"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca", Jorge Luis Borges


28 de septiembre de 2026

Laura Restrepo VS Santiago Gamboa: "dos saetas colombianas"

  Al comparar a Laura Restrepo y Santiago Gamboa, nos adentramos en dos de los pilares más robustos de la literatura colombiana contemporánea. Ambos pertenecen a una generación que asumió la enorme tarea de narrar una Colombia convulsa sin caer en el costumbrismo ni en la sombra estricta del realismo mágico. Sin embargo, sus trayectorias reflejan caminos estilísticos y obsesiones temáticas marcadamente diferentes. El lenguaje de ambos autores está profundamente influenciado por sus oficios paralelos, pero con resultados muy distintos. Laura Restrepo, con una sólida formación en periodismo de investigación y activismo político, acuñó lo que ella misma denomina el «estilo reporte» (crónica fiction). Su prosa es una amalgama meticulosa de datos reales y libertad poética. Restrepo prioriza la cadencia acústica, el ritmo lírico y una profunda exploración de las voces de sus personajes, destruyendo constantemente sus propias fórmulas para que cada libro tenga una identidad sonora única. 

Por el contrario, Santiago Gamboa posee un lenguaje de herencia cosmopolita y urbana, heredado de sus años como diplomático y corresponsal en el extranjero. Su prosa es ágil, afilada y directa, muy vinculada al ritmo del género negro, el thriller y la novela policiaca contemporánea. Gamboa dosifica la violencia de forma visceral pero calculada, combinándola con dosis de humor negro, ironía y juegos metaficcionales donde él mismo suele aparecer como personaje.La denuncia social adquiere en ambos un peso ético ineludible, aunque desde perspectivas espaciales diferentes. 

La crítica de Restrepo es íntima, humanista y frecuentemente centrada en los márgenes y las dinámicas del poder absoluto. Haber participado directamente en las negociaciones de paz de los años ochenta con la guerrilla del M-19 marcó su visión; sus obras desmenuzan las heridas del narcotráfico (como en Delirio), el horror del feminismo invisibilizado y los feminicidios (Los Divinos), o crisis globales como los refugiados en Canción de antiguos amantes. 

Gamboa, en cambio, ejerce la denuncia a través de la radiografía de las instituciones corruptas y el fenómeno del desarraigo. Sus novelas en el siglo XXI (como Será larga la noche o Colombian Psycho) son disecciones sicológicas de una sociedad postconflicto donde las heridas de la guerra civil se niegan a cerrar, denunciando abiertamente las alianzas entre iglesias manipuladoras, políticos, mercenarios y las élites corruptas de las grandes capitales. 

En cuanto a sus traducciones y proyección internacional, ambos gozan de un éxito global indiscutible, respaldado en gran parte por su capacidad de universalizar el dolor local. Las novelas de Laura Restrepo han sido traducidas a más de 24 idiomas y han ganado prestigiosos galardones internacionales como el Premio Alfaguara de Novela o el Premio Sor Juana Inés de la Cruz. Traductores de renombre global han llevado su polifonía al mercado anglosajón, expandiendo su impacto hasta adaptaciones en plataformas de streaming como Netflix. 

Santiago Gamboa no se queda atrás: su obra cuenta con traducciones a por lo menos 18 idiomas (incluyendo francés, italiano y alemán). Sus grandes novelas del siglo XXI han encontrado un eco masivo en el público de habla inglesa gracias a las aclamadas traducciones de Howard Curtis a través de editoriales independientes de gran prestigio como Europa Editions, posicionándolo como uno de los autores de género negro más respetados del panorama internacional. 

El legado de Restrepo radica en haber sido una de las pioneras en abrir las puertas de la literatura internacional a las escritoras latinoamericanas modernas, demostrando que las mujeres podían y debían escribir las páginas políticas e históricas más duras de sus naciones. 

Gamboa, por su parte, deja un legado indispensable como el gran cronista del desencanto contemporáneo y de la globalización, reinventando el thriller político latinoamericano y convirtiendo el viaje y la errancia en una metáfora perfecta del siglo actual. 

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"Criticar no es morder; es señalar con noble intento el lunar que desvanece la obra de la vida", José Martí.