"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca", Jorge Luis Borges


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22 de septiembre de 2026

Literatura negra de autores iberoamericanos

 Dentro de la literatura negra iberoamericana, los personajes policiales e investigadores de Pedro Merino no siguen la fórmula tradicional del detective privado cínico al estilo anglosajón, ni son superpolicías con tecnología de punta. Fiel a la tradición del "neopolicial latinoamericano", los personajes de Merino —especialmente los que transitan por su aclamada tetralogía Voces de la sombra (1-4): novelas policiacas y su premiada novela Quinta de la Caridad (Operación Fula)— se definen por su profunda inmersión en la geografía social y la psicología de la calle. Las características fundamentales de sus investigadores y la fauna policial que construye se estructuran bajo los siguientes pilares:

1. Investigadores del "Período Especial" y la precariedad.

 La gran mayoría de sus tramas policiales se enmarcan en la época del Período Especial en Cuba, un contexto de severa crisis económica y grisura social. Por ello, sus policías carecen de recursos materiales, no resuelven crímenes mediante sofisticadas pruebas de laboratorio, dependen del instinto y el asfalto.  Su mayor herramienta es el conocimiento milimétrico de la picaresca urbana, el habla popular y la psicología del ciudadano común atrapado en la necesidad. Sufren las mismas carencias que el sospechoso.  El policía de Merino camina las mismas calles rotas y padece los mismos apagones que los criminales que persigue, lo que difumina la línea moral entre ambos lados de la ley.

2. La psicología frente al delito de supervivencia. 

Los personajes policiales de Merino se enfrentan a delitos nacidos de la escasez, como la tenencia ilegal de divisas (el "fula"), el mercado negro o la corrupción en los hoteles dolarizados para extranjeros. Sus personajes son psicólogos de la calle. Los oficiales de Merino operan más como sociólogos o psicólogos que como fuerzas represivas. Entienden que el "delincuente" que persiguen a menudo actúa movido por el deseo de escapar de la miseria o por ilusiones de una vida mejor. Hay dilemas éticos constantes,  Al interrogar a criminales marginales, los policías de Merino se ven obligados a confrontar sus propios valores y la dura realidad de su entorno, lo que dota a estos personajes de una gran carga de humanidad y escepticismo.

3. El contraste con el "antihéroe" tradicional . 

A diferencia de otros detectives iberoamericanos de corte marcadamente melancólico, desencantado o autodestructivo (como el célebre Mario Conde de Leonardo Padura), la fuerza policial en las historias de Merino se mueve con el ritmo ágil y vivaz de la urgencia. Están rodeados de diálogos afilados llenos de jerga habanera y modismos locales. Aunque el entorno es oscuro y opresivo, los agentes no se hunden en el estatismo existencial; son hombres y mujeres de acción directa que deben desenredar la madeja rápidamente, ya que Merino utiliza estructuras de suspense y giros finales imprevistos que exigen una resolución vertiginosa.

4. Una fauna criminal que desafía a la ley es otra vertiente. Para que un personaje policial brille, necesita antagonistas a su altura. En el universo de Merino, los policías no se enfrentan a mentes maestras del mal, sino a una fauna marginal sumamente compleja: desde dementes asesinos en serie camuflados en la cotidianidad hasta redes de estafas en el sector turístico. La interacción entre el policía y estos infractores es siempre un juego de máscaras donde el lenguaje, el engaño y las bajas pasiones determinan quién ganará la partida.

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Por otra parte, situar la obra de Pedro Merino en el mapa de la literatura cubana contemporánea, resulta fascinante analizar cómo dialoga, se distancia y complementa a dos de los gigantes de las letras de la isla: Pedro Juan Gutiérrez (referente del realismo sucio) y Leonardo Padura (maestro de la crónica policial).

La relación de Merino con ambos autores define su identidad híbrida y única dentro de la narrativa iberoamericana:

1. Con Pedro Juan Gutiérrez: la periferia y el realismo sucio. Pedro Juan Gutiérrez retrata en obras como la Trilogía sucia de La Habana una ciudad apocalíptica, dominada por el sexo visceral, la desesperación del "período especial" y la pura animalidad de la supervivencia extrema. Puntos de encuentro: Al igual que Gutiérrez, Pedro Merino sitúa sus relatos criminales en la marginalidad absoluta de La Habana y las zonas vulnerables. Sus personajes también caminan por el filo de la ilegalidad en busca de dinero rápido o pequeños tesoros cotidianos para escapar de la miseria material.La gran diferencia estilística: Mientras que Gutiérrez utiliza un lenguaje abiertamente "antiliterario", escatológico, hipererótico y crudo, Merino opta por una estilización quirúrgica. En Merino la suciedad de la calle no devora la estructura del relato; él prefiere usar una prosa nerviosa, directa y tensa, manteniendo el control geométrico del cuento clásico donde cada palabra cuenta.

2. Con Leonardo Padura: La redefinición de la literatura policial. Leonardo Padura, a través de su inolvidable detective Mario Conde, utiliza el género policial como una excusa para levantar una profunda crónica social, política y melancólica de Cuba. En las novelas de Padura, los crímenes a menudo sirven para reflexionar sobre las decepciones de una generación.Puntos de encuentro: Tanto Padura como Merino entienden que la novela negra en Iberoamérica no puede ser una copia del policial anglosajón. El crimen aquí no lo resuelve una prueba de laboratorio sofisticada, sino el entendimiento de la psicología callejera, la picaresca y la corrupción del entorno. La novela con la que Merino saltó a la fama, Quinta de la Caridad (Operación Fula), es un claro ejemplo de intriga sólidamente amarrada al contexto habanero. El enfoque de la intriga: Padura expande sus novelas de manera panorámica, nostálgica e histórica. Merino, en cambio, apuesta por el vértigo. Sus relatos policiales de Giros del deseo o Vaivenes del desencuentro son artefactos de precisión donde el suspense se condensa al máximo. Su objetivo no es la melancólica contemplación del pasado, sino la sorpresa final desgarradora en las últimas oraciones, atrapando al lector mediante el ritmo y el impacto psicológico. 

En resumen: El lugar único de Pedro Merino es cuando toma la materia prima de la marginalidad urbana que obsesiona a Gutiérrez, la procesa a través de las estructuras de intriga y dilemas éticos que caracterizan el universo criminal de Padura, pero les inyecta la economía de lenguaje y la imaginación mutante de los clásicos del cuento universal.

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Otros rasgos claves de su literatura negra.

Contexto del Periodo Especial: Sus tramas se enmarcan en la época de mayor grisura económica de la isla. Aborda delitos nacidos de la crisis como el tráfico y tenencia ilegal de dólares, la corrupción en hoteles dolarizados y los crímenes en entornos rurales desfavorecidos.

Marginalidad y Realismo Sucio: El autor utiliza una "Habana fantasiosa o irreal" pero reconocible, plagada de personajes marginados, lujuria y peligros. Todo narrado con las reglas estrictas de intensidad, tensión y economía de medios del cuento negro. Identidad Lingüística: Sus textos exigen el uso de glosarios de cubanismos. El lenguaje informal y el argot callejero actúan como un personaje más, desnudando la psicología de los bajos fondos.

Obras fundamentales del género. Quinta de la Caridad (Operación Fula): Su debut editorial con el que obtuvo el prestigioso Premio de Novela Breve Juan March Cencillo 2003 en España. El término "fula" (argot cubano para el dólar estadounidense) ya anticipa el motor delictivo de la trama. Voces de la sombra (1-4): Compilación de cuatro noveletas policiacas que diseccionan desde asesinos en serie hasta redes de corrupción hotelera. Giros del deseo: cuentos negros: Antología de relatos cortos que exploran a personajes desesperados en pos de dinero o supervivencia dentro de un mundo inhóspito. 

Relación con autores nacionales (Cuba) 

Pedro Merino forma parte de una generación de escritores cubanos que transformaron el viejo "policiaco revolucionario" (enfocado en la moral estatal) en un neopolicial iberoamericano centrado en la desilusión social.

Leonardo Padura: Es el referente natural. Al igual que Padura con su célebre detective Mario Conde, Merino utiliza el crimen no como un simple acertijo intelectual, sino como un pretexto para hacer la radiografía sociológica de una Cuba asfixiada por la crisis económica y moral de los años 90. 

Proyectos subterráneos y alternativos: Al inicio de su carrera (1995-2002), Merino integró el Proyecto Cultural Banco de Ideas Z en La Habana. Esta iniciativa promovía literatura en formatos digitales y papel reciclado junto a otros autores noveles nacionales que buscaban vías alternativas de difusión frente a los canales oficiales de la isla.

Vínculo con la literatura iberoamericana. 

La literatura de Merino dialoga de forma fluida con las corrientes del realismo sucio y la novela negra latinoamericana contemporánea: 

El Neopolicial Latinoamericano: Comparte la visión de autores como Paco Ignacio Taibo II (México) o Mempo Giardinelli (Argentina), donde el detective o el criminal no operan en un sistema de justicia limpio, sino en un entorno donde las instituciones están corrompidas, la pobreza empuja al límite y las fronteras entre el bien y el mal están completamente difuminadas.

Universalidad del submundo urbano: Aunque arraigada en el argot cubano, la atmósfera de desesperanza económica y personajes buscando "tesoros rápidos" para escapar de la miseria hermana sus relatos con la sintonía urbana de escritores de la marginalidad en el continente, como el colombiano Fernando Vallejo o el chileno Pedro Lemebel.

La perspectiva de la diáspora: Al residir posteriormente en Tampa, Estados Unidos, Merino se suma a la nutrida tradición de autores iberoamericanos que escriben sobre sus países de origen desde la distancia geográfica, aportando una mirada nostálgica pero profundamente crítica a la literatura de su tierra nativa.

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Otro punto de encuentro

Los personajes de Pedro Merino comparten esa misma esencia de autenticidad que define a las grandes figuras del neopolicial iberoamericano, como el famoso [Mario Conde], tambien inspector Heredia del chileno [Ramón Díaz Eterovic], o los detectives de la literatura negra rioplatense y mexicana. 
Su autenticidad radica en que no imitan los clichés del cine de Hollywood; están moldeados por los mismos elementos que hacen valiosa a la gran narrativa criminal de nuestra región:

Identidad e imperfección humana: Al igual que [Mario Conde] —quien sufre por la escasez, la nostalgia y sus propias contradicciones—, el Capitán Veitía y su ayudante Rodríguez (personajes de Merino) se sienten reales porque están llenos de imperfecciones. No son héroes infalibles ni agentes con tecnología de punta; son trabajadores que sufren los mismos apagones, la misma falta de transporte y las mismas carencias materiales que la gente a la que investigan en pleno Período Especial. 

 La radiografía social como prioridad: En el policial iberoamericano, resolver el crimen es secundario; lo verdaderamente importante es mostrar cómo vive la sociedad. Mientras Padura usa sus casos para retratar la decadencia de las utopías, Pedro Merino utiliza los ojos de Veitía para recorrer el mercado negro de divisas (Quinta de la Caridad), la corrupción en el turismo dolarizado o los ritos afrocubanos marginales en la periferia habanera (El País de la Ciguaraya).

 El rescate de la lengua viva: Un rasgo que comparte directamente con escritores como [Paco Ignacio Taibo II] en México o el propio Padura es el oído absoluto para el habla popular. Los sospechosos, delincuentes y testigos que desfilan ante Veitía y Rodríguez se expresan con un "estilo ágil y vivaz, punteado de cubanismos sabrosos y toques fonéticos callejeros". El lenguaje mismo se vuelve un personaje folclórico. 

Al carecer de laboratorios forenses avanzados, la investigación de Veitía depende del ingenio, la astucia, la psicología callejera y de "caminar la acera". Eso es precisamente lo que vuelve entrañables a sus personajes y los coloca en la misma sintonía de la gran literatura negra de la región. Así envuelven a los lectores los personajes literarios de Pedro Merino. 

30 de enero de 2018

En el cuadragésimo primer aniversario de la muerte de Anaïs Nin

Anaïs Nin escribió narraciones eróticas para la publicación estadounidense Delta of Venus

Por Leonardo Venta

“Me niego a vivir en el mundo ordinario como una mujer ordinaria. A establecer relaciones ordinarias. Necesito el éxtasis. Soy una neurótica, en el sentido de que vivo en mi mundo. No me adaptaré a el mundo. Me adapto a mí misma” .
Anaïs Nin


            Si bien nació un 21 de febrero de 1903 en Neuilly-sur-Seine, ciudad que limita con el París que se abluciona en el Sena, y falleció de cáncer en Los Ángeles, cobijo de las celebridades, el 14 de enero de 1977, Anaïs Nin es tan cubana como francesa y universal.
            Vivió los primeros años de su infancia en la isla con forma de caimán. Sus padres fueron la cantante cubana Rosa Culmell, de origen francés y danés, y el compositor y pianista cubano Joaquín Nin y Castellano, de ascendencia catalana, aunque éste las abandonó cuando Anaïs iniciaba su pubertad.
            El bisabuelo paterno de Anaïs, Joaquín Nin y Güell, integraba la familia que ejerció el mecenazgo sobre el artista y arquitecto Antoni Gaudí. Su abuelo materno, Thorvald Cullmell, era danés, asentado en Cuba, casado con la francesa Anaïs Vaurigard, con quien tuvo ocho hijas. Rosa Cullmell era la mayor. Ella tenía 30 años cuando se casó, en 1902, con Joaquín Nin.
            Pionera de la liberación de la mujer, es la primera fémina de renombre en el mundo occidental que escribe relatos eróticos. Publica en Estados Unidos las compilaciones de narraciones de este género en Delta de Venus y Pajaritos, en los años setenta, aunque las escribió mucho antes, en la década de 1940, para un coleccionista anónimo por muy poco dinero, movida aparentemente por mera necesidad de peculio. “[…] como tengo un carácter muy parecido al de George Sand, que escribía toda la noche para poder cuidar a sus hijos, tuve que encontrar un trabajo. Me transformé entonces en lo que podría llamar la "Madama" de una poco común casa de prostitución literaria”, confesaba con desenfado.
            Así citamos, con más ánimo de mostrar el refinamiento de su lúbrico estilo que el de ruborizar al lector, un fragmento de uno de los relatos que aparecen en Delta de Venus: "Se acordó de Martínez, de su manera de abrirle el sexo como si fuera un capullo, de cómo los aleteos de su rápida lengua cubrían la distancia que mediaba entre el vello púbico y las nalgas, terminando en el hoyuelo al final de la espalda”.
            Es célebre, asimismo, por haber mantenido relaciones incestuosas con su padre, tras reencontrarse con él en París, después de 20 años de separación; se rumora que ese ejercicio transgresor respondió al consejo del doctor Otto Rank, su psiquiatra y amante, para seducir a su padre y luego rechazarlo como castigo por haberla abandonado siendo niña. Al mismo tiempo, ha sido tarea de sus biógrafos investigar el triángulo amoroso que estableció con el también escritor Henry Miller (cuyo Trópico de Cáncer prologó en 1934) y su esposa June Mansfield, antigua quastuosa: “menage a trois” del que se desabotona su iniciación en el voyeurismo y el lesbianismo.
             Sin subestimar sus novelas, Bajo la campana de cristalHijos del albatrosUna espía en la casa del amor, entre otras, lo que la hizo famosa, aparte de su deslumbrante audacia y sensual belleza, es su Diario, volúmenes del 1 al 7, cuyos manuscritos originales comenzó a escribir a los 11 años y alcanzan la cifra de 35 mil páginas. En la Universidad de California (UCLA) se encuentran los originales de su Diario, confidente catártico y compañero fiel de toda su existencia. Lo escribió ininterrumpidamente entre 1914 y 1977.  "En el diario soy natural; en la novela, artificial", confesaba Anaïs.
            El 20 de mayo de 1915, anotaba en su recién estrenado consuetudinario relato íntimo: "Soy Ángeles Anaïs Juana Antolina Rosa Edelmira Nin y Cullmell. Tengo 12 años y estoy bastante alta para mi edad; todo el mundo lo dice. Soy delgada, tengo los pies grandes y las manos también, con los dedos largos, que suelo crispar por nerviosismo. Tengo la cara muy pálida, unos grandes ojos castaños, perdidos, y temo que revelen mis insensatos pensamientos".
            Quien desee descubrirla a través del celuloide, puede catarla a través del filme "Henry y June", de Philip Kaufman (1990). Además, La casa del incesto, una morada en prosa poética con mil habitaciones bajo un colorido mar sahumado de placer venéreo, fue adaptada al teatro por Georgina Tábora. En 2001, la habanera Daína Chaviano le brinda nuevo aliento en su excelente novela Gata encerrada. En 2009, Wendy Guerra, otra natural de la capital cubana, se embebe del pasado antillano de la escritora para revisar algunos capítulos de su vida en su libro Anaís Nin: Posar desnuda en la Habana.
             Al final de tantos desesperados intentos por desperezarla, Anaïs, ceñida de La Habana –nodriza-madre, “tierra de la belleza”, “castillo encantando”–, ya se ha imbuido entre nosotros, clandestinamente erótica, conjetura de Venus, hálito de libertad entre la belleza, el arte y el ansia de conocimiento de sí misma.