AL NORTE DEL YUCÓN.
Eduardo Nabal
Pieza teatral basada en un relato original de David Lorenzo Magariño.
(El "chamizo" o local donde ensaya un grupo musical juvenil. A la izquierda los instrumentos, sin sus dueños, sobre una tarima, en semipenumbra. Un cartel o una tela negra encima de "la orquesta", en letras blancas, dónde puede leerse "Sin ley" y verse dibujada la imagen de un chico joven tocando la guitarra en posición viril y agresiva. Estos elementos enriquecerían el monólogo pero no son imprescindibles. Si es imprescindible, no obstante, la presencia de un sillón raído a la derecha, sobre el que cae toda la luz, donde se encuentra Vanesa, que está acabando de vestirse. En un extremo del sillón un casco de moto negro, con pegatinas, sin dueño, pero en de aspecto pulcro y recién comprado. En el otro, su bolso, un bolso pequeño y con lentejuelas. Ella, sola en el escenario, se levanta del sillón pesadamente, se atusa un poco el pelo, se ata la blusa y la falda, se ajusta en cinturón. Está cansada y se la ve algo abatida, pero comienza a hablar, alternativamente al público o al casco – sobre todo cuando dialoga, figuradamente, con Jorge, su chico. También puede, en determinadas partes del monólogo pasearse por la orquesta, compuesta por una batería, una guitarra eléctrica, dos baffles y un sintetizador, acariciar o abrirse paso entre los instrumentos -particularmente la guitarra-, pero sin perder de vista ni alejarse mucho ni del sillón y ni del bolso, ni del casco. En la parte final del monólogo se acercará más al público).
VANESA: Ya teníamos que vestirnos, porque Ramón y sus amigos llegarían enseguida y no era plan que nos encontran desnudos, o así, a medio vestir, con la ropa desencajada y un preservativo con un nudo del que teníamos que deshacernos. Yo me ofrecí a guardarlo en el bolso
(lo señala), porque no era plan, no era plan pasarse de la hora y que Ramón y sus amigos nos vieran a los dos de con estas pintas. Que no somos animales en celo, Jorge, que no. (
Pausa) –
Bastante que nos han dejado el local- decías tú, celoso de tus amigos. Y
por eso tenían que saberlo todo, Ramón y sus amigos.
Porque si no no nos lo dejan.
(Pausa .Vanesa se muestra desafiante pero, progresivamente más dolida y abatida) Pues vaya, y a ellos que hostias les importa lo que hagamos, tú y yo. ¿No eras tú parte del local y de ese grupo musical, los "Sin ley"?. Que sí, que nos lo habían dejado, pero era hora de irse ya. No éramos bestias, no éramos como los osos que yo veía en los documentales de canal plus, no éramos como animales en celo, como esos osos que cazan salmones en los afluentes del Yucón; éramos seres humanos, con sentimientos humanos. Pero ¿Qué importaba ya eso? Había que vestirse, y rápido, yo tenía que guardar en preservativo amarillento en mi bolso, y salir corriendo los dos para no encontrarnos a nadie allí, porque a las ocho empezaría a haber un desfile de miradas lascivas paladeando que había una virgen menos en el mundo, y que tú me habías follado. Eso no era plan, Jorge.
(Pausa) Pero tú,
que no, que no, y dale, que
diez minutos más,
que te estoy mamando los pezones. Jorge, joder, vete a la mierda, de haberlo sabido jamás de los jamases habría hecho aquello. Y tú ¿
Qué pasa? no es para tanto. Que "yo
me había portado" y que
si había sido o no había sido un buen polvo, que
por qué me quedaba tan callada, ha sido un buen polvo ¿No? Yo ya entonces pensaba en dejarlo, sí Jorge, en cortar contigo y con los "Sin ley" cuando saliéramos zumbados de allí y tú te pusieras los calzoncillos porque yo llevaba ya una hora con las bragas subidas y tu, aquí, sentado, enseñando tu pene flácido, no se a quién, y después aún el "fruto" de la pasión bien guardado, dentro de mi bolso. Y tú, dale, que
¿Por qué me había quedado callada? Y que
si ahora resulta que no había sido un buen polvo. Yo era la primera vez que lo hacía, y me hubiera gustado sentir del todo, no sólo a medias, y quedarnos un rato abrazados, sólo un ratito, en tus brazos, un pedacito de ternura, sentirme menos sola. (
Pausa; se muestra indecisa, confesional) Pero no te lo podía decir eso yo allí, no podía, como iba a poder, con Ramón y sus amigos asediando ya el local, no se les oía pero yo les sentía llegar como a perros guardianes. No era plan
, no era plan, y todo empezó en la motocicleta cuando paramos en la gasolinera a comprar los condones.
¿No habías tenido toda la semana para hacerlo?
(Enfadada) Joder, no, no podías haberlo hecho antes y ahorrarme la mirada cómplice, febril, insana que te echó el tío de la gasolinera al pasar el código de barras por el lector láser del paquete de cigarrillos y la caja de condones. Yo entonces, ya había empezado a sentir un crujido en las tripas, como una advertencia maligna, como un signo de decepción en la mirada del tío de la gasolinera.
(Se toca el vientre con suavidad, un instante, y retira la mano) Se me habían pasado ya las ganas cuando estábamos aquí y me gritaste:
¡Bájate las bragas! Aunque luego me dieras un beso para arreglarlo.
¡Quítatelas, quítatelas!.