"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca", Jorge Luis Borges


6 de octubre de 2026

Dos retos literarios entre dos ecuatorianas

 "Mandíbula" (2018) de Mónica Ojeda y "Pelea de gallos" (2018) de María Fernanda Ampuero son las obras idóneas para contrastar cómo estas dos autoras ecuatorianas abordan el horror, el cuerpo y las violencias estructurales desde metodologías literarias opuestas.

En la novela "Mandíbula", Ojeda despliega una técnica narrativa polifónica y fragmentada para contar el secuestro de una adolescente a manos de su profesora de literatura. El lenguaje de la obra es denso, poético y cargado de referencias filosóficas y psicoanalíticas, explorando el miedo no como un susto, sino como un estado estético y místico. La denuncia social de Ojeda aquí se adentra en el micro-universo de los colegios católicos femeninos de élite, desmantelando la idea de la pureza adolescente para mostrar cómo la opresión religiosa y las expectativas de clase incuban una violencia soterrada, obsesiva y sumamente destructiva entre las propias mujeres.

Por su parte, el libro de cuentos "Pelea de gallos" de Ampuero opera mediante una técnica basada en el impacto inmediato de la brevedad y el despojo. Cada relato funciona como un golpe seco que sitúa al lector en el núcleo de hogares disfuncionales y violentos. El lenguaje de Ampuero es crudo, directo y profundamente visceral, prescindiendo de metáforas abstractas para describir el abuso sexual, el incesto y el machismo cotidiano. Su mensaje y denuncia social no buscan el misticismo ni el debate filosófico, sino poner al descubierto la putrefacción de los lazos familiares tradicionales en América Latina, señalando de forma implacable cómo el hogar común suele ser el lugar más peligroso para los niños y las mujeres. 

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