"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca", Jorge Luis Borges


7 de octubre de 2026

Mónica Ojeda VS María Fernanda Ampuero: paralelos literarios

La  literatura ecuatoriana del siglo XXI vive una de sus épocas más brillantes y disruptivas gracias a una generación de escritoras que han redefinido el panorama latinoamericano actual. Dos de sus figuras más internacionales y galardonadas son Mónica Ojeda y María Fernanda Ampuero, ambas nacidas en Guayaquil. Aunque ambas autoras utilizan el género del terror y lo grotesco como herramienta fundamental, sus propuestas estéticas, el manejo del lenguaje y sus enfoques técnicos construyen dos universos narrativos marcadamente singulares.

El uso del lenguaje

El lenguaje de Mónica Ojeda posee una altísima carga lírica y musical que delata su trasfondo como poeta. Su prosa es barroca, hipnótica y expansiva; Ojeda utiliza palabras densas y perturbadoras para desestabilizar al lector mediante una belleza lírica que contrasta con la brutalidad de lo que narra. Por el contrario, la escritura de María Fernanda Ampuero está directamente influenciada por su larga trayectoria en el periodismo crónico y de investigación. El lenguaje de Ampuero es visceral, afilado y devastadoramente directo. Su prosa no busca el adorno ni el misticismo; opera mediante frases cortas, contundentes y desprovistas de artificio, golpeando al lector con la crudeza inmediata de la realidad.

Técnicas narrativas

En el plano de la técnica, Ojeda subvierte las estructuras lineales y se decanta por novelas o cuentos de atmósfera densa, donde las tramas a menudo recurren a la polifonía y a múltiples narradores para explorar la psique de sus personajes. Es la creadora y máxima exponente del llamado "Gótico Andino", una corriente técnica y estética donde introduce mitos ancestrales, la geografía mística de los Andes, volcanes y rituales chamánicos dentro de estructuras de horror psicológico contemporáneo. Ampuero, en cambio, domina con maestría la técnica del cuento breve y de ritmo claustrofóbico. Su genialidad radica en el manejo del "terror doméstico": sitúa la acción dentro de espacios cotidianos (las cuatro paredes de una casa común) y utiliza con frecuencia las voces de personajes vulnerables, invisibilizados o corrompidos —como niños, empleadas domésticas o esposas atrapadas— para desmantelar la ilusión de normalidad del hogar.

Mensaje y denuncia social

La denuncia social es el núcleo ardiente en la obra de ambas escritoras, pero sus focos de atención varían en escala. El mensaje de Ojeda explora los tabúes más oscuros de la sociedad, tales como el incesto, las pasiones violentas en la adolescencia femenina, el aborto y la delgada línea entre lo sagrado y lo monstruoso. Su denuncia se enfoca en cómo las estructuras patriarcales y las expectativas sociales violentan y distorsionan el cuerpo femenino, convirtiéndolo en un territorio de horror y supervivencia. El mensaje de Ampuero, plasmado en obras fundamentales como "Pelea de gallos" y "Sacrificios humanos", apunta de manera directa y feroz contra las violencias estructurales de América Latina: el machismo recalcitrante, el abuso sexual intrafamiliar, el clasismo, la xenofobia y la desensibilización social ante los feminicidios. Para Ampuero, el verdadero monstruo no pertenece a la mitología ni a lo fantástico, sino que es el hombre común protegido por un sistema social cómplice. 

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