"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca", Jorge Luis Borges


9 de septiembre de 2026

Miguel Angel Fraga y su eco literario

 EL empuje literario de Miguel A. Fraga es, originalmente, En un rincón cerca del cielo: Entrevistas y testimonios sobre el SIDA en Cuba (publicada primero por Aduana Vieja en 2008 y reeditada por Ilíada Ediciones). Este libro supuso un monumental quiebre del silencio oficial en la isla al estructurarse como una obra polifónica y descarnada. A través de crónicas, entrevistas y vivencias personales, Fraga reunió las voces de pacientes, familiares, médicos (incluido el director del programa, el Dr. Jorge Pérez), psicólogos y enfermeras. El libro retrató de manera transparente la paradoja del sistema de sanatorios cubanos: por un lado, una atención médica y de alimentación de primer nivel para la época; por el otro, el drama del internamiento forzoso, la pérdida de libertad, el estigma social y las celdas de castigo internas. . En plataformas como Amazon, Miguel Ángel Fraga ha logrado internacionalizar y autopublicar varios de sus títulos, alternando el drama testimonial con una mirada irónica, satírica e hilarante de la cotidianidad de su país natal.

 Entre sus títulos principales se encuentran:No dejes escapar la ira (2001): Una de sus primeras aproximaciones narrativas sobre el impacto del VIH. Sabor  Bolero, Arroz con frijoles, y Olvidó que me quería: Novelas enfocadas en retratar el día a día cubano a través de elementos del vernáculo popular, la música y el humor caribeño.   Diario de un sobreviviente (2018): Basada directamente en los diarios personales que escribió durante su reclusión sanatorial, descrita por la crítica como una metáfora cruda de una Cuba vigilada y dividida.   Hivernation (2012): Texto que explora la realidad del Sida, pero desde la óptica de su experiencia en la sociedad sueca. Colaboraciones  y conexiones con el cine en Cuba. La relación de Fraga con el audiovisual y las artes escénicas ha sido sumamente estrecha, destacando principalmente dos vertientes:Su impacto en el filme El acompañante (2015): La investigación y los testimonios plasmados por Fraga en En un rincón cerca del cielo sirvieron como una de las bases históricas y de veracidad fundamentales para la aclamada película cubana El acompañante, dirigida por Pavel Giroud. El largometraje recrea la vida de los pacientes en el sanatorio de Los Cocos y la figura del "acompañante" (el custodio asignado a los enfermos para salir brevemente al exterior), una realidad que Fraga documentó detalladamente mediante entrevistas. Ambos autores han realizado conversatorios conjuntos que entrelazan el cine y la literatura para visibilizar este pasaje histórico de la isla.  El  teatro y los documentales en los 90: Dentro del propio sanatorio, Fraga fundó el taller literario "La montaña mágica". Además, escribió un laureado monólogo teatral sobre el transformismo y el VIH titulado Gunila. En 1995, la puesta en escena de este espectáculo en Cuba se inauguró con la proyección del valiente documental Y hembra es el alma mía, de la realizadora cubana Lizette Vila. 


Una aclaración que vale recordar sobre su vinculación e influencia , desde otra perspectiva, en la laureada película cubana El acompañante (2015), dirigida por Pavel Giroud.   Aunque Miguel Ángel Fraga es un reconocido escritor y dramaturgo cubano, su colaboración en este filme no se dio propiamente como actor o guionista, sino a través de su obra testimonial e histórica respecto al VIH/sida en Cuba. Detalles de la colaboración e impacto:Base documental: El largometraje de Giroud se ambienta a finales de la década de 1980 en el sanatorio militarizado "Los Cocos", donde se confinaba obligatoriamente a los pacientes seropositivos en Cuba. Miguel Ángel Fraga vivió esa realidad en carne propia y la plasmó ampliamente en su literatura testimonial, de manera muy destacada en su libro En un rincón cerca del cielo (2008). El volumen de Fraga: El texto recopila entrevistas y testimonios directos de médicos, pacientes, familiares y de la figura real de "los acompañantes" (personas asignadas para vigilar a los enfermos cuando salían del sanatorio). Este material sirvió como una de las fuentes de información más claras para que la producción del filme estructurara la representación fiel de la época. 

Eventos conjuntos: Debido a esta profunda conexión temática, tanto la película de Pavel Giroud como el trabajo literario de Fraga (incluyendo su otra gran obra sobre el tema, Casa cercada, Diario de un sobreviviente) han sido presentados e integrados de forma conjunta en diversos foros internacionales de cine y literatura bajo coloquios dedicados a analizar el impacto del VIH en la sociedad cubana. 

22 de noviembre de 2018

Un guiño a la gratitud

"El agradecimiento es la memoria del corazón”, Lao-tsé.


Por Leonardo Venta 

"La gratitud, como ciertas flores, no se da en la altura y mejor reverdece en la tierra buena de los humildes".  
José Martí 

            En nuestra sociedad estadounidense, más que en ninguna otra de las que yo tenga conocimiento, damos las gracias por casi todo y constantemente. Las damos personalmente, por teléfono, por correo postal y electrónico, en las redes sociales y otros medios. Por lo general, lo hacemos instintivamente, por puro formulismo, como una simple norma de urbanidad, carente de suficiente sinceridad. El legítimo agradecimiento va más allá de la mera cortesía.
            En contraste, la ingratitud sigue multiplicándose. Es una forma de egoísmo, un defecto incluso mayor que la envidia. “No des a nadie lo que te pida, sino lo que entiendes que necesita; y soporta luego la ingratitud”, son palabras de Miguel de Unamuno. José Martí, mientras preparaba la Guerra de Independencia de Cuba, escribió en una misiva dirigida a Máximo Gómez: “… no tengo más remuneración que brindarle que el placer de su sacrificio y la ingratitud probable de los hombres”.
            Comúnmente, el que otorga favores espera reconocimiento. No se trata de recibir el favor de regreso, sino de recoger muestras de gratitud. Sin embargo, no siempre se reciben dichas manifestaciones. Existe una gran diferencia entre dar las gracias y el estar agradecido. El filósofo chino Lao-tsé afirma que “el agradecimiento es la memoria del corazón”. Agradecer, en cierto sentido, es recordar. “Nadie da gracias al cauce seco del río por su pasado”, sentencia Rabindranath Tagore.
            En la obra cumbre de la literatura española, leemos en la carta que le envía don Quijote a Sancho, al ser nombrado el singular escudero gobernador de la ínsula de Barataria: “Escribe a tus señores y muéstrateles agradecido; que la ingratitud es hija de la soberbia y uno de los mayores pecados que se sabe, y la persona que es agradecida a los que bien le han hecho, da indicio que también lo será a Dios, que tantos bienes le hizo y de continuo le hace”.
            Hay seres que ignoran (al menos así lo aparentan) las mercedes recibidas, o las retribuyen con prisa para no quedar moralmente endeudados. “Demasiado apresuramiento en pagar un favor ya es una muestra de ingratitud”, afirma François de la Rochefoucauld, autor francés del Siglo XVII, célebre por sus máximas morales.
            En ocasiones, la amargura causada por la envidia recibe las dádivas como ofensas. Otros consideran el agradecimiento como una muestra de debilidad, de sentimentalismo, es decir, una manera de otorgar a los sentimientos la dirección de la conducta. Existe el caso de aquellos que reciben favores como si se les pagara una deuda. Los peores pagan con la traición.
            Existen dadores, aunque parezca extraño, que pueden hacer más mal que bien al brindar ayuda. Se puede dar para resaltar una generosidad inexistente. "Por eso, cuando des a los necesitados, no lo anuncies al son de trompeta, como lo hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles para que la gente les rinda homenaje. Les aseguro que ellos ya han recibido toda su recompensa" (Mateo 6:2); algunos, después de ayudar, se lo echan en cara a los beneficiados, humillándolos; lo comentan por doquier o emiten juicios que violan la intimidad de los receptores del aludido favor.
            No hay mejor obsequio que el desinteresado, fomentado en la relación vencedor-vencedor, en la que ambas partes se benefician. Debe causar la misma satisfacción dar que recibir. Toda ayuda que rebaje la dignidad y estima personal de quien la reciba, es indigna. Por eso, debemos saber cómo pedir y ofrecer.
            Cuando ofrecemos, no debemos esperar nada a cambio y realizarlo con alegría, tal como lo sugiere el apóstol Pablo: "Cada uno debe dar según lo que haya decidido en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al que da con alegría" (2 Corintios 9:7).
            Del mismo modo, es saludable recibir con humilde gozo y gratitud. Aunque no nos lo propongamos, siempre recibiremos favores (somos entes sociales); de la misma forma, nos veremos involucrados en situaciones que nos presionen a otorgar ayuda.
            En esta celebración a la gratitud y el amor, cuyo irrefutable origen es honrar a Yahvé –"Dios Padre, de quien todo procede y para quien somos nosotros, y un solo Señor, Jesucristo, por quien son todas las cosas y nosotros también" (1 Corintios 8:6) –, nos preguntamos: ¿qué lugar ocupa la gratitud en la lista de nuestro sistema de valores éticos?

Cuerpo de espiritu (novela de realismo magico, ciencia ficcion, e historica)


Nota: clic sobre el titulo para ir AMAZON

CUERPO DE ESPIRITU, fragmentos. Novela disponible en inglés.

Gary tosió un poco. Había tragado un poco de agua. Volvió a coger el objeto. Le resbalaba entre sus manos.  Pudo asirlo por una parte que se había dejado coger como si fuera un pez ciguato o borracho. Por un instante creyó que el objeto cobraba vida o tenía algo similar a baterías en su interior que lo hacía moverse. Al rato lo perdía. Se le perdía a través del roce con las yemas de los dedos. Febles no podía creer que pudiera ser un pez extinguido o una nueva especie aún por descubrir. Juró que jamás había visto algo así, atrapado entre arrecifes y luego emerger y moverse por las ondas del mar y las suyas, sí, y las suyas.
Se mueve, ¿se mueve?
No, tío. Es la corriente marina.
Gary se reía como un muchacho que había encontrado un juguete extraviado. Solo que ahora tenía que hacerlo suyo. De su propiedad.
Claro que sí, repetía, es mío, mío. Lo encontré yo.
Para que sea tuyo, expresó Febles, tienes que nadar hasta aquella orilla.
Dónde... ¿allá?
Febles le señaló un punto de la costa por donde podía acceder a un trillo. Desde el bote tenía una mejor ubicación del itinerario. Le pidió calma a su sobrino. Que no lo abandonaría, pero que no podía subir el objeto a bordo.
Al cabo de unos instantes, Gary se dio cuenta que el objeto reposaba sin preocupación como él. Se había dejado domesticar como una mascota. Solo faltaba que hablara o emitiera un gemido.
Comenzó a nadar como un profesional, con estilo libre, a la vez que empujaba con su cabeza el objeto. Febles lo siguió mientras pudo. Por detrás del bote Gary nadaba en dirección a una parte de la costa donde no se divisaba a ningún bañista.
Febles desistió. Ya no podía cubrirlo más. Pensó que era copartícipe de un robo. De algo que tenía que devolver. Recordó las veces cuando su sobrino le hablaba de la fragata española Navegador. También dudó que ese raro objeto perteneciera a ese barco español. Volvió a pensar en  tantas cosas que le dio unos dolores de cabeza. Creyó que todo le daba vueltas: el bote, los guardacostas, su privilegiada licencia de pescador, los bañistas, un buzo furtivo que vio rondar próximo al bote y muy cerca de Boca Chipiona, su sobrino, y otra vez el mentado objeto que no sabía su estructura, pero que ´podía ser un baúl de media braza, sí, debe medir media braza´. 
¡Recuerda envolverlo bien!, le gritó a Gary.
Casi no lo escuchó. Seguía nadando a estilo libre mientras empujaba el objeto con su cabeza. Supuso que debía envolver el regalo del mar en un saco de yute que Febles le había tirado dentro de una mochila. Apenas llegara a la costa tenía que envolverlo. No quería que nadie lo viera llegar. Al dar pie sacó el saco de yute. Metió el objeto cilíndrico dentro del saco y lo encestó en la mochila. Comprobó que la táctica de Febles iba a dar resultado. Que sí cabía el objeto en el saco de yute. Que la mochila camuflaba  el interior, el regalo del mar. Entonces respiró feliz. Pero caviló que aún no tenía seguro ese antiquísimo objeto. Tendría que andar por la calle; esperaría que su ropa se secara; abordaría un ómnibus público y luego llegaría a casa. Solo  hasta allí, hasta su casa, estaría seguro.
Jamás imaginó que un huracán le iba a evitar comprar equipos de inmersión para buscar lo que había encontrado, asido entre arrecifes.