Para contrastar la literatura sáfica en la región, la obra de la poetisa y narradora cubano-mexicana Odette Alonso encuentra un valioso punto de comparación con la escritora mexicana Rosamaría Roffiel. Roffiel hizo historia al publicar Amora en 1989, considerada la primera novela de temática lésbico-feminista en México. Aunque ambas autoras comparten la geografía mexicana como espacio de creación y el amor entre mujeres como eje central de sus letras, sus enfoques estéticos y contextos históricos muestran una clara evolución en la narrativa LGBT+ latinoamericana.
La obra de Rosamaría Roffiel posee un carácter eminentemente colectivo, político y testimonial. Escrita al calor de los movimientos civiles de los años ochenta, Amora entrelaza el romance entre mujeres con la militancia activa y la denuncia social, abordando de frente el machismo, la violencia de género y la urgencia de construir una comunidad de apoyo feminista. Para Roffiel, visibilizar el lesbianismo es un acto de resistencia colectiva frente a una estructura patriarcal opresiva, convirtiendo su literatura y poemarios como Corramos libres ahora en una herramienta de protesta y autoaceptación grupal.
Por otro lado, Odette Alonso aborda la temática desde una dimensión que cruza lo íntimo con la literatura transnacional del exilio. En títulos como su novela Espejo de tres cuerpos o su galardonado poemario Old Music Island, Alonso desmarca el homoerotismo del panfleto político o del morbo impuesto por la mirada heterosexual para centrarse en la cotidianidad afectiva, la rutina y la vida interna de sus personajes. En su literatura, la experiencia lésbica se vuelve inseparable del desarraigo, la insularidad y la constante nostalgia por la patria cubana que dejó atrás al emigrar en 1992, convirtiendo el cuerpo y el deseo en el único territorio verdaderamente propio.
La principal coincidencia entre ambas escritoras radica en su valentía compartida para romper los moldes de la heteronorma literaria y dignificar los lazos afectivos e intelectuales entre mujeres. Sin embargo, la diferencia fundamental estriba en sus propósitos estéticos: mientras Roffiel se apoya en el activismo de la segunda ola feminista para transformar el amor sáfico en una bandera de lucha social, Alonso opta por una poética del siglo XXI más plural, subjetiva y nostálgica, donde el lesbianismo no se defiende como una postura política, sino que se habita con naturalidad desde la rutina, la madurez y la memoria del exilio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
"Criticar no es morder; es señalar con noble intento el lunar que desvanece la obra de la vida", José Martí.