"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca", Jorge Luis Borges


1 de septiembre de 2010

Ese carnaval nuestro

Autor: Leonardo Venta



Una de las teorías más interesantes en la crítica literaria es ‘la carnavalización’, que se traduce, para decirlo con sencillez, como risa, parodia, comicidad… Según el diccionario de Retórica y Poética de Helena Beristáin, le debemos al filósofo ruso Mijaíl Bajtín “su más amplia y rica descripción tipificadora”.
Se trata de una postura en la creación artística que hace hincapié en lo popular, lo cómico y lo grotesco. Bajtín percibe la literatura realista del Renacimiento como una visión carnavalesca del mundo con dos rostros: uno, el que proviene de la tradición popular; y el otro, el típicamente burgués, basado en un modo preestablecido y, por consiguiente, nada espontáneo.
Según el erudito, ambas formas, paradójicamente, se contradicen y complementan. El carnaval se ríe de lo serio, lo oficial, lo institucionalizado. La risa del pueblo violenta la rigidez de las elites sociales; sin embargo, ambas marchan cogidas de la mano en una mezcla de sensata locura. Se atraen y, al mismo tiempo, se repelen.
Para Bajtín, existe un nexo entre las formas de comicidad popular y lo grotesco de la realidad. La universalidad de la risa va más allá de la sátira, esconde su voz de protesta en lo cómico.
Nikolái Gógol, un maestro de la literatura humorista, plantea que la sociedad no acepta la risa como una manifestación genuina del hombre. Según Gógol, ésta necesita para reconocer la autenticidad de una idea desasociarla de lo hilarante.
El mundo serio, legalizado, y el mundo cómico, caprichoso, divagan por senderos en que la risa se alza, a veces, y se ve obligada a ocultarse, en otras. Lo absurdo de esta contradicción viene en lo que amamos y despreciamos, la báscula que ejercita y unifica lo interno(lo que escondemos) y lo externo(lo que hacemos patente).
El carnaval (la parodia), con sus estridentes carcajadas, no sólo quebranta las normas, sino también niega lo absoluto. El juego carnavalesco está en el choque entre lo aparentemente insignificante y lo serio, entre la verdad y la mentira, entre lo que se siente y se dice, entre lo que se afirma y no se siente, entre lo que es y no es.
La risa emana en este juego complejo y relativo como la existencia misma. Se parodia todo. Lo percibimos en la televisión, en los chistes entre compañeros; aun en las reuniones más solemnes, en tono bajo; incluso, en el brillo burlón de una mirada.
La risa vivifica, envilece, invierte órdenes, corona sueños por un instante; en ocasiones, se vuelve seria. Tanto en nuestra literatura como en nuestra sociedad, sobreabundan los bufones, los locos, los tontos, los pícaros, los desenfrenados, los torcidos… De ellos nos burlamos para burlarnos un poco de los males y debilidades que nos asedian.
Como pronuncia uno de los éxitos de Celia Cruz: “La vida es un carnaval”. Esta artista, con su azúcarrrrrr siempre en los labios, fue un buen ejemplo de ese carnaval que nos hemos ideado, o nos han delineado.
Con sus vestidos y pelucas multicolores, pero sobre todo con su sonrisa omnipresente, Celia destejía tristezas a su paso. Nunca sabremos cuán real fue su contagiosa alegría. Lo que sí sabemos es que con su presencia nos hizo participe de ese su carnaval nuestro.

Tristeza dulce (poesía)

Autor: Tony Pichs

Tristeza dulce, voy detrás de tu senderos
con los olores que deja el tiempo,
de manos atadas con tu belleza.
Extrañaré las arboledas que forman mi alma
y con la inocencia que traen mis zapatos
te abrasaré hasta el infinito de mis días.
Estaré sediento de suspiros en oscuros rincones
recordando los azules días y las blancas margaritas
que durmieron en mis cantares.
Dulce tristeza, vieja amiga, escondida amante,
has de mí una nueva vida, has de mí una fuente fluida,
lleva a mi corazón doradas abejas,
y con su dulce miel permíteme navegar por cien mares.
Demos ese largo viaje que tanto esperábamos entre cortinas amarillas
he invitemos a las hormigas y a los puentes a desenredar los vientos oscuros
que nos separan.
Tristeza dulce, te oigo cerca, mis manos ya mienten
amablemente acaricias mis errores, nunca me niegas la próxima poesía triste
nunca llegas inútilmente, siempre me salvas de mi propia verdad.
Poco amo ya sin ti, eres parte de mi poca vida
no es tan malo saborear tus laderas
Incluso, saborear nuestra soledad, me da vida

La Habana en dos películas de Gutierrez Alea

El protagonista de Memorias del subdesarrollo, Sergio Corrieri, contempla su sacudida Habana desde un catalejo




Autor: Leonardo Venta



Tomás Gutiérrez Alea, Titón, el más laureado director cubano de cine, y uno de los más destacados en Latinoamérica, cuenta en su haber filmes como "Las doce sillas" (1962), "La muerte de un burócrata" (1966) y "Memorias del subdesarrollo" (1968).
Son asimismo notables sus realizaciones "Los sobrevivientes" (1978), "La última cena" (1976); así como "Fresa y Chocolate" (1993), premio Goya de la Academia de Cinematografía Española y nominada para el hollywoodense Oscar; y "Guantanamera" (1995), ambas codirigidas con Juan Carlos Tabío.
“Memorias del Subdesarrollo”, cuyo guión se escribe a partir de la novela homónima de Edmundo Desnoes, es el monólogo de su protagonista, Sergio Corrieri, que aborda con audaz y temprana reserva la problemática posrevolucionaria de Cuba. Sergio, un intelectual burgués, se transforma en alienado testigo impotente de los bruscos cambios operados en su medio.
“Fresa y chocolate”, basada en el cuento de Senel Paz, “El lobo, el bosque y el hombre nuevo”, marca una evolución decisiva en la trayectoria de Titón. El filme denuncia por primera vez la actitud de intolerancia del sistema cubano con los homosexuales, además de apuntar hacia otras obvias arbitrariedades oficiales.
Diego, un chispeante y culto joven homosexual, se enamora de David, prejuicioso, heterosexual y comunista. La relación evoluciona del rechazo a una admirable amistad en que los valores solidarios y la tolerancia se imponen a ideologías y preferencias sexuales divergentes.
“Fresa y chocolate” desconcierta, al aparentemente burlar la notoria censura del régimen cubano, abriendo cuestionamientos que especulan la posibilidad de una apertura en la isla, la incólume condición de vaca sagrada de Titón, o un ardid del propio sistema para menguar su mala reputación de intransigente.
En una entrevista durante la filmación de esta película, el ya desaparecido Titón declaró: "Para mí el cine sigue siendo un instrumento valiosísimo de penetración de la realidad (...) Te da la posibilidad de manipular distintos aspectos de la realidad, crear nuevos significados y es en ese juego que uno aprende lo que es el mundo".
Lo oculto es develado mediante logradas metáforas cinematográficas. Cuando David - el joven revolucionario en “Fresa y chocolote” - repasa con su mirada la sala del apartamento de Diego (el homosexual), opera una síntesis visual de la historia de Cuba, de su gloria pasada, de su realidad perdida, sugiriendo la crítica intuitiva que el espectador debe procesar por sí mismo.
La crisis de conciencia del Sergio de “Memorias del subdesarrollo” se repite en el Diego de “Fresa y chocolate”, a pesar de que entre ambas cintas median veinte y tantos años de diferencia. La culpabilidad y el ostracismo del primero se abanican en el segundo. ¿Concomitancia? ¿Ambages inculpatorios?
El protagonismo de la entrañable y sufrida Habana, cuyo encanto palidece ante el deterioro, es otro de los rasgos que comparten ambas cintas. Titón parece llamarnos a la concienciación de lo que se está perdiendo. Sin embargo, Diego y Sergio manifiestan sus deseos de sobrevivir en una urbe estampada por la paradoja del esplendor más acallado y el cataclismo más palmario.
Por lo demás, la capital cubana evoluciona en el tiempo en ambas cintas. La última se acerca más al caos, marcado por la amenaza del colapso del campo socialista, los estragos devastadores de los años y la falta de mantenimiento de sus edificaciones.
Al decir de Tomas Gutiérrez Alea: “El cine no puede evitar nutrirse directamente de aspectos de la realidad y conformar con ellos una obra, que por fuerza tiene que tener una significación y una incidencia sobre la realidad misma”. Con genio y maña artística, este gran cineasta ha dejado huellas de una Habana que se desmorona a la par que su gente.

Todo pasa como un sol entre tinieblas (poesía)

Autor: Francisco Muñoz Soler, poeta español

Todo pasa como un sol entre tinieblas
lleno de residuos de amor y deseo,
de insatisfechos deseos, hijos lúdicos
de nuestra fe y nuestra zozobra.
Todo pasa tan próximo y tan lejano,
infrenable, sólo quedan algunos enervantes
instantes que sacudieron nuestro semblante
sensaciones de vida que llenan nuestros recuerdos.
Lo perverso de nuestra existencia
es la contradicción que prima a la vez
las fuentes de nuestro placer
y nuestras dolorosas angustias.
Porque lo hermoso de la vida
es que cada instante es irrepetible
cada acción es un paso hacia la muerte
un sorbo de placer sin retorno y desdicha.

De El sentido de ser, 1986

Una forma diferente de teatro

Por Leonardo Venta




El teatro postmoderno se caracteriza por su intensa oposición al funcionalismo y racionalismo que marcó la llamada era moderna, así como replantea las formulaciones ya establecidas, al mismo tiempo que propone otras novedosas.
El eclecticismo es un rasgo esencial de la postmodernidad en ese intento de conciliar disímiles manifestaciones del pensamiento, en lugar de seguir lineamientos rígidos. Otro aspecto que precisa los postmoderno es la manipulación de ciertos elementos lingüísticos, como el vaciar la palabra de su valor semántico original para que el espectador sea quien le confiera su propia interpretación. Un signo puede archivar innumerables significaciones.

Ozono, el olor de la lluvia en el aire... (poesía)


Autor: Carlos Barbarito

Ozono, el olor de la lluvia en el aire
y mi miedo que augura el Diluvio
mientras ando lejos de la casa;
me veo en una ciudad sumergida
y ahogado entre los ahogados,
a la deriva y con los ojos abiertos.
¿Qué más remoto ahora
que aquella mano sobre mi cabeza,
la mínima luz, de lámpara o vela,
que alumbraba el calendario
que siempre anunciaba manifestación
y milagro, la Epifanía?

Me siento anclado en el pasado (poesía)

Autor: Francisco Muñoz Soler


Me siento anclado en el pasado
noto mis ilusiones añejas
y son la luz de mis dichas
que se desvanecen sin remedio.
No quiero aislarme del mundo
mortificarme en mis dudas
ser engullido en las cenagosas
lindes de mis negros pensamientos.
(Quiero vivir). Ser querido
rodearme de armoniosa amistad
sentirme dichoso de amar.
¡Descubrir que no es solo un sueño!
Realizarme como ser humano
sin lucros ni hipocresías
es cuanto pretendo en esta vida.
¡Qué satisfacción sentirme vivo!

Cerca del mar (prosa poética)

Autor: Tony Pichs

Antes que la sequía consuma mis pecados yo los contaré primero y, antes que el barro tape mis sienes, les contaré a los fantasmas algunos momentos felices, pues la impecable muerte nos espera y en algunas páginas quedarán escritas mis memorias donde mis errores y algunas virtudes extensas y tan solas como el cielo, juzgaron por sí solas mis acciones.
Sustento que reforcé tus venas con mi piel, que tus locos pechos llegaron hasta el fondo de mis sueños, que de no haber sido por ti, no hubiese algún reflejo de mis ojos en los espejos, que el llanto se fue no sé a dónde, se rumora que al desierto porque aquí en mi almohada florecen tus besos.
Contaré de algunos errores que quedaron secos como el árbol del patio de mi casa, perdí el día que pensé tenerte y la juventud no escuchaba de los rumores de la muerte, otras mujeres desordenaron mi cuerpo en un umbral de fuego, que como volcán abrazaban toda mi pasión, pero tú, sólo tú, lograste ser el alba que trajo el amor a mis hombros.
Florecerán los besos escondidos y los escogidos, permanecerán; las eternas noches perfumadas, quedarán; las pasiones y desgracias enmarcadas como enseñanzas a otros que crean en el amor como el nuestro.
Déjame que hoy me vaya con las flores que una vez me trajeron a tus brazos, en ellas florecerán los besos sobre las sábanas e iré al mar pues cerca del agua te quiero sentir, allí nací y es allí donde quiero dejar mi esencia.

LOS INCULPADOS (cuento), de Pedro Merino

Pintora colombiana Patrizia Corzo
título: Dominus Dea
óleo sobre lienzo
170 x 120 cms

Autor: Pedro Merino

I

Fuera del perímetro de la Unidad Militar, un civil rondaba. Se aproximaba a la cerca. Veía por los agujeros la despensa, al lado del comedor. Hacía varias semanas esperaba un cargamento de latas de carne rusa. Aquel día observó que sacaban latas mohosas. Las trasladarían hacia un pozo ciego, donde las incinerarían. Muchos años guardadas para tiempo de guerra. El oficial responsable confundió la fecha de vencimiento. No le dio curso a tiempo para renovarlas por el nuevo surtido.
El civil se ocultó en la manigua. Dio vueltas por los caseríos. Se preparaba para la ocasión, mientras escuchaba las voces de los militares. Esperaría el horario de la comida. Más tarde el comedor quedaría desierto. Sólo la posta: el vigía que pensaba en la calle, contaba las estrellas, chiflaba. Tal vez encendería un cigarro después que pasara el oficial de recorrido. Miraría entre la oscuridad, sin miedo, con el fusil diagonalmente recostado al abdomen. Nadie se atrevería a cruzar el sector que custodiaba. Lo acabaría con los proyectiles fosforescentes que ubicaban la dirección del objetivo en la noche.