"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca", Jorge Luis Borges


30 de octubre de 2026

Literatura infantil y juvenil de Merino


La incursión de Pedro Merino en la literatura infantil y juvenil representa el reverso absoluto de su narrativa de adultos y demuestra una versatilidad artística asombrosa. Mientras que en sus relatos policíacos de los años noventa dominan la delincuencia, las estafas y la asfixia de la noche habanera, sus decenas de libros dirigidos a niños y jóvenes —disponibles de forma autónoma en el entorno digital— se despojan por completo de esa sordidez urbana para abrazar la fantasía pura, el juego de la infancia y los valores humanos. 

En sus colecciones de cuentos infantiles, Merino traslada su innata capacidad para enganchar al lector hacia estructuras mucho más luminosas y amables. Las tramas ya no se desarrollan en callejones oscuros o solares derruidos, sino en escenarios lúdicos e imaginativos, como guarderías o entornos cotidianos donde pequeños objetos o juguetes cobran vida. El ingenio y la astucia, que en sus cuentos de género negro eran armas letales para engañar en el mercado negro, se transforman en sus libros infantiles en herramientas de inocencia y creatividad, donde los niños resuelven misterios sencillos o superan retos cotidianos a través de la solidaridad, la imaginación y el juego limpio. 

Esta faceta infantil y juvenil acentúa drásticamente el abismo que lo separa de figuras fijas en un solo registro como Pedro Juan Gutiérrez. Mientras Gutiérrez quedó de por vida estéticamente encasillado en el "monumento carnal" del realismo sucio de Centro Habana, Merino utiliza su independencia editorial en el extranjero para dar rienda suelta a una prolífica libertad creativa que no rinde cuentas a ningún nicho de mercado. Al escribir para las nuevas generaciones con una prosa limpia, ágil y didáctica, el autor demuestra que su interés primordial nunca fue explotar el morbo de la decadencia cubana, sino honrar el acto noble y libre de contar historias para cualquier tipo de público. 

Sentido del humor.

 El sentido del humor en los cuentos infantiles de Pedro Merino funciona como un catalizador de empatía y ligereza que contrasta de manera absoluta con el cinismo y la amargura de sus relatos de adultos. Mientras que en sus ficciones de género negro el humor —cuando aparece— es negro, seco y cargado de la ironía de quien intenta no ser estafado en las calles de La Habana, en sus historias para niños la comicidad nace del absurdo sano, los malentendidos inocentes y la ternura. 

Merino utiliza el juego de palabras y las travesuras de sus pequeños personajes no para castigarlos o exponer su miseria, sino para arrancar una sonrisa cómplice al lector, construyendo un refugio donde la risa es sinónimo de aprendizaje y disfrute desinteresado. 

Por su parte, la introducción de la fantasía y el realismo mágico en sus novelas y relatos juveniles de principios del tercer milenio le permite al autor estructurar mundos donde las reglas de la lógica cotidiana se quiebran en favor del asombro. A diferencia de sus contemporáneos como Ángel Santiesteban, cuyas tramas permanecen rígidamente atadas al peso de la realidad carcelaria e histórica, Merino aprovecha su libertad como escritor independiente para poblar sus historias juveniles con objetos que hablan, portales ocultos en la cotidianidad y sucesos extraordinarios que conviven con total naturalidad en el día a día. 

Esta veta fantástica no busca evadir la realidad por completo, sino dotar a los jóvenes lectores de un lente mágico para procesar los desafíos del crecimiento, la amistad y el autodescubrimiento.

La maestría de Merino para saltar del callejón delictivo al aula escolar imaginaria consolida su singularidad en la diáspora literaria cubana. Al no estar sujeto a las demandas institucionales ni al encasillamiento temático que a menudo atrapa a los autores de su generación, Merino demuestra que la verdadera independencia de un escritor radica en la capacidad de reinventar su propia voz tantas veces como sus historias lo requieran, manteniendo viva su imaginación.

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"Criticar no es morder; es señalar con noble intento el lunar que desvanece la obra de la vida", José Martí.