"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca", Jorge Luis Borges


6 de abril de 2013

Degustaciones, de Eduardo Fernández Fernández


DEGUSTACIONES

Me gusta entregar justo cada noche,
cuando el cansancio exige del amor,
la magia de mis dedos 
en tus negros cabellos,
hambrientos de caricias,
sedientos de besos
y que juveniles eclosionan
desde tu nuca titilante.

Me gusta que me llames 
desde el sur de los sures
y me pidas lo innombrable,
que flexiones tus rodillas,
que se turja la espuela
dentro de su nido de ovas,
como un cubil de hormonas.
Hacer real todo ese imaginario 
que guardaste
en arcón con llave:
lo más luminoso 
de humana definición.

Me gusta tu asertividad
sin tabúes ni teorías. 
Los pactos de silencio.
El eco de tus axilas. 
Y esa espalda cuajada de gemidos,
cuando estamos en unión:
puente sin artificios,
vascularidad que mueve
rostros ensimismados
hasta las piernas como lianas.

Me gusta el sabor de tu precipicio
que es como abismo total:
tan dulce para mi lengua 
ansiosa de tu miel,
donde suelo depositar ardor
cual noria perpetua.


© Eduardo Vladímir Fernández Fernández
12 de julio de 2012

Hola, que tal, mi nombre es América, de Robert Moreno

HOLA QUE TAL MI NOMBRE ES AMÉRICA
Dos pedazos de Europa
uno más viejo que el otro
como dos pedazos de luna
deciden separarse, y dejar su amor profano.
De una relación larga de gays…
América el hijo adoptado
se queda con Europa, el más joven.
Así el niño queda llorando, pues no tiene ahora a sus dos padres.
Lágrimas de leche recorren en el pecho del infante
testigo resquebrajamiento de un amor humano.
Llora en el bosque los liliputienses
ya no moran por estos valles encantados.
La tecnología es hurtada
por manos de Europa la vieja.
La otra mitad más joven se lamenta.
¡Todo el tiempo perdido!…
¡Todo el tiempo dado!…
Un suspiro de macho
es roció de piedra.
La nobleza se vuelve rio…
Todos pagaran por beberla.
De las escaleras soberbias…
Hoy, la gran mayoría rueda en ellas.
Aun Europa joven, cierra sus ojos en espera
sueña suspirar, como abrazar su blancura.
Ellos son de una sola alma diáfana.
Ellos son abuelos de mis nietos no engendrados.
Mis manos son tan pequeñas
fácil sería, si los fundiera, si ellos fueran de queso…
¡Hola que tal!…
Mi nombre es América.

Olvido, de Tania María Cabrera Pérez

Olvido
 
 
Quiero que me saques de tu cabeza
como un día osaste
destrozar el alma,
nada aspiro de tu espectro
y prefiero que se marche
a vagar con los difuntos.
 
Quiero que tu culpa la expulses
y aceptes que de nada vale
saber que
has mentido
y que aquello que tanto dijiste
ser
no lo has respetado.
 
Quiero que mis sueños sean tranquilos
y ver los bosques
en aguas claras
por que mi alma no necesita
tu fantasma
no pertenecemos a
la misma especie,
no frecuentamos el mismo
traje,
ni llevamos la misma
esencia.

Al norte del yucón, de Eduardo Nabal Aragón

AL NORTE DEL YUCÓN.

Eduardo Nabal

Pieza teatral basada en un relato original de David Lorenzo Magariño.







 

(El "chamizo" o local donde ensaya un grupo musical juvenil. A la izquierda los instrumentos, sin sus dueños, sobre una tarima, en semipenumbra. Un cartel o una tela negra encima de "la orquesta", en letras blancas, dónde puede leerse "Sin ley" y verse dibujada la imagen de un chico joven tocando la guitarra en posición viril y agresiva. Estos elementos enriquecerían el monólogo pero no son imprescindibles. Si es imprescindible, no obstante, la presencia de un sillón raído a la derecha, sobre el que cae toda la luz, donde se encuentra Vanesa, que está acabando de vestirse. En un extremo del sillón un casco de moto negro, con pegatinas, sin dueño, pero en de aspecto pulcro y recién comprado. En el otro, su bolso, un bolso pequeño y con lentejuelas. Ella, sola en el escenario, se levanta del sillón pesadamente, se atusa un poco el pelo, se ata la blusa y la falda, se ajusta en cinturón. Está cansada y se la ve algo abatida, pero comienza a hablar, alternativamente al público o al casco – sobre todo cuando dialoga, figuradamente, con Jorge, su chico. También puede, en determinadas partes del monólogo pasearse por la orquesta, compuesta por una batería, una guitarra eléctrica, dos baffles y un sintetizador, acariciar o abrirse paso entre los instrumentos -particularmente la guitarra-, pero sin perder de vista ni alejarse mucho ni del sillón y ni del bolso, ni del casco. En la parte final del monólogo se acercará más al público).

 

VANESA: Ya teníamos que vestirnos, porque Ramón y sus amigos llegarían enseguida y no era plan que nos encontran desnudos, o así, a medio vestir, con la ropa desencajada y un preservativo con un nudo del que teníamos que deshacernos. Yo me ofrecí a guardarlo en el bolso (lo señala), porque no era plan, no era plan pasarse de la hora y que Ramón y sus amigos nos vieran a los dos de con estas pintas. Que no somos animales en celo, Jorge, que no. (Pausa)Bastante que nos han dejado el local- decías tú, celoso de tus amigos. Y por eso tenían que saberlo todo, Ramón y sus amigos. Porque si no no nos lo dejan. (Pausa .Vanesa se muestra desafiante pero, progresivamente más dolida y abatida) Pues vaya, y a ellos que hostias les importa lo que hagamos, tú y yo. ¿No eras tú parte del local y de ese grupo musical, los "Sin ley"?. Que sí, que nos lo habían dejado, pero era hora de irse ya. No éramos bestias, no éramos como los osos que yo veía en los documentales de canal plus, no éramos como animales en celo, como esos osos que cazan salmones en los afluentes del Yucón; éramos seres humanos, con sentimientos humanos. Pero ¿Qué importaba ya eso? Había que vestirse, y rápido, yo tenía que guardar en preservativo amarillento en mi bolso, y salir corriendo los dos para no encontrarnos a nadie allí, porque a las ocho empezaría a haber un desfile de miradas lascivas paladeando que había una virgen menos en el mundo, y que tú me habías follado. Eso no era plan, Jorge. (Pausa) Pero tú, que no, que no, y dale, que diez minutos más, que te estoy mamando los pezones. Jorge, joder, vete a la mierda, de haberlo sabido jamás de los jamases habría hecho aquello. Y tú ¿Qué pasa? no es para tanto. Que "yo me había portado" y que si había sido o no había sido un buen polvo, que por qué me quedaba tan callada, ha sido un buen polvo ¿No? Yo ya entonces pensaba en dejarlo, sí Jorge, en cortar contigo y con los "Sin ley" cuando saliéramos zumbados de allí y tú te pusieras los calzoncillos porque yo llevaba ya una hora con las bragas subidas y tu, aquí, sentado, enseñando tu pene flácido, no se a quién, y después aún el "fruto" de la pasión bien guardado, dentro de mi bolso. Y tú, dale, que ¿Por qué me había quedado callada? Y que si ahora resulta que no había sido un buen polvo. Yo era la primera vez que lo hacía, y me hubiera gustado sentir del todo, no sólo a medias, y quedarnos un rato abrazados, sólo un ratito, en tus brazos, un pedacito de ternura, sentirme menos sola. (Pausa; se muestra indecisa, confesional) Pero no te lo podía decir eso yo allí, no podía, como iba a poder, con Ramón y sus amigos asediando ya el local, no se les oía pero yo les sentía llegar como a perros guardianes. No era plan, no era plan, y todo empezó en la motocicleta cuando paramos en la gasolinera a comprar los condones. ¿No habías tenido toda la semana para hacerlo? (Enfadada) Joder, no, no podías haberlo hecho antes y ahorrarme la mirada cómplice, febril, insana que te echó el tío de la gasolinera al pasar el código de barras por el lector láser del paquete de cigarrillos y la caja de condones. Yo entonces, ya había empezado a sentir un crujido en las tripas, como una advertencia maligna, como un signo de decepción en la mirada del tío de la gasolinera. (Se toca el vientre con suavidad, un instante, y retira la mano) Se me habían pasado ya las ganas cuando estábamos aquí y me gritaste: ¡Bájate las bragas! Aunque luego me dieras un beso para arreglarlo. ¡Quítatelas, quítatelas!.

3 de abril de 2013

Quién está cuerdo, de Francisco Muñoz Soler

QUIÉN ESTÁ CUERDO
(tomado de la antología poética, La incierta superficie)



¿Quién está cuerdo en este mundo de locos?

yo, ustedes, es algo que me gustaría saber

descubrir quiénes son cuerdos

los sanos, los hijos de la sonrosada tez.

Estamos en un mundo gobernado por reglas

costumbres e intereses imperturbables

generadores de tabúes en serie

emblema declarado de la cordura sana.

Todo se ha de hacer como más convenga

a la sociedad dentro del orden establecido

por la bendecida tradición oficial.

Anoche soñé que un loco recogía un clavel

en un cruento campo de batalla ¡entre bombas!

en un campo lleno de muerto, de alienados héroes.

Casi un mes en la tres del Divino Valles, de Eduardo Nabal Aragón

CASI UN MES EN LA TRES DEL DIVINO VALLES




 

 

No veo el sentido de la privacidad.

O, mejor dicho, no veo que sentido tiene dejar la memoria

en manos y bocas ajenas

Harold Brodkey ("Esta salvaje oscuridad")





¿Adónde va el dolor cuando se marcha?


Audre Lorde ("Sister, Outsider")



 

Una mañana agitada, me he peleado con mucha gente a la que quiero, he dormido mal y me siento sólo, acudo no sé bien por qué a psiquiatría- Urgencias del General Yagüe, Hospital burgalés, casi el único, masificado, vivo cerca. Esta en mi ruta de vuelta a comer. Está en mi ruta de bares solitarios. Espero poco tiempo, cosa rara. Dudo si debo pasar a la consulta... ¿Es para tanto? ¿Qué voy a decirles? ¿Quién me recibirá? Estoy triste y confuso y necesito una opinión imparcial, un desahogo... Una médica que apenas me escucha me receta un antipsicótico (descubro después), casi nada más olerme, sin conocerme, sin historial, sin datos…y toda el agua, toda la cerveza, todos los excesos y la vida disipada que he acumulado rompen el dique. Inundación en mi mente. Lo cubren todo, rompen la capa protectora de mi tejido neuronal, me han dejado mentalmente herido. Voy perdiendo movilidad y ganando fiebre.



 

 

 

 

¿Soy Dios? ¿Hay que crucificarme por ello? ¿O solo estoy en dique seco, transformándome en otra cosa, haciéndome, de pronto, adulto? Zyprexa, que raro nombre, tres veces al día. Si Dios existe puede aniquilaros con las toneladas de agua sobrante en mi cuerpo. Agua, cerveza, soledad, rabia y miedo. Beber agua es bueno, dicen. Si, pero no tanto líquido, no tan seguido, no tan compulsivamente. Mi cerebro ya no tiene protección. Mis nervios están desnudos, torcidos. No hay minerales ni rocas que me resguarden. Universal diluvio dentro y tal vez fuera de mí... Pero yo hablo de Dios y de Zyprexa-Zaratustra, de mi vida que empieza y acaba, y todos creen que es otra cosa, muy diferente al exceso de líquidos. Y lo creen de verdad. Están asustados. Es lo que llaman un brote psicótico, o eso parece. Un brote de esquizofrenia. Ambulancia. Divino. Infierno. Valles. Sirena. Pesadillas. Calma. Cama… ¿Voy al cielo o de cabeza al averno? ¿Dante o Tennessee Willliams? ¿Con una inyección bastaría para anularme? ¿Es el fin de todo o el principio de algo?



Ya estoy en la célebre planta tres del Divino Valles o Vallés -. En una cama incómoda, recostado. Una inyección. Electrodos. Una pastilla negra. Aquí no hacemos daño a nadie- dice un médico joven y rubio, que inspira cierta confianza. No como Manolito, el enfermero cabrón que juega a los marcianitos con los electrodos y me lanza sonrisas irónicas cuando estamos solo. Neuroléptico maligno, me susurra Manolito al oído, maligno él. No le gusto. Recibe a sus amigas en esa habitación basurero que llaman Camas. Le habla de mí también a su madre. Cree que seré un inútil para toda la vida y una carga para la sociedad. Le tengo miedo pero no me hace nada. Me llevan a otra habitación. Subimos en un ascensor atestado de familiares y amigos de pacientes. Cotorrean sin parar, hacen corros en los pasillos. Adiós Manolito, muérete ya, machirulo. Una doctora se rasca los rizos con un bolígrafo por el pasillo mientras juega a la ruleta rusa con los minerales de mi cerebro.

1 de abril de 2013

A mi compañera, la lluvia, de Eduardo Fernández Fernández


A MI COMPAÑERA, LA LLUVIA



Espero que un día acicales mi esqueleto

y difumines el exceso de esta atmósfera

que te pulveriza en gotas sobre la cuesta,

que hagas brotar sobre mi cama de cieno

un vergel de siemprevivas libres de abrojos.

Será tributo tintineante al paso de los años

que han resbalado como cántaros de exilio,

desde tus cabellos de plomo como lágrimas,

como las lágrimas atronadoramente silentes

que no he de arrancar del cerco de mis ojos,

como los sonidos agudos del aire bronquial

que emiten los moribundos en su hipoxia,

como los acentos nuevos ya desvanecidos

con que nos coronó el limbo de la ausencia.

En fin, como signos de soledad en multitud

que nos encandilan los muros de tinieblas.




© Eduardo Vladímir Fernández Fernández,18 de septiembre de 2012

Agradecimiento del mestizo, de Eduardo Fernández Fernández


AGRADECIMIENTO DEL MESTIZO


(Versos sencillos "costarricenses")

Quiero torcer estos versos

y que desparramen libres,

sin muro que corten ecos

ni censores infelices
.

Gusto de briosos volcanes

que regalan a esta tierra

lumbre rojiza como haces

de fundida sementera.

No espero que las riadas

de períodos lluviosos

amortajen madrugadas

y nos escurran los ojos.



En esta tierra que es puente

de los sures y los nortes

niego a veces de su gente,

de sus modos y comportes.



Debo aceptar injusticia

del talante de extranjero,

pues he tenido caricias

sin preguntar dónde vengo.



He aprendido a bien quererte

como hijo de este planeta

y hoy debo agradecerte

porque desviaste mi meta.



© Eduardo Vladímir Fernández Fernández, noviembre de 2012

Reflexión del hombre imperfecto, de Robert Moreno

REFLEXIÓN DEL HOMBRE IMPERFECTO
Soy como la roca
que pasan mil años
para recién, sentir el dolor.
Y los recuerdos ahora me dan la jaqueca del tiempo.

Reconozco...
Que mis promesas fueron fuego
y el viento guardián de tus anhelos…
Soplaba mis cenizas de carne y hueso.
¡Ahora muero!; estoy en busca de un beso
pero que susurre te perdono y te quiero.
¡No hay amor perfecto!...
Porque el mismo amor se vuelve incodigo.
Si no lloras,
si no ríes, y te lamentas. No es amor verdadero.
Pues espero, que tus cabellos abriguen mis temores y fracasos…
Aquí en mi pecho tengo tu recuerdo
brindare a lo lejos
que eres y fuiste la mujer que quiero.

Soneto contra nalgas y pezones, de Sol Lora

SONETO A CONTRA NALGAS Y PEZONES
PRIMER PREMIO COMO SONETO TRADICIONAL
CONCURSO GUCA 2012
(Revista Guca y Biblioteca Nacional de Aguero- Argentina).
SONETO A CONTRA NALGAS Y PEZONES
Por Sol Lora
¡Sale orden, en buen criollo este soneto!
Acorde en un cilindro de madera
resuena una tambora a bailadera,
¡piel de chivo, artilugio tan coqueto!
Cabrío macho, flanco de esqueleto,
del otro lado la hembra venidera;
sobre muslo con muslo, rezonguera,
¡palmeando los dos parches por completo!
Ya inicia el tarareo la canturria,
se suman una güira y la bandurria,
¡las nalgas se desbordan con salero!,
los pies a la pasión de aventurero.
Se encienden los pezones a la aurora:
¡Bailemos el merengue sin demora!