"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca", Jorge Luis Borges


22 de noviembre de 2018

Cuerpo de espiritu (novela de realismo magico, ciencia ficcion, e historica)


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CUERPO DE ESPIRITU, fragmentos. Novela disponible en inglés.

Gary tosió un poco. Había tragado un poco de agua. Volvió a coger el objeto. Le resbalaba entre sus manos.  Pudo asirlo por una parte que se había dejado coger como si fuera un pez ciguato o borracho. Por un instante creyó que el objeto cobraba vida o tenía algo similar a baterías en su interior que lo hacía moverse. Al rato lo perdía. Se le perdía a través del roce con las yemas de los dedos. Febles no podía creer que pudiera ser un pez extinguido o una nueva especie aún por descubrir. Juró que jamás había visto algo así, atrapado entre arrecifes y luego emerger y moverse por las ondas del mar y las suyas, sí, y las suyas.
Se mueve, ¿se mueve?
No, tío. Es la corriente marina.
Gary se reía como un muchacho que había encontrado un juguete extraviado. Solo que ahora tenía que hacerlo suyo. De su propiedad.
Claro que sí, repetía, es mío, mío. Lo encontré yo.
Para que sea tuyo, expresó Febles, tienes que nadar hasta aquella orilla.
Dónde... ¿allá?
Febles le señaló un punto de la costa por donde podía acceder a un trillo. Desde el bote tenía una mejor ubicación del itinerario. Le pidió calma a su sobrino. Que no lo abandonaría, pero que no podía subir el objeto a bordo.
Al cabo de unos instantes, Gary se dio cuenta que el objeto reposaba sin preocupación como él. Se había dejado domesticar como una mascota. Solo faltaba que hablara o emitiera un gemido.
Comenzó a nadar como un profesional, con estilo libre, a la vez que empujaba con su cabeza el objeto. Febles lo siguió mientras pudo. Por detrás del bote Gary nadaba en dirección a una parte de la costa donde no se divisaba a ningún bañista.
Febles desistió. Ya no podía cubrirlo más. Pensó que era copartícipe de un robo. De algo que tenía que devolver. Recordó las veces cuando su sobrino le hablaba de la fragata española Navegador. También dudó que ese raro objeto perteneciera a ese barco español. Volvió a pensar en  tantas cosas que le dio unos dolores de cabeza. Creyó que todo le daba vueltas: el bote, los guardacostas, su privilegiada licencia de pescador, los bañistas, un buzo furtivo que vio rondar próximo al bote y muy cerca de Boca Chipiona, su sobrino, y otra vez el mentado objeto que no sabía su estructura, pero que ´podía ser un baúl de media braza, sí, debe medir media braza´. 
¡Recuerda envolverlo bien!, le gritó a Gary.
Casi no lo escuchó. Seguía nadando a estilo libre mientras empujaba el objeto con su cabeza. Supuso que debía envolver el regalo del mar en un saco de yute que Febles le había tirado dentro de una mochila. Apenas llegara a la costa tenía que envolverlo. No quería que nadie lo viera llegar. Al dar pie sacó el saco de yute. Metió el objeto cilíndrico dentro del saco y lo encestó en la mochila. Comprobó que la táctica de Febles iba a dar resultado. Que sí cabía el objeto en el saco de yute. Que la mochila camuflaba  el interior, el regalo del mar. Entonces respiró feliz. Pero caviló que aún no tenía seguro ese antiquísimo objeto. Tendría que andar por la calle; esperaría que su ropa se secara; abordaría un ómnibus público y luego llegaría a casa. Solo  hasta allí, hasta su casa, estaría seguro.
Jamás imaginó que un huracán le iba a evitar comprar equipos de inmersión para buscar lo que había encontrado, asido entre arrecifes.

Aliento del viento atento (novela fantasia juvenil)

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ALIENTO DEL VIENTO ATENTO, fragmentos. Novela disponible en inglés.

A medida que se agrandaban aquellas bolas de aguas, se reventaban y la imagen  de otros seres también se desaparecía, pero convertida en otra existencia. Varios miembros de la tribu de los Magcaguas que aseguraron ver dichas bolas en tiempos inmemorables, no eran más que anécdotas, cuyo comienzo estaba escrito en la espalda de varias ancianas. La escritura era imborrable. Solo se perdía el hilo informativo en caso de que ese miembro tribal soportara una quemadura o alguna lesión que le raspara o desprendiera la piel. Astutamente, esa  información se diseminaba en jóvenes de ambos sexos para que la leyenda sobreviviera hasta el día actual.
”Habían llegado desde lo ALTO __decía parte de la leyenda__ para posarse en la superficie”. Mucho antes de topar la tierra o el suelo, esas bolas de aguas flotaban y flotaban más allá y más allá __afirmaban los ancestros que venían “ desde el otro lado”__. Tenían reflejos multicolores. Algunas ancianas expresaban que podían ser contaminaciones de la muerte hacia la vida.
Algunos bólidos o bolas de aguas se habían separado. Parecían formar una afinidad mediante grupos de tres, siete y hasta diez y quince bolas.
Un grupo de tres se distanció  más que los demás. Fueron deslizándose por entre montañas. Aquel grupo escogió la montaña más grande. Encima de cada bola había una mínima cantidad de nieve. Parecía haber raspado la cresta de unas montañas a través de su paso. La nieve se  fue derritiendo al sentir el calor de la superficie del suelo.
El tamaño de los tres bólidos se fue reduciendo. Cada bólido reflejaba lo que existía a su alrededor: follaje, animales y seres magcaguanos como testigos oculares del acontecimiento.
Evidentemente, los tres bólidos no tenían la misma masa corporal. Tampoco la misma fuerza al rodar encima de unas copas de los árboles, de arbustos, de plantas más débiles e insectos sobrevivientes de aquel encontronazo.
Habían descendido tan abruptamente que el reflejo le anunciaba a cada cual de un peligro cercano: una laguna o río.
Por lo visto, evitaron contacto con la laguna. No les era conveniente acercarse a aquel depósito acuoso.  Quizá porque  se les asemejaba físicamente. Tal vez porque no querían rivalidades, no solo ese grupo de tres bolas sino los demás grupos de cinco, siete, de diez y quince bolas que rotaban y se trasladaban de un lugar a otro. A su paso quedaba una resequedad, en vez de humedad.
Apenas avistaron el lago, se desviaron unos metros. Comprobaban que el itinerario no les afectaría. Ya no caerían en la laguna. Aquel mar de aguas, como a ellos  no les llamaba la atención confrontarle, se desviaban. Para siempre habían grabado en su intrínseco razonamiento aquella porción acuosa como su enemiga.
Se dieron cuenta que unos niños magcaguanos les espiaban.  Para los pequeños magcaguanos eran seres de otro confín que los buscaban para jugar.
Las tres bolas se detuvieron ante los pequeñines. Un adulto magcaguano había avistado el suceso. Se dispuso a avisar a la  tribu. A ratos viraba el cuello y no quería admitir lo que veía: niños que trepaban encima de esas bolas de aguas y se deslizaban por toda su masa corporal. Cada bola reflejaba su presencia aún más grande de lo normal. Exageraban los rasgos físicos de los pequeñines. Les adelantaba la edad.

Tayno cubao (novela historica)


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TAYNO CUBAO, fragmentos. Novela histórica disponible en español.


La expedición “pacífica”, en vez de conquistadora, se sentía confiada mientras andaba por aquellos parajes del Nuevo Mundo.
La vegetación a veces se le parecía o la confundían con algunas regiones de las Españas. A uno de los soldados  le había llamado la atención una de las plantas que sin querer estaba pisando.
¡Madre mía, exclamó Campo, esta planta se parece a la verdolaga!
¿Verdolaga?, se interrogó García.
En Castilla crece una como esa… ¿no lo crees?
Esta tiene los tallos marrones como la has visto allá.
¿Eres de Valladolid, García?
Pues sí, Campo, y la extraño como a una jodida florecilla marchita.
Se fijaron en la verdolaga o manibari, en sus florecillas que irradiaban primavera. García sentía deseos de regresar. De volver a respirar el aire de Castilla, en Valladolid. Caminaron encima del bacbey, un vegetal de los taínos. Observaron las hojas de bijao muy parecidas a las matas de plátano con que los aborígenes cubrían sus bateyes, sus techos; solo que estos no producían frutos. Un sinnúmero de plantas les atraían: el cojibi, la curia,  el donguey o planta trepadora, la guanina, el bejuco guaniquí, la guáyiga, la güira y el güiro,  el henequén o planta textil,  el macaguaro, la majibacoa, el tibisí, el saragüey, y hasta una variedad de palmera llamada yarey.
¿Qué te llamó la atención embarcarte en una carabela hasta acá?
Una mala cosecha, García. Era campesino.
¿Me hablas en serio, Campo?
Pues sí, claro… ¿o me ves cara de bufón? Miró de reojo a García: ¿Y qué hacías en Valladolid?
Quedé libre y a merced de… No me juzgaron, y decidí borrar el pasado acá.
Campo comprendió que la aventura tampoco era un engaño. Que todos sabían que no perderían lo que no era recuperable.
Este lugar es bello, expresó Campo, pero esconde secretos, más secretos que… lo que gozad de un tesoro.
¿Por qué dices eso?, inquirió García.
A otros soldados les había llamado la atención otra planta de hojas verdes, profundamente verdes, de florecillas amarillas con pétalos caedizos.
Con esos…se preparan buenos guisos, le dijo Armenteros a Mendoza.
Oh, sí, la buena sopa con carnes.
Se habían agachado con suma prestancia. Arrancaban unas ramitas con mal genio. Las partían sin  piedad. Los tallos eran verdes, con secciones amoratadas, que daban una consistencia de plantas rastreras.
Otro soldado se detuvo, de momento. Pateó unas ramitas de una planta que se asemejaba al bledo.
¿Esto se parece al bledo?, repetía, con dudas, Zubizarreta. No sé qué diablos…
A ver, se entremetió Campo, pues sí. Se parece al bledo.
¿Es bledo? ¿Así que es un bledo?, se hacía el desentendido el soldado Armenteros. Pues… ¡me importa un bledo, jodida!

El sabor del paraiso (novela historica)



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EL SABOR DEL PARAISO, fragmentos. Novela histórica disponible en inglés.

Un día de 1916, la madre, después de intentos le confió un plan para que su hijo viajara a Cuba.
— ¿A Cuba?
—Sí, Milton. Debes viajar cuanto antes. Ya el azúcar de remolacha está escaseando en el mercado. Su precio sube como la espuma y es muy importante que tomes cartas en el asunto. Te recuerdo que necesitamos dinero  para la obra de Dios. Por EL tú tienes un gran negocio. ¿Te acuerdas que me juraste, debido a la ausencia de tu padre y de tu hermanita, que ibas a ayudar a los  niños huérfanos y que donarías a nuestro Ministerio?
Sentado en una silla, su vista pendía hacía una ventana, y la alternaba con la silueta de Fanny:
—Oh, sí, mima. Dile a  Murrie que venga otra vez. Vamos a hablar de negocios.
— ¡Eso es… sí, ese es mi hijo amado!
Minutos después se personó el administrador más importante que cuidó del pueblo de Hershey, en Pennsylvania, durante décadas.
En la quinta de High Point se respiraba otro aire de ambiciones y energías.
—No le hables del pasado —susurró Fanny al señor Murrie.
El administrador asintió y comprendió que su silencio valía más que todos sus años de trabajo para la compañía.
Milton  escuchó a descifrar lo que parlaban. Sin  embargo, con autoridad y respeto le dijo a su administrador:
—Ante todo —hizo una pausa—, quiero honrar la presencia y el recuerdo de mi ex esposa. Así que deseo colgar cuadros de Catherine Sweeney en un local que ya escogí. Luego de que esté listo el… las fotografías de nuestros viajes, la boda en la Catedral  de San Patricio en New York… —volvió a hacer  otra pausa—, quiero que reúnas a todo el personal  de la fábrica para un trabajo serio, que no es una aventura, fíjese bien, y no quiero errores. Ahora pediré lealtad a nuestra firma, a la empresa que juntos construimos, ¿entendió?
—Lo de su ex…
—Ya le daré —le interrumpió Milton— las indicaciones a la servidumbre. A usted lo llamé porque quiero que… después de mi viaje a Cuba… —hizo una pausa—, pediré que me acompañen jóvenes y experimentados obreros y profesionales “a evangelizar” esa isla.
—Qué bien, MS —expresó Murrie—, hacía mucho tiempo que no lo escuchaba así.
Murrie miró hacia Fanny, quien elevó una plegaria al techo de la quinta que bien pudiera atravesarlo y llegar, subir más allá de las nubes.
—Otra cosa: ¿por qué Cuba… hay otro país con el que podamos negociar?
—MS, Cuba es la mayor productora de azúcar de caña desde el siglo XVIII. Los españoles la descubrieron, y por eso, tal vez, fue su última colonia.
—Manos a la obra —enfatizó Milton— que para luego es tarde.
— ¿Luego? —Bromeó Murrie— ¡Arriba, espanten a las moscas para que no se ahoguen en el pantano de chocolate!

30 de abril de 2018

El Arte Corzo de "Patrizia"

Hola, lectores y escritores, les presento un ensayo sobre mi obra pictórica titulada, El Arte Corzo de "Patrizia", la cual se encuentra disponible en español e inglés en Amazon:



Usted puede acceder al link haciendo clic en el título de arriba, o en AMAZON,  para leer gratis unos fragmentos en ebook y luego la opción de tapa blanda. Muchas gracias a este blog donde confluyen autores latinoamericanos.

14 de abril de 2018

La sección estadounidense del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York

Vista panorámica del patio exterior Charles Engelhard, donde se encuentra ubicada
 la renovada sección estadounidense del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York

Por Leonardo Venta 

            El Museo Metropolitano de Arte de Nueva York (conocido como el "Met”), uno de los más grandes y visitados del mundo, fue fundado en 1870 por un grupo de destacadas figuras públicas, filántropos y creadores artísticos. Las colecciones del museo están seccionadas en 18 departamentos, responsable cada uno de ellos de la adquisición, conservación y exposición de sus propias obras.
            La sección de arte estadounidense –dentro de un perímetro de 136 mil metros cuadrados, enmarcados en el espacio de un hermoso palacio de cristal en el Parque Central–  se extiende desde el período colonial hasta nuestros días. Su renovación, por un costo de 100 millones de dólares, culminó en 2011. La primera fase, que se concentró en remozar las galerías del primer piso, había terminado en 2007.
            Inaugurado en 1980, como extensión del museo original, con muebles, artes decorativas y pinturas, el muestrario de este sector ha crecido considerablemente en número y calidad dentro de un ambiente en que visitantes y curadores coinciden en la búsqueda de elementos novedosos.
            El patio exterior Charles Engelhard –en donde la luz penetra armoniosamente a través de los cristales– cuenta con la fachada del edificio bancario estadounidense Martin E. Thompson, de corte griego y piedra caliza, así como otras salas correspondientes a diferentes períodos.
Fachada del edificio bancario estadounidense Martin E. Thompson
            El espacio actual, con 30 por ciento más de su capacidad original, está ocupado por algo más de medio centenar de monumentos de mármol, bronce, mosaicos, ventanas de vitrales y elementos arquitectónicos, muchos de los cuales están situados de forma tal que los visitantes pueden examinarlos desde un ángulo más cercano. Antes, las esculturas realizaban una función simplemente decorativa; mientras ahora se enfocan mayormente en ilustrar de forma global la trascendencia del arte estadounidense.
La escultura de bronce dorado “Diana”, del artista Augustus Saint-Gaudens, 
se erige en el centro del patio exterior Charles Engelhard
            Entre las obras exhibidas en el patio, resalta en el centro la escultura de bronce dorado “Diana”, del artista neoyorquino de origen dublinés Augustus Saint-Gaudens, apuntando hacia la entrada, colocada sobre un pedestal de mayor dimensión que el que tenía antes. También se admiran piezas de mármol del escultor romántico Daniel Chester French, que estaban previamente colocadas en el balcón del segundo piso, donde no resultaba fácil admirarlas.
Una vista de la sección estadounidense del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, que muestra tres esculturas de mármol de Daniel Chester French: "Memory" (extremo izquierdo), "Mourning Victory" (izquierda) y "The Angel of Death and the Sculptor" ( derecha)
            Además, se exhiben dos monumentales lámparas de estilo francés, de 1902, diseñadas por Richard Morris Hunt, que estuvieron guardadas por décadas y que ahora relumbran a cada lado de la entrada del museo. Asimismo, domina un puesto significativo en la exhibición un púlpito de piedra caliza tallada del escultor de origen vienés Karl Bitter, famoso para los neoyorquinos por su célebre fuente frente al Hotel Plaza. 

El púlpito y la barandilla del coro de la Iglesia de todos los Ángeles (ahora demolida), 
es una de las obras eclesiásticas más hermosas ejecutadas en Estados Unidos

Se pueden admirar, conjuntamente, las ventanas de vitral Tiffany, a cuya colección fue agregada una de 1867 de Henry Sharp, llamada “Fe y Esperanza”, de la Iglesia St. Ann de Brooklyn; así como un nuevo entresuelo de vidrio con sus balcones originales.

Henry Sharp proporcionó esta ventana, 1867-69, y muchas otras para la Iglesia Episcopal de Santa Ana en Brooklyn –de colores intensos, típicos de la época–, bajo el marco de una gran estructura de estilo neogótico construida por la firma Renwick and Sands
          Alrededor de doscientos cincuenta obras de alfarería estadounidense, hechas entre 1876 y 1956, fueron donadas al museo por Robert A. Ellison Jr., un importante coleccionista neoyorquino. Se exhiben poco más o menos mil objetos decorativos y joyas de hasta el siglo XVIII. Ajustándose a la luminosidad arquitectónica del lugar, un nuevo elevador de cristal transporta a los visitantes a las salas representativas de las diferentes épocas.
Un elemento central de la renovación del "Ala estadounidense" es un llamativo ascensor de cristal
          Después de la remodelación de 2011, los “curadores” decidieron agrupar los trabajos (3400 han sido añadidos en los últimos 30 años) cronológicamente, integrando los elementos como la plata con la cerámica para alcanzar efectos visuales más deslumbrantes. Los visitantes se enfrentan a una arquitectura que va desde la Massachusetts puritana del siglo XVII hasta un comedor de principios del siglo pasado, diseñado por el estadounidense Frank Lloyd Wright, uno de los principales maestros de la arquitectura del siglo XX. Las diferentes salas tienen pantallas sensibles al tacto, a través de las cuales los visitantes pueden informarse sobre los diferentes objetos en exhibición.

5 de marzo de 2018

Último libro del poeta argentino Carlos Barbarito



Ahora bajo el título de Radiación a fondo, el autor nos regala un poema a continuación:

myoldflorida.com

Sobrevive el pájaro…
Sobrevive el pájaro en la rama
y mi mano no lo alcanza. Después,
la noche con su temor y su abalorio
y algún cuerpo ausente en el mundo
y, dicen, presente, sin abogado, ante el tribunal celeste.
No hay respuesta al llamado de mi boca.
No hay pregunta escondida en la hierba,
sólo un enjambre que vaticina la lluvia;
¿y lo leído como catecismo,
lo escrito en piedra blanda
que el tiempo, supuestamente, endurecería?
Hora tras hora se configura la muerte.
¿A quién besar si la virtud declina,
declina el verbo tras una cortina de nube
y cuanto figura en el agrio evangelio
es apenas notas al pie, aclaraciones?


 Con prólogo de Floriano Martins y traducción al portugués de Ana María Rodríguez González, bajo el sello de la Editorial Abrace Cultura, este libro se publicará próximamente en Montevideo, Uruguay.



10 de febrero de 2018

La vigente universalidad de Doña Perfecta

"Retrato de Benito Pérez Galdós", carboncillo sobre papel del artista Ramón Casas, Museo Nacional de Arte de Cataluña (1903)



Por Leonardo Venta 

              En 1876, a los 33 años de edad, Benito Pérez Galdós escribe Doña Perfecta. La retrógrada aldea de Orbajosa, de sólo 7 mil habitantes, "pueblo enano y por eso soberbio", es donde se desarrolla la trama de esta novela en que la protagonista, una viuda hondamente religiosa, acuerda con su hermano, residente en Madrid, casar a su hija Rosario con su sobrino Pepe, al que invita a su casa.
            "¡Cómo abundan los nombres poéticos en estos sitios feos!", apunta Pepe Rey para referirse a Valleameno, Villarica, Valdeflores, parajes de  Orbajosa, lugar donde nunca ocurre nada y la devastación, la pobreza y el desamparo pululan.
            Doña Perfecta, pilar ideológico de la obra, representa a una España oscurantista; en tanto, el ingeniero Pepe Rey es prototipo del progreso, el espíritu ilustrado y tolerante. De esta manera, la pieza narrativa denuncia la maldad que subyace en la intransigencia religiosa, así como aborda la pugna entre progreso y tradición.
            No hay una significativa complejidad en los personajes. Estamos ante una novela de tesis, en que la intención del autor excede la acción de la obra; por ende, la minuciosidad psicológica pudiera antojársenos exigua, aunque discrepo sobre dicha insuficiencia. Los caracteres son mayormente rígidos, con excepción de Pepe Rey, María Remedios, sobrina del canónigo, y Rosario, la hija de doña Perfecta. Por su parte, el personaje epónimo no supera su propia neurosis, intolerancia religiosa, autoritarismo moral e hipocresía.
            Pérez Galdós se apoya en el Positivismo comtiano, que advierte en la actividad científica práctica la única vía para establecer y consolidar el poder del hombre sobre la naturaleza, estableciendo un contraste entre la España progresista y la conservadora, la urbana y la rural. Tanto en Doña Perfecta como en Marianela, nuestro maestro de la novelística manifiesta su identificación con el Positivismo a través de los personajes de Pepe Rey, ingeniero, y Teodoro Golfín, galeno.
            De estilo fluido, opuesto a los afeites románticos, esta gema realista emplea la ironía, no sólo mediante hermosos calificativos para designar desapacibles lugares, como el "Cerrillo de los Lirios" –donde sólo hay piedras y hierba descolorida–, el aspecto antitético de los nombres que distinguen a doña Perfecta, don Inocencio y Licurgo, los cuales lejos de indicar perfección, inocencia e inteligencia sugieren imperfección, malicia y torpeza, así como también mediante un duelo de fuerzas discordantes y misteriosas en el devenir de los protagonistas.
            Los contrastes entre la oscuridad y la luz, el amor y la muerte, el bien y el mal, develan al lector sagaz el odio que puede esconderse tras una máscara de perfección y piedad. Aunque la obra es anticlerical no es antirreligiosa, ya que no cuestiona los dogmas de la Iglesia sino su omnímodo perjuicio en los sectores políticos y sociales de la sociedad española de esa época. “El clero tiene todavía grandísimo poder”, afirmó el escritor canario en 1885.
            Doña Perfecta en lugar de amar odia, la imagen pública que proyecta desaviene con su verdadera forma de ser; su hija Rosario, una dulce y débil criatura, pasa de un extremo a otro: de la luminosidad a las tinieblas. La apacible relación con su autoritaria progenitora se entenebrece paulatinamente. El obstáculo –la madre– para acercarse a la persona amada –Pepe Rey– se yergue en objeto de su odio. Incluso, los cándidos orbajosenses ocultan una naturaleza codiciosa, violenta y aborrecedora. El enjuto don Cayetano, erudito y bibliófilo de la región, se refiere a sus coterráneos de la siguiente manera: "En todas las épocas de nuestra historia, los orbajosenses se han distinguido por su hidalguía, por su nobleza, por su valor, por su entendimiento (...) Pues sí, teólogos eminentes, bravos guerreros, conquistadores, santos, obispos, poetas, políticos, toda suerte de hombres esclarecidos florecieron en esta humilde tierra del ajo". Si bien, sobre la experiencia de Pepe Rey, en el Casino, con los "varones insignes", el hablante narrativo expresa: "Lo que principalmente distinguía a los orbajosenses del Casino era un sentimiento de viva hostilidad hacia todo lo que de fuera viniese. Y siempre que algún forastero de viso se presentaba en las augustas salas, creíanle venido a poner en duda la superioridad de la patria del ajo". La disposición del poder en Orbajosa teme que el capitalino sobrino de doña Perfecta pueda desplazar a sus líderes locales, si éste llegara a posesionarse de un lugar promisorio entre ellos.
            La ancestral operación de propinar golpes bajos con una fingida sonrisa, un gesto de aprobación, un estrechón de manos, una cálida frase –tan presente en Doña Perfecta– sigue ejercitándose en nuestros días, como si fuera parte de un estímulo incondicionado de nuestras más intestinas propiedades trascendentales.
          Hay quienes proyectan hostilidad hacia aquellos o aquellas –para no contrariar a las feministas– que no comparten sus arbitrios. Un observador genial, como es  Benito Pérez Galdós, realista en su esencia, refleja la pugna social entre valores e intereses discordantes y sus consecuencias; he ahí –apoyado por todo un complejo simbolismo– donde radica la vigente universalidad de esta obra.