retorcido, enfático, que la sensibilidad menos ejercitada advierte inmediatamente en lo barroco”.
            El barroco español representa la negación de los valores de la conciencia moderna que el renacimiento europeo encarna para España. Dicho país, bajo la sombra de este estilo, aún cultivaba ciertas formas medievales: gestos y valores caballerescos, la muerte como exaltado consuelo, plebeyismo exuberante, o lo que llama Mariano Picón Salas, 'el preciosismo de la grosería', que ejemplifica a través de Quevedo, “empaque y ceremonia altisonante y burla cruel”. Los extremos son simplemente barrocos en una época que desconoce absolutamente lo módico. Implica, además, desaliento y desmayo, así como el distintivo desengaño español. La idea del “exceso” se cumple en el renacimiento a través de una agudeza reguladora, que ambiciona un excelso ideal estético y de conducta. Sin embargo, el barroco exalta la soledad existencial.
            Para catar lo trágico de dicha aplastante soledad, que implica todo un desvalimiento e impotencia ante lo efímero y transitorio del sino humano, basta escuchar o leer el célebre monólogo de Segismundo en La vida es sueño de Pedro Calderón de la Barca. El hombre barroco es protagonista de una representación dramática llamada existencia; víctima de inapelables fuerzas superiores, desconsolada criatura del trágico implacable bullicio que termina por ensordecer su calma; se sabe débil marioneta de un gran espectáculo diseñado por incomprendidas voluntades superiores. El dolor y el placer son las dos fases de la fuerza discrepante y aglutinadora que le ciñe.
            La consolidación de la Inquisición en Europa como elemento represivo constituye un factor determinante que da fin al renacimiento, originando la necesidad de instauración de un nuevo arte de la alegoría, mediante el cual se intentan encubrir las ideas potencialmente punibles del ingenioso aparato censurador. Se hace tan común el ejercicio de lo figurativo que Juan de Orozco y Covarrubias publica para servir a la gran demanda su Arte nuevo de propagar ideas por la imagen.
            Lo barroco es una especie de actitud intemporal del ser humano ante la vida, que puede manifestarse en el espíritu de cualquier etapa de la historia de la humanidad, pues está implícito en el instinto propio de la naturaleza en oposición a lo clásico, que procura someter tales impulsos a una especie de racionalización. En ese sentido, es libre y liberador en su esencia general y sus propiedades trascendentales.