"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca", Jorge Luis Borges


21 de marzo de 2013

Entrevista al poeta cubano Eduardo Fernández Fernández


Eduard Vladimirovich Ferinov

1.¿Cuándo comenzaste a escribir o te dejaste llevar por la pluma o el lápiz? 

En la adolescencia, como a los 13 años, en Camagüey, mi ciudad natal. Me dejé llevar por una vieja máquina de escribir “Underwood”, donde aún se leía en letras doradas que la había distribuido “La Moderna Poesía”, famosa librería habanera  de Obispo y Bernaza por la década del 20 y que había heredado de mi abuelo. El hecho es que tomé un curso de mecanografía y desde ese momento el teclado con su rítmico sonido me ha acompañado toda mi vida. Claro, aquel teclado de acero del viejo artefacto, hacía un ruido infernal.

Participé en concursos de Literatura en niveles provincial y nacional ya en el Preuniversitario (Bachillerato) y empecé a leer cuanto tabloide o revista literaria había en la Cuba de fines de los 70, que eran muchísimas y a leer desesperadamente, sin mucho carácter selectivo todo tipo de Literatura. Se me conocía por “Pitágoras” por mis habilidades matemáticas, pero no por las que me apasionarían después, las del oscuro filósofo y su selectivo grupo de la proto-racionalidad griega.

Fue la mejor época posrevolucionaria para los que nacimos después del 59. La calidad académica de los Preuniversitarios Urbanos era realmente elevada. Pude leer en la mejor biblioteca del interior de la Isla que había pertenecido al Instituto de Segunda Enseñanza (IPU “Álvaro Morel”), cuyas viejas profesoras de Literatura y bibliotecarias, hacían honor al concepto clásico del librero que ha repetido muchas veces García Márquez.


Es cierto que hubo sesgo informativo sobre la historia prerrevolucionaria, pero los programas eran de la mejor factura. Eso lo digo con total conocimiento de causa, puesto que en Costa Rica, fui docente de Español (no titulado, digamos “pirata”) durante las dos últimas décadas y el deterioro de la riqueza en programas, si lo comparamos con los años 70 y 80, era vergonzoso y vergonzante... Claro esto sale de la pregunta.

En la Universidad de Camagüey emprendí la carrera de Derecho y participé con éxito en eventos nacionales sobre Derecho Registral y Penal, aún antes de haber recibido las materias correspondientes. Pitágoras se estaba convirtiendo en Solón... Pero el Derecho, con su mundo de rigideces normativas y vericuetos laberínticos, no era mi onda. Opté por una beca en la mejor Universidad de la Unión Soviética (“Mijaíl Vasiíevich Lomonósov”), hice estudios preparatorios de un idioma que siempre me apasionó y que algo conocía por los cursos radiofónicos, la lengua rusa y viajé a hacer un curso acelerado de maestría en la Moscú anterior y del momento clave de la llamada “Glásnost’”, dentro de la “Perestroika”.

La más liberal de las universidades socialistas que un cubano  pudiera imaginarse. En aquella época se sucedieron desde L.I. Brézhnev hasta Gorbachov, la muerte sucesiva de tres Secretarios Generales del Politbutó del PCUS (Bréznhnev, Chernenko, Andrópov). Con cada muerte, los cubanitos casi llorábamos, acostumbrados a la idea del culto a la personalidad. Recuerdo a uno de mis profesores que era muy sarcástico (de apellido Nikíforov) que nos consolaba con sonrisas y nos decía en ruso: “No os preocupéis “Aguiluchos”. Han muerto políticos, simples políticos y vosotros seréis filósofos”...
 Era un espíritu de total libertad de cátedra y pensamiento que no nos estaba realmente preparando para el fenómeno del período especial, pero que a la distancia de 30 años, demuestra el fracaso de aquel modelo totalitario de socialismo burocrático... Las discusiones eran de muy buen valor, no sólo en el auditorio docente, sino en la residencia  Nº 1 de Humanidades, donde por orden jerárquico vivían distribuidos en 26 pisos, los estudiantes de Derecho, Filología, Historia y en la cúspide de Filosofía.

El mundo más afín en mi grupo de cubanos, mayoritariamente varones, el coto de caza de las novias, era “Filología”, donde estaban las más cultas y bellas mujeres de toda la Unión y Europa del Este y que, por distribución “natural” tenía una proporción de 80 % de mujeres. Ellas fueron nuestras mejores maestra en temas literarios y extraliterarios, en la complicada lengua de Pushkin y en otras lenguas más...

Allí, con más seriedad y como resultado de las largas veladas del invierno nórdico empecé a escribir poemas, que se perdieron y que imagino eran de una abominable prosa poética, pero también leí el extenso programa obligado de Idioma Ruso, de unas 800 horas oficiales, donde no faltó lumbrera de su genial literatura, algunos convertidos en filósofos, por ese prurito maravilloso de ese conglomerado de naciones, de atribuirse (y con razón) muchas novedades que en Occidente siempre se han visto como patrimonio de los que vivíamos en este hemisferio.

2. Hasta el día de hoy permaneces inédito. ¿No ves a la poesía como algo comercial que aporta dividendos?

Estoy en estado de “virginidad editorial” no por mi propio gusto. Es un fenómeno circunstancial. Una maraña de cuestiones personales, literarias, del lugar donde vivo y del acceso real que he tenido al mundo literario. Vamos por parte, ascendiendo “desde lo abstracto a lo concreto”, como hiciera el viejo Marx en su obra cumbre y que muy poco entienden, el profundo significado de un método analítico que todos empleamos, quizás más vulgar sería decir: “desde la madurez del fenómeno hasta su génesis o causalidad”...

Vale partir que soy un “escribidor” dado a conocer en internet, en momentos de desesperación andropaúsica. Soy un “joven poeta viejo” y mi formación en este sentido se destila no de cenáculos, sino de un autoaprendizaje, donde lo literario, incluso “lo estético”, fue primero  objeto de enseñanza académica hace ya 25 años y después llegarían visitaciones que me han dado ideas personales sobre una “po-ética” personal bajo pseudónimo y muy marcada por la existencialidad, frustraciones políticas, psicológicas, pero con influencias desde múltiples lugares y las influencias siempre preñan.


Seré más explícito. La necesidad expresiva es casi una pulsión de tipo espiritual (yo diría potencial en cada sujeto), pero los medios para concretarla sólo se pueden dar en el toma y daca con el acervo, contexto y con ciertas oportunidades que genera la vida personal o colectiva. Nadie está prefijado como autor. Aquí el margen del azar es amplio, pero sin ciertas condiciones acumuladas, simplemente no se da la síntesis.

Al llegar a Cuba, estaba predestinado como “ideólogo” y profesor de la Doctrina Filosófica Oficial, cuyas disciplinas no eran tan comunes como para la mayoría de las especialidades. En la Universidad de Ciencias Pedagógicas “José Martí”, aunque mi énfasis era en Teología, no necesitaban un profesor del llamado “Ateísmo Científico” y me encasquetaron el programa menos deseado, porque exigía ciertos conocimientos extrafilosóficos y tendría que lidiar con los artistas, filólogos, etc., un personal siempre crítico y críptico (también bien acomodaticio y brutal con sus congéneres) del sistema.

Tenía 24 años (hablo de hace casi 27 hacia atrás) y me dieron el Curso de Estética “marxista-leninista” para el último año de la especialidad filológico-pedagógica de Español y Literatura, donde mis estudiantes (creo que un grupo grande de unos 40 eran damas en la más absoluta mayoría, sólo un varón) y que conocían más de cultura nacional, de movimientos culturales extrasoviéticos, de purgas dentro del medio, etc., que su novel profesor, sólo unos 2 años mayor que ell@s... Fue la debacle, pero el aprendizaje de ambos lados resultó positivo, porque los muertos fueron prejuicios inmolados y no almas humanas.

“Sin querer queriendo”, cantinflescamente, caí en el vórtice del huracán a mediados de la década de los 80, que marcaría el parteaguas en la cultura cubana... Sólo para no alargar mucho el “teque” (relato como “cubanismo” para lectores no isleños), recuerdo que una sola conferencia de 2 horas requería una preparación total y extenuante de dos horarios laborales... Al final el bárbaro se romanizó y Roma se enriqueció con algunas ideas del bárbaro.

Esa situación se mantuvo después en mi cátedra de Filosofía, enemiga histórica de la filológica por años, pero luego me tocó trabajar con los educación musical y plástica y terminé hasta como crítico improvisado de Artes visuales.

A fines de los 80 se me ocurrió unir fuerzas y crear un grupo interdisciplinario para estudios socioculturales, con participación de todas las humanidades y ya había tenido cierto tiempo para pequeños posgrados cortos de sociorreligión repertorio arquitectónico, participación en proyectos de crítica de artes visuales y volví a escribir. Teniendo asesoramiento de profesores poetas que me encauzaron más seriamente en la cuestión.

Había llegado el “período especial” y se escribía en viejas máquinas Olivetti, sin cinta, reciclando papel de conferencias, con papel carbón de pésima calidad y empecé a tratar de reunir poemas. Estos eran muy tradicionales, versos sencillos al estilo martiano, pésimos sonetos, algo a lo Neruda, Guillén, hasta a lo Gabriela Mistral y Benedetti. Con conciencia teórica en el plano general estético de lo que es la Poesía como género Literario, pero sin tiempo en un mundo lleno de interrupciones y carencias, con un hijo pequeño, con poco tiempo para lectura de tabloides, etc.

En 1993 se me invitó por una institución en Costa Rica para un proyecto sociorreligioso. Tuve la suerte de ser uno de los dos cubanos electos y el choque con el mundo tranquilo (aparentemente), democrático (también aparentemente), muy educado en el sentido formal de la realidad “tica”, me encandiló y me quedé en el país.

Los momentos iniciales, mientras funcionó la beca fueron de idilios, luego de cruenta lucha entra la otra compañera cubana y yo por establecernos. Se nos permitió trabajar en una ONG de la Iglesia Católica, cuyos fondos caducaron pronto y desde mediados de los 90 (sin poder equiparar jamás un título de Maestría soviética) he hecho de todo. Lo más  sólido fue trabajar como profesor de Español no titulado y por razones de salud visual entrar a pensión por invalidez por un agravado padecimiento de retinosis pigmentaria, que terminará en ceguera total...

En los 90 debo haber escrito varias decenas de poemas, algunos circunstanciales, la mayoría de tipo existencial y amoroso y algunos en torno al exilio como éxodo, pero tampoco en el maremágnum por sobrevivir hubo posibilidades de sistematizar el esfuerzo... Después de múltiples mudanzas, hasta donde perdí mi viejo pasaporte cubano, libros, escritos, discos de computadora, etc. De ese período queda algo, absolutamente inédito, que si fuera a publicar, aunque sea en internet, reeditaría, porque tienen errores por mí no visibles aquel momento...

En 2012, por pura “chiripa” o casualidad me metí en un  grupo de internet y empecé a ver la realidad del poeta como un oficio muy demandante. Administré en el Grupo Da Capo, con crítica muy impresionista obviamente, hecho que ha gustado y que lo hago con el background académico de un hombre de 50 años.

Sí creo que la poesía puede ser un modo de vida o ser parcialmente un componente de la entrada económica de un autor. Debe haber reconocimiento material en una sociedad global monetizada al extremo.

Con mi pensión que roza el límite de extrema pobreza y gracias a la escuela cubana del vivir en el filo de la navaja y al excelente Seguro Médico de Costa Rica, una entrada como escritor sería una ayuda. Empero, sin prostituirme al actual mundo editorial... Sobre el tema he leído bastante aquí en Costa Rica y sé lo que puede vender desde la óptica de un cubano exiliado, qué se espera de él. 

Por dicha no vivo en los USA y la única opción que tuve, no materializada, fue para hacer estudios de doctorado en un contexto anglo, cuando llegué a Costa Rica. Esa es la parte de ese gran país que me atrae, sin que lo considere la “octava maravilla”. He tenido vínculo de amistad con norteamericanos en Costa Rica y fuera de cierta ingenuidad, me parecen personas excelentes y humanas. No ha sucedido así con mis compatriotas que me han pedido ante todo “Auto de Fe”, cuando en mi madurez y experiencia aquilato los errores de ambas orillas. Esto no es una generalización, pero sí una tendencia en torno a quiénes controlan los hilos culturales en la Isla (una burocracia, a veces muy capaz, pero sobreideologizada) y en el  exilio miamense (donde las ideas de la Guerra Fría, aunque en franca retirada, siguen siendo pendón o traje de domingo).

Por otra parte, en Costa Rica el rechazo tradicional al extranjero de formación técnica o profesional, pues es un país sobresaturado, los estereotipos ideológicos y mucha falta de compromiso o seriedad, no permiten con facilidad meterse en el mundo de la cultura, cuyos presupuestos de hecho están en la cola del gobierno y donde el mercado cultural ha sido colonizado desde los centros de poder o en el caso hispano, desde las tradicionales grandes capitales productoras de valores literarios. Hay un cierto complejo de inferioridad-superioridad que hacen este mundo poco potable.

Por último y esto lo digo con miedo, ninguno de mis textos ha sido acreditados con Derecho de Autor, a no ser la cláusula del blog “Ermita del Hereje”, que inmediatamente lo incluye en cierto patrimonio difuso de la multinacional de la información “WordPres.com”. 

3. Eres cubano costarricense. ¿Crees que el escritor cubano nacido después de 1959 que no sea autor de una obra de realismo es anacrónico?

La respuesta es frontalmente anti-estereotípica: “NO”.

Aquí, a mi juicio, hay un error de interpretación. Como sujeto que quiere escribir sostengo la bandera del “compromiso” con mis ideas y credos o credenciales, como prefiero llamarlas. Otros, antes, ahora y siempre pueden coincidir conmigo. Ello no es un dogma estético, ni un rasero obligatorio, es una preferencia personal, algo así como el respeto a una “preferencia sexual” libremente establecida.

El término “realismo” es equívoco. El compromiso con la realidad no ha de ser la “verosimilitud” del texto con el contexto o los prototipos de los cuales se parte... Esta en la estética, incluso la de raíz marxista, es una discusión zanjada... 

El más doloroso discurso poético existencial con visos posmodernos, si se conoce el contexto del poeta refleja en su totalidad el hecho de “realisticidad” (“realistichnost’”, en mi fuente rusa) del autor, quien en toda su enorme capacidad creativa tiene un hilo a veces invisible, pero existente que lo une, como cordón umbilical, con la contextualidad que lo potencia.

No hay método o estilo preferencial para reflejar una época. Hay autores y visiones en torno a una realidad compartida. Hay juicios de valor siempre, de acuerdo o desacuerdo con las realidades.

Incluso una relativa literatura que se “evada” del compromiso es un modo, aunque del lado anverso, de asumirlo...

Hay que cambiar el espíritu de trinchera (que es político) del conocido “Discursos a los intelectuales” de 1960,  reformulándolo como sigue: “Con y contra la Revolución (en el 2013), siempre que subyazca dolor humano, alegría, resquemor, TODO DISCURSO ARTÍSTICO ES VÁLIDO”. Los únicos encargados de decantar el “todo” matizado son los actores extraliterarios de esa realidad, en su evolución e involución.

Quiero abundar. Muy poco de nosotros habíamos nacido en 1960, yo diría que ninguno. Lo que sí es cierto es que fue un momento crudo, de atrincheramientos y lo político preñó lo artístico. NO hay proceso revolucionario donde esto no suceda. Hubo represión de todo tipo, manipulación de ambos lados, censuras y autocensuras cuyos ecos a 53 años aún se escuchan... En ese convulso momento, donde sólo hay negro y blanco, donde los matices no se ven, el texto político con repercusión de programa artístico, tiempos después fue perdiendo su sentido. Hoy es documento histórico, pero no se puede usar como camisa de fuerza. Los contextos son disímiles y los actores son otros.

Hoy se necesitan todos los enfoques posibles, todas las poéticas posibles. El juez o los jueces no son los autores, será el lógico devenir cultural de una nación, sobre la cual sí puedo decir algo que creo, que es bastante intolerante con el punto de vista opuesto de cada lado. Que tiene que desarrollar las habilidades de eso que las ciencias psicológicas y pedagógicas hoy llaman “inteligencia emocional”. Y si alguien tiene duda, le invito a entrar en mi muro y ver las bellezas que recibí hasta de familiares porque expresé mis condolencias el día de la muerte de Hugo Chávez.

¿Quién me ha ensañado la mesura, el respeto al otro, el valor de la tolerancia, que a veces los cubanos denominamos “hipocresía”? Mis dos décadas de vida en Costa Rica, donde pocas veces, ni en momentos cruciales, la sangre llegara al río. Por eso y otros afectos, por mi autoformación en esta tierra, es que me considero cubano-costarricense, incluso a contrapelo de las dos fuentes, que siempre me ubican en la otredad.

4. ¿Consideras que algunos escritores en Facebook o redes sociales confunden fetichismo con literatura en aras de sus promociones literarias?

Las redes sociales y Facebook es un paradigma que en términos de difusión cultural cierra la llamada “era Gutemberg”, con la invención de la imprenta y como dice el nonagenario sociólogo judeo-polaco Z. Baumann nos está conduciendo de un mundo de valores estatuidos o refrendados por instituciones, ritos, prácticas (valores “sólidos”) a la licuefacción de las relaciones humanas (valores “líquidos”).
Si esto se está introyectando en toda la vida humana o de aquella parte no excluida de estos medios de la humanidad, la producción, circulación y consumo de las obras literarias no pueden quedar fuera de sus tentáculos.

Una parte temática de lo que escribo, en especial al lado afectivo de los contactos humanos, tiene que ver con ese tremedal en que todo parece hundirse bajo nuestros pies.

De hecho, son tendencias o fuerza supraindividuales las que obligan al autor no sólo a escribir, sino a escribir en aras de las redes, donde la retroalimentación es instantánea o a modelar su séquito de lectores, quienes a su vez dialécticamente lo modelan a él.

El empleo de la idea de literatura “fetiche” puede ser atinado en una primera aproximación, porque lo que estamos a veces presenciando no es la natural expresión o extroversión del rico mundo subjetual e imaginal interno del creador (en este caso el poeta), sino un producto que se elabora con una finalidad extraliteraria: “gustar” hedonistamente al público seguidor y potenciar esos constantes ciclos hedonistas, que en definitiva pueden ser otro modo de autofabricarse no como valor auténtico “en sí”, sino como creador de fetiches a ser consumidos placenteramente por otros...

El proceso no es nuevo, ya viene existiendo hace decenios y en especial, en otras esferas donde el fetiche es más objetual, como es el caso de las artes visuales “duras” o “nobles” (cuadros, esculturas, edificaciones), y en la industria disquera con toda su parafernalia.

Es un hecho que las grandes editoriales en papel tienen su planta de autores reconocidos y consagrados, justamente “talentos”, “genios”, buenos escritores”, en especial en géneros como narrativa y ensayística que se cotizan y algunas o muchas obras se elaboran prefinanciadas, como “nobles becas”, como encargo.

En la poesía el sistema era menos funcional, pero los premios y recitales, incluso grabaciones, no han dejado de jugar ese papel. (Eso entra en la siguiente pregunta)

Por último, creo importante acotar que con estas tecnologías. La inversión de capital que se adelantaba después de la aparición natural de un autor, en promocionarlo, editar sus textos y generar el lector cautivo, una página de internet o un blog, aún tan poco visitado como el mío hubieran hecho las delicias en el contacto con el público de grandes y muy “reales” autores de la mejor poesía del pasado.

Lo triste del proceso es que los autores “jóvenes” o “inéditos” o “jóvenes viejos” no podemos luchar contra la corriente y muchas veces sucumbimos... Por mi experiencia en pocos meses, creo que esos autores deben concentrarse en su obra y no escribir o sacar todo lo que escriben para llenar estadísticas y que una valoración como “me gusta” o “intenso” a veces no muestran mucho... LA LEES, LA AGRADECES EDUCADAMENTE Y SIGUES TU CAMINO.

5. ¿Para ti el premio literario hace al escritor o lo consagra ...?

Pregunta dicotómica como se dice en Lógica Formal, exige respuesta matizada. Veamos:

Los premios literarios son un modo de reconocer trayectoria de un autor o resultado de una convocatoria ante la cual se envían (se supone que bajo pseudónimo) las obras literarias. Sus jurados parten de un código complejo de valores preestablecidos y no son exentos de las manipulaciones extraliterarias las ideologías, las concepciones del mundo, determinados sistemas sociales o directamente del poder directo o mediatizado. En este sentido: hay premios y premios. Sin deseos de parcializarme.

Su característica es la distinción de una obra o autor en detrimento de otras u otros. Lo cual, por naturaleza suele generar opiniones anuentes y divergentes.

Anécdotas sobran y no es el espacio.

En Teoría y bien empleados dentro de contextos que comparten elementos de cierto nivel de democracia aceptada, son una especie de fotografía (lógicamente siempre subjetiva) del estado actual del proceso literario, de sus  tendencias, novedades, metodologías, etc.

Empero, si nos salimos de las buenas intenciones que persiguen, de sus objetivos ideales, puesto que son obras humanas y de colectivos (cenáculos. determinadas burocracias, intereses extraliterarios de patrocinadores, editoriales. revistas, etc.) no es extraño que se hagan visibles sus sesgos y que generen ambientes poco camaraderiles o en el mejor de los casos componendas para enriquecer determinada currícula hoy y otra mañana.

En lo individual y en buena lid, un premio bien otorgado, por el reconocimiento social, la amplitud de horizontes y los medios bien empleados puede redundar en beneficios a la obra de un autor, puede ser un buen “empujón”. Aunque el premio en todo caso culmine el proceso finito de su trabajo y muchos autores no trabajen en aras de ese tipo de consagración.

En fin, el premio complementa al autor, ayuda a la extensión de un publico potencial que de otro modo lo daría por anónimo, pero no “lo consagra” en un sentido lato y menos “lo hace”.

Lo que importa es el impulso interno y a veces a contracorriente que convierte a una persona que maneja las convenciones de un género, que posee su propio mundo imaginal, su ética y poética a realizarlo como necesidad de vida.

Esto último es la diferenciación entre el autor como artista (en el sentido de creador de su propia obra, como artesano del verbo) y el escritor “industrializado” como tornillo de la máquina editorial o marca masiva de consumo general, cuya genialidad, salvo casos excepcionales pudieran cuestionarse. En esta última categoría quedarán ciento de obras de escritores del “bestseller”, a diferencia de los verdaderos clásicos que innovan y siempre resultan en su universalidad humanista actuales, no importa la época.

Te agradezco la gentileza, amigo “Rincón Literario”, de permitirme expresar mis heterodoxos puntos de vista.

Eduardo Vladímir Fernández Fernández
San José de COSTA RICA, Centroamérica
18 de marzo de 2013





1 comentario:

  1. Muy interesantes, tanto las preguntas como las respuestas.

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"Criticar no es morder; es señalar con noble intento el lunar que desvanece la obra de la vida", José Martí.